Los rosarios del Papa

José María Poirier

Los rosarios del Papa

El rosario es un obsequio acostumbrado de la Santa Sede cuando se tiene ocasión de saludar al Papa, o cuando éste envía un recuerdo a alguien, y guarda una significación netamente religiosa. Si bien los orígenes de esta tradición se remontan al Oriente cristiano, particularmente devoto de la Virgen María, en contraste con la Reforma protestante (vigorosamente cristocéntrica) el rosario quedó identificado con Roma. Al parecer los antiguos monjes benedictinos demostraron estima por esta oración y la Orden de los dominicos extendió su práctica a grandes sectores populares en Europa. Los misterios, que eran tradicionalmente quince y que Juan Pablo II extendió a veinte, conmemoran la vida de Jesús y de su madre. En el siglo XIII, en oposición al movimiento herético albigense o de los cátaros en Francia, quienes además de ser dualistas no veneraban a la Virgen María, el rezo del rosario ganó popularidad. Que después se interprete el regalo de un rosario, en este caso el que le mandó Francisco a Milagro Sala, polémica líder de la agrupación Tupac Amaru, como un claro gesto político o una ingenuidad, es otra cuestión. Habida cuenta de la trascendente personalidad de Jorge Mario Bergoglio y de la admiración que su figura suscita en los más variados ámbitos internacionales, políticos y religiosos, donde para algunos habría un clima de cierta hostilidad ante su figura), cabe preguntarse si puede un hombre así equivocarse tanto, sobre todo cuando se le reconoce además una fina y probada habilidad política en los detalles. No parece probable. En todo caso sería prudente seguir observando sus gestos, no pocas veces enigmáticos y sin duda tampoco exentos de cálculo, con actitud perspicaz hasta tratar de advertir las intenciones subterráneas que probablemente se descubran con el pasar del tiempo. Se ha repetido con justicia que cualquier intromisión del poder religioso en el político comporta serios peligros para la vida republicana, sobre todo en una sociedad acostumbrada al populismo y tentada por paternalismos. Pero lo cierto es que no conocemos todavía todos las cartas en juego. Ciertos analistas creen ver en el humus cultural de la Iglesia argentina, sobre todo en su clero, una tendencia que la llevó, según los momentos, a identificarse con los militares, con el peronismo, con los nacionalismos. ¿Por qué Bergoglio, atento lector del Martín Fierro y de Leopoldo Marechal, además de admirador de Borges, estaría exento de ciertas tendencias tan argentinas? Los medios de comunicación más prestigiosos del mundo occidental dedican editoriales y publican notas de reconocidas firmas que elogian a Francisco, tanto en su perfil religioso como político. Sorprenden los apoyos de diarios como El País de Madrid, Il Corriere della Sera o La Repubblica de Italia, Le Monde de París, y numerosos diarios de los EEUU. Por otra parte, el reconocimiento explícito de Barac Obama y de Raúl Castro, de Vladimir Putin o Angela Merkel, de Matteo Renzi o de François Hollande, las respuestas positivas de muchos dirigentes asiáticos y africanos, dan claras muestras de la autoridad moral que se le reconoce al obispo de Roma, hoy referente ineludible. Habrá que esperar el esclarecimiento de las causas judiciales en trámite que afectan a Sala, así como el futuro desenvolvimiento de las relaciones diplomáticas del Gobierno argentino con la Santa Sede.

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