El éxodo de miles de personas cruzando el Mediterráneo en barcos ruinosos, botes inseguros y balsas rudimentarias es ya una imagen común. En los dos últimos meses, grupos de migrantes comenzaron a llegar desde Turquía a través del continente, en una ruta marcada por la desesperación. Pero lo más triste de todo esto son los niños que -junto a sus padres- murieron en sus intentos de buscar una nueva vida en otros países.
En tanto, decenas de miles de sirios y gente de otros países huyen de conflictos ancestrales.
El pasado miércoles policías turcos encontraron en la costa del pueblo de Bodrum, Mugla, el cuerpo sin vida de una niña refugiada quien, junto con cuatro infantes más, se ahogaron en su travesía a Europa.
La menor forma parte de un grupo de 12 presuntos refugiados sirios que fallecieron del mismo modo cuando intentaron zarpar del suroeste de Turquía hacia la isla griega de Kos; de la tragedia, siete personas fueron rescatadas y dos llegaron a la costa con salvavidas.
Estos casos continúan conmoviendo al mundo entero, ya que los niños refugiado encuentran la muerte de la peor manera, y los más triste de este horror, es que nadie hace absolutamente nada para protegerlos de este mal, que ya se hizo casi normal en Europa.
Miles de refugiados intentan salir por la costa turca del mar Egeo para tratar de llegar a Grecia, punto de ingreso a la Unión Europea. Más de 400 personas intentan todos los días huir de sus pésimas situaciones y entre enero y septiembre, las patrullas turcas salvaron a 15 mil refugiados indocumentados en 629 operaciones en las aguas del Egeo, y detuvieron a 42 personas por tráfico ilícito de personas. Los refugiados suelen pagar entre 900 y 1.200 euros para una plaza en una lancha neumática que los lleve a una de las cercanas islas griegas, pero los naufragios son frecuentes porque a los traficantes "les da igual si se mueren o no", según informaron personas que realizaron viajes.

La mano negra

El Gobierno de EEUU está dispuesto a acoger hasta 10.000 refugiados sirios en dos años. Los inmigrantes forzados tienen que cruzar cinco países -Grecia, Macedonia, Serbia, Hungría y Austria- hasta alcanzar la anhelada Alemania.
La enorme mayoría de ellos procede de Siria, pero también hay oriundos de Irak, Eritrea o Afganistán. El flujo es incesante y estremecedor. La afluencia a las islas griegas del Mar Egeo contiguas a las costas turcas ha sido un 327% mayor que en 2014, según los datos de la policía griega. Solo en el mes de julio, el número de inmigrantes que cruzaron las fronteras de la Unión Europea llegaron a los 107.500, triplicando la cifra que se produjo el año pasado.
En junio ya fueron 70.000 y se espera que en agosto se alcance un nuevo récord alarmante. Pero, ¿por qué se ha acelerado precisamente ahora este proceso migratorio?
La ONU afirmó que recortar ayuda a refugiados sirios los convertiría en yihadistas, situación que fue rechazada por fuertes gobierno europeos. La crisis migratoria motivó que Alemania y Francia busquen la entrada en vigor cuanto antes de un sistema europeo unificado de derecho de asilo que restrinja los criterios de entrada; quieren que Italia y Grecia abran de inmediato los centros de refugiados. La idea necesitará sin duda la aprobación en un Consejo Europeo extraordinario que ya ha sido convocado de forma implícita por la canciller germana Angela Merkel. La crisis migratoria tuvo su colofón cuando Macedonia declaró el estado de emergencia y cerró su frontera.

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