La ubicación de los viñedos a lo largo del eje andino, desde Jujuy hasta la Patagonia, tienen casi siempre una característica en común y es que todos ellos, o bien en la mayoría de los casos, están ubicados en escenarios de alta calidad paisajística.
Son espacios físicos que suman numerosos elementos geológicos y pertenecen al tipo de los paisajes geodiversos o de alta geodiversidad.
A esta clase de paisajes que cuentan con viñedos, bodegas y todo lo que hace a la industria del vino, se le ha dado en llamar enopaisajes (por la palabra griega "oinos" que significa vino). En este sentido se han organizado distintas conferencias a nivel global como también en nuestro país a los efectos de que la Unesco los declare dentro del marco del patrimonio mundial. Algo similar a lo que ocurre con los geoparques o parques geológicos y que abordamos en un artículo anterior. Con la diferencia de que en el caso de los enopaisajes se trata de paisajes culturales de la vid y el vino, en donde el hombre adaptó esos nobles cultivos milenarios en áreas de gran valor estético. Precisamente para analizar y debatir sobre los enopaisajes se realizó el pasado 25 de abril de 2016, en Buenos Aires, el Seminario internacional de la Cátedra Unesco de Turismo Cultural Untref-Aamnba, declarado de Interés Turístico Nacional, bajo el lema "Los paisajes vitivinícolas de la Argentina en el contexto del Patrimonio Mundial".
La idea fue reflexionar sobre el patrimonio cultural de los paisajes vitivinícolas de la Argentina, su desarrollo sostenible, el enoturismo y sus buenas prácticas y acciones. Es interesante destacar, al decir de los organizadores, que el potencial vitivinícola de la Argentina se manifiesta en sus paisajes culturales, que hoy se presentan como atractivos destinos turísticos, aportando sus imaginarios y experiencias innovadoras. Asimismo, los enopaisajes impulsan iniciativas diferentes, donde las bodegas aparecen como protagonistas de circuitos de turismo, ocio y consumo diferenciado, que abren nuevas dimensiones y dan mayor visibilidad a la ancestral industria del vino. Cada región intenta desarrollar sus museos del vino, donde se puede aprender de la evolución de esa industria desde los más primitivos emprendimientos hasta la actualidad. Esas son algunas de las razones por las cuales hoy los visitantes buscan ser parte de una experiencia completa, que vincula el destino con su paisaje cultural, sus productos y sus habitantes, su gastronomía y herencia ancestral, el valor patrimonial tangible e intangible, como principales protagonistas de la historia viva del lugar.
Entre los enopaisajes argentinos se tienen los de Maimará, en Jujuy; el de los Valles Calchaquíes de Salta, Tucumán y Catamarca; los viñedos de La Rioja al pie del Famatina; los de San Juan y Mendoza, y finalmente algunos de la Patagonia. Todos ellos tienen en común estar en la vertiente oriental de la cadena andina, sea en valles o llanuras pedemontanas.
El norte argentino cuenta con algunos enopaisajes espectaculares. En Jujuy se destaca el de Maimará, al pie de la "Paleta del Pintor", una hermosa geoforma labrada en rocas calcáreas amarillentas de la formación Yacoraite sobre la ladera oriental de la Quebrada de Humahuaca. Dichos estratos se hunden hacia la quebrada y están cortados por cauces que les otorgan una particular morfología con formas de letra "V". Las vides crecen en un suelo calcáreo y ambiente semiárido, con bosque xerófilo, a una altura de 2.334 m sobre el nivel del mar.
Los Valles Calchaquíes conforman otro ambiente singular para el desarrollo de la vid, el vino y los enopaisajes que abarca a tres provincias. El tramo más rico es el que corresponde a Salta, con importantes desarrollos vitivinícolas entre Payogasta y Tolombón.
Tucumán tiene un espacio donde se destaca Colalao del Valle y otros poblados cercanos a la zona de las Ruinas de los Quilmes, donde ya hay emprendimientos vitivinícolas, y finalmente está Catamarca con la región de Santa María, donde están, entre otros, los viñedos y bodega de los padres Agustinos de la Prelatura de Cafayate.
Cada paisaje del norte argentino tiene su propia identidad de acuerdo a las rocas que lo componen, la fisiografía, los suelos, las aguas y el clima o los microclimas.
El Valle Calchaquí es una imponente estructura tectónica de la Cordillera Oriental en sentido amplio y que se ubica al oriente de la Puna. Está flanqueado por altas sierras que superan en algunos casos los 6 km de altura sobre el nivel del mar, tal el caso de los Nevados de Cachi. La depresión Calchaquí tiene así un conjunto de altas sierras sobre el lado occidental y un conjunto de sierras más bajas del lado oriental. El valle está orientado mayormente en sentido norte sur y por dentro corre el río Calchaquí, que nace en los Nevados de Acay y fluye hacia el sur para encontrarse con el río Santa María, de sentido opuesto, y formar ambos el río de las Conchas. La región es árida a semiárida, ya que las lluvias del este son frenadas por los sucesivos cordones orográficos.
Las aguas de lluvias y de nieves se infiltran en el subsuelo y alimentan pequeños oasis, a la vez que permiten el regadío de los sembradíos dedicados a especias, frutales, maíz y especialmente los viñedos.
Las rocas del oeste del valle son de tipo mayoritario ígneas y metamórficas, propias del basamento cristalino antiguo, muy ricas en micas y feldespato, los que aportan abundante potasio. Las rocas del este son mayoritariamente sedimentarias, formadas por capas rojas o calizas, que en parte provienen de la destrucción de las anteriores. Las rocas, la tectónica, el clima, la erosión y la policromía dan lugar a bellos paisajes que en muchos casos coinciden con lugares donde se han desarrollado magníficamente los viñedos y dan lugar a espectaculares enopaisajes. La calidad química y física de los suelos, el agua, el clima, las horas de luz, la altura sobre el nivel del mar, las amplitudes térmicas, todo influye para tener allí "terroirs" con viñedos de excelencia y poder desarrollar vinos de alta gama en bodegas boutiques. Para dar mayor contenido a los enopaisajes, ayuda además la rica historia del valle con un poblamiento que se remonta a antiquísimos pueblos, la dominación inca, la llegada de los españoles, la fundación de viejas ciudades, la búsqueda de oro, el ingreso de las viñas y el desarrollo centenario de viñedos y bodegas.
Enopaisajes emblemáticos se encuentran en Payogasta, Cachi, Seclan tás, Molinos, Colomé, Tacuil, El Hual fín, Santa Rosa, Payogastilla, San Car los, Animaná, Yacochuya, Cafayate, Tolombón, Corralito, y dentro de la Quebrada de las Conchas, en las loca lidades de Santa Bárbara y Las Cur tiembres. Si se pudiera lograr una sín tesis y definición, diríamos que en los enopaisajes la geometría euclidiana de los viñedos impacta contra la geo metría fractal de las montañas.

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