Según datos del Censo Nacional de 2010, en Argentina nacen 746 mil bebés por año, uno cada 40 segundos. Cada uno de estos bebés usará un promedio de seis pañales diarios durante dos años y medio. Es decir, 5.472 cada uno. Lo que equivale a presuponer que juntos dejarán tras de sí un total de 40.821.112.000 pañales.
Además, la descomposición de un pañal desechable insume entre 100 y 300 años, de tal manera que podemos inferir que ninguno de los que se han fabricado y utilizado desde los años 50 hasta hoy se ha biodegradado. Por último, según un informe de Euromonitor divulgado en 2013, Argentina -con 62,6 pañales vendidos per cápita en 2012- ocupa el quinto lugar en el mundo entre los países más consumidores de este producto, detrás de Arabia Saudita, Israel, Irlanda y México.
La conciencia de que el proceso de fabricación de los pañales implica la utilización de recursos no renovables y naturales llevó a diversos fabricantes a buscar alternativas ecológicas. Se trata de un "revival" de los pañales de tela, lo que implica bajo la perspectiva de algunos retroceder seis décadas hacia un tiempo en el que era una cuestión desagradable lavar pañales y una lotería el contar con el beneplácito del clima para que estuvieran disponibles al momento de necesitarse.
La médica de Familia salteña Antonella Sardi (36) desarrolló hace seis años unos pañales ecológicos. Su marca -disolución de una sociedad y cambio de denominación mediante- se llama Jacarandá. Desde la ciudad de Alta Gracia (Córdoba), donde reside, le contó a El Tribuno que su proyecto empezó a gestarse en su mente cuando quedó embarazada de su primer hijo varón -Lucian, de 6 años- y entre las cavilaciones acerca de cuáles serían las decisiones más apropiadas y responsables para la crianza del niño, también surgió el cuestionamiento sobre la conservación del medio ambiente. La idea de que el hijo que iba a traer al mundo dejara un tendal de basura solamente biodegradable en centurias le resultaba poco alentadora.
En Argentina todavía no se comercializaban pañales de tela, por lo que decidió buscar alternativas y consiguió pañales mirando un sitio web de México. "Los hallé a través de una chica mexicana y fue toda una movida hasta que llegaron a mis manos porque todavía no estaba la venta on line tan en auge como ahora", recordó.
Además, durante sus tres meses de licencia por maternidad adquirió una máquina de coser y se puso a hacerlos ella misma. "Era tan difícil conseguirlos que me dije: 'Voy a probar de hacerlos yo'. No me hacía la ecologista ni mucho menos, pero la gente comenzó a decir de mí 'la loca esta que usa pañales de tela en esta época'", agregó. Con el tiempo se contactó en Alta Gracia con otras personas preocupadas por el impacto ambiental de la acción del hombre. Entre ellos se fue difundiendo el trabajo de Antonella Sardi y la demanda resultó la plataforma sobre la que ella edificó su negocio.
"Realmente a mí me interesa más la difusión del impacto ambiental del uso de los pañales descartables y el que hay una alternativa no desechable que el promocionar mi marca", aclaró. "Mucha gente me dice que lo patente, pero si yo lo copié de un pañal de afuera ¿cómo voy a hacer eso? Para mí la satisfacción es que se multiplique y cada vez haya más gente que los use y los haga", definió.
Los pañales que fabrica son unitalle, es decir, que se ajustan con unos broches o con abrojo, de acuerdo con el crecimiento del niño. Como están hechos con insumos de buena calidad duran desde que el bebé pesa 5 kilos hasta que alcanza los 17. La bombacha, de tela engomada o tela impermeable dependiendo del modelo, lleva en su interior la toalla de tela absorbente.

Hacer economía

Además de no impactar tanto en el medio ambiente, a largo plazo resultan muy económicos. Según cálculos de Antonella, un bebé que usa un promedio de seis pañales diarios durante dos años y medio emplearía 5.472 unidades. A un precio de $5 cada uno sus padres gastarían $27.360. Mientras que usando 16 pañales de tela, a $300 cada uno, se invierten $4.800.
Sin embargo, esta opción no es viable para todos porque se debe aprender cómo lavarlos, cómo retirarles los residuos sólidos y cómo armarlos.
Además, el bebé no dura tanto tiempo seco como cuando tiene puesto un descartable. Por ello, Antonella sugiere no emplear los de tela durante la noche, hasta no saber bien cuánto absorben y cuánto duran. O colocar antes de acostarlo un cobertor de polar o lana, para mantener al bebé seco hasta el día siguiente. Tampoco se puede usar cremas en la cola del bebé, ya que impermeabilizan la tela que impide que pase la orina hacia la piel. Aun así el convencimiento de Antonella no decayó. "El pañal descartable marcaba el comienzo de la vida de la mujer moderna y liberada y la idea de lavarlos parece ir en contra de eso, pero los metés en un lavarropas y listo. Yo trabajo afuera, tengo dos hijos y por lavar pañales no sos una heroína", concluyó.

Una experiencia

Mariana Rodríguez Cabral crió a dos hijas, María (7) y Guadalupe (4), y ve crecer a la tercera, Carmela (4 meses), con pañales de tela. Ella vive en Salta hace más de cuatro años y se especializó en crianza y primera infancia. "Cuando estaba en Buenos Aires, dentro de toda mi búsqueda como psicóloga y como doula llegué a los pañales de tela. Con los pañales descartables se le irritaba la cola a mi hija y gastaba mucho dinero. Pero al principio con los ecológicos decía: 'esto es muy hippie yo no voy a poder'", contó Mariana a El Tribuno.
Su hija María dejó los pañales antes de cumplir los dos años y fue entonces cuando Mariana vio los beneficios. Ella junto con la arquitecta María Emilia Oviedo y la licenciada en educación Carina Arce crearon el centro cultural El Reino del Revés, en el barrio San Luis. Desde allí difunden la utilización de productos amigables con el medio ambiente.
"La gente tiene miedo, pero después cuando los usa los encuentran espectaculares. Si vos comentás te dicen: '¡No! ¡Qué te vas a poner a fregar o a lavar!' y en la práctica son cinco minutos en que si tiene caca, la sacás con un cepillo y la metés en el lavarropas, que es el gran protagonista en esto. Es más simple de lo que uno se imagina", explicó. Añadió que los pañales ecológicos duran entre tres y cinco horas. "No es que haya que estar lavándolos todo el tiempo. Se insertan dos toallas en la bombacha: una de algodón que se pliega en tres partes y otra de microfibra y la sumatoria de ambas va a garantizar la absorción y entre más se lavan más absorben", comentó. Acerca del cambio de mentalidad requerido para animarse a la experiencia de usar pañales ecológicos dijo:
"Creo que hay que correrse de la practicidad de agarrar algo, usarlo y tirarlo a la basura. Además, un pañal de tela cuesta $320 en promedio y la gente dice que es caro, pero después terminás gastando un montón de dinero con los descartables".
Existen distintas alternativas de pañales reutilizables en el mercado como Ecolara, PlequePañales y otros. También hay grupos que intercambian sus experiencias en Facebook como Pañales de Tela en Argentina. Para muchos, esta es la solución para reducir el impacto medioambiental de los pañales, mientras las autoridades sanitarias no los desechen adecuadamente en los vertederos de basura ni les den el tratamiento adecuado.

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