El temor que desde su anuncio despertó en la comunidad la construcción de una cárcel federal, se fue acentuando en los últimos años debido a las fugas de presos registradas y al ingreso como internos de personas con antecedentes de suma peligrosidad.
En la primera década del siglo XXI, la cárcel federal ya era una realidad y las opiniones sobre la conveniencia de contar con una institución de este tipo en la ciudad, estaban divididas.
Muchos vecinos se oponían a su construcción aduciendo los problemas de inseguridad que las cárceles en general traen para los habitantes de las zonas donde se levantan. Para otros los positivo era la posibilidad de contar con puestos de trabajo nuevos y genuinos, muy importante para una ciudad que tenía un porcentaje de desocupación cercano al 60 %.
Pero los argumentos esgrimidos desde el sector político en favor de la instalación de la cárcel hacían referencia al tipo de seguridad. "Se trata de una cárcel de mediana seguridad, es decir que no contará con presos peligrosos; todos serán de tipo federal y relacionados en su mayoría con la distribución de drogas no con asesinatos u otros delitos similares" expresaban las voces de políticos en aquel entonces.
Famosos y peligrosos
Sin embargo, a cuatro años de su habilitación y en especial en los últimos dos años, la peligrosidad de los detenidos fue en aumento, hubo dos fugas y los involucrados tenían antecedentes por homicidio, también fueron alojados presos encausados por crímenes de lesa humanidad y los vecinos han presenciado el arribo al penal del juez federal de Orán, Raúl Reynoso y en últimos días del capo narco más buscado del país, Delfín Castedo.
Estas nuevas internaciones renovaron el temor entre la comunidad gemense, que no se basa solo en las causas que llevaron a la detención de los presos, sino al tipo de "turismo que esto trae aparejado", según describió un vecino.
"Yo nunca estuve de acuerdo. Te puedo asegurar, porque estuve atento a eso, que los jueves, cuando se reciben las visitas en el penal federal, se incrementan los robos en la ciudad, algo que era de esperarse", expresó el dirigente gremial Cristian Caliva, visiblemente preocupado y molesto porque "el pueblo ya no es como antes".
Por su parte, Fernando Capetta, otro vecino, dijo que "los que tienen que brindarnos seguridad son los mismos directivos del penal federal que deben hacerla muy segura y sobre los supuestos peligros que pudieran representar las visitas de los presos, se debe trabajar desde los ministerios correspondientes de la Provincia".
"Tendrán que incrementar la vigilancia en los días de visitas, poner más policías, programar más patrullajes", agregó.
Para Dante Cepeda, dirigente deportivo de la ciudad, "la cárcel nunca tuvo que haberse radicado en este departamento, los problemas de desocupación tendrían que haber sido resueltos por otras vías, ahora vemos las consecuencias".
Si bien no se puede afirmar con certeza que el incremento de la inseguridad en Güemes sea producto de la presencia de presos peligrosos, el temor se ha instalado. Cada vez que se dé una alarma por fuga, la gente seguirá encerrándose en sus casas.

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