Algunos hábitos muy comunes para la mayoría de las mujeres les están dañando la piel sin que lo imaginen. Por ejemplo, comer mal y a deshora provoca que aparezcan brillos e imperfecciones en la piel. Para tener una piel radiante lo ideal es alimentarse sanamente e ingerir vitaminas, proteínas e hidratos de carbono en su justa media. También el poco sueño y el estrés son muy perjudiciales porque vuelven la piel más opaca y llaman a las ojeras, las arrugas y las bolsas en torno de los ojos. Otro enemigo es el sedentarismo. Cuando hacemos actividad física los vasos sanguíneos se dilatan permitiendo que la sangre circule mejor por el cuerpo y logrando así mayor luminosidad. Fumar es perjudicial para el cuerpo y en lo que a la piel atañe, provoca deshidratación y genera un tono apagado. El consumo excesivo de alcohol puede reducir los antioxidantes que hay en el cuerpo y aminorar la existencia de vitamina A, fundamental para el cuidado de la piel y el pelo. Si se tiene la costumbre de bañarse con agua muy caliente, hay que reverla y moderar la temperatura porque el calor debilita la grasa natural y puede secar la piel. Hay que buscar un equilibrio en la temperatura del agua y usar cremas hidratantes para el rostro. Beber agua es fundamental para la hidratación del cuerpo, pero sobre todo para la piel. La hidratación no solo proviene de cremas. Tomar entre 2 y 3 litros por día es lo recomendado. Además ingerir alimentos con magnesio y potasio. Lo importante es prevenir que la piel se seque y lo ideal para ello es tomar mucha agua.

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