Los que fueron a Iquique en el verano de 2016 se encontraron con que las aguas del mar estaban calientes. Esto resultaba una bendición teniendo en cuenta que, normalmente a esa latitud son heladas en razón de la corriente de Humboldt que viene desde la Antártida pegada a la costa del Pacífico.
La razón es que las aguas calientes de la corriente del norte ecuatoriano se habían desplazado hacia el sur.
Esto ocurre en los llamados años El Niño. La alteración meteorológica oceánica conocida como ENSO, por sus siglas en inglés, da lugar a fuertes perturbaciones en el clima que tienen alcance planetario.
Fueron los viejos pescadores peruanos quienes a puro pragmatismo se dieron cuenta de la llegada del fenómeno, coincidente con la navidad, y del allí lo de El Niño, por Jesús. Ello repercutía desfavorablemente en sus faenas generando graves problemas a la economía pesquera. De manera independiente se puede rastrear su presencia en el litoral peruano en tiempos mucho más antiguos.
Tal vez el padre José de Acosta, singular estudioso de las cosas varias de América, haya sido uno de los primeros en tomar debida nota de los temas relativos a la corrientes oceánicas. La magnífica obra de este jesuita, Historia Natural y Moral de las Indias, publicada en 1590, contiene preciosa información sobre cuestiones relacionadas a la geografía física, flora y fauna del reino del Perú. El registro geológico extiende el fenómeno a miles de años.
Más allá de estas disquisiciones, lo cierto es que desde hace bastante tiempo se sabe que hay años El Niño, años normales y años que son la contracara de los primeros y que se han dado en llamar La Niña.
El asunto es que estas perturbaciones climáticas globales secan zonas que normalmente son húmedas, producen precipitaciones anormales en zonas que generalmente son secas, desatan incendios forestales, generan el doble de precipitaciones en regiones lluviosas y así sucesivamente. Este verano de 2016 pudo verse como el Paraná trajo volúmenes de agua mayores y se produjeron inundaciones en la zona de Entre Ríos. Ello fue consecuencia del aumento de precipitaciones en toda la cuenca del Plata, desde las montañas del norte argentino y Bolivia, hasta cubrir una vasta región del centro de América del Sur. Las Cataratas del Iguazú son un verdadero hidrómetro y en el severo año El Niño de 1982/1983, aumentaron más de diez veces su volumen.
El tema es que si hay mayor evaporación, hay mayor cantidad de nubes y estás descargan su humedad en todos los contrafuertes montañosos del sistema oriental andino. Esas aguas alimentan los grandes ríos que a su vez nutren al Paraná. O sea se sabe que si hay un año Niño debe actuarse con premura en la alerta temprana y en la previsión. A diferencia de otros fenómenos naturales que son impredecibles y no avisan (terremotos, volcanes, caída de asteroides), en este caso se sabe que cuando en el Perú comienza a registrarse el inicio de un año El Niño, hay que prepararse para las precipitaciones anormales en la región salto-
jujeña que, es la que nos incumbe directamente.
Las aguas calentitas de las cuales gozaron algunos turistas en el Pacífico chileno ya costaron al menos cinco muertos en el norte argentino. Primero se cayó un puente ferroviario sobre el río Arenales que forma parte del Ramal C-14, la monumental obra salteña e icono en el mundo. Luego vinieron deslaves en numerosas quebradas que cruzan los cordones montañosos de la Cordillera Oriental. La ruta 51, corredor bioceánico, fue nuevamente golpeada. La zona de El Alisal fue una de las más afectadas y dejó a turistas, camioneros y otros viajeros sin poder llegar a sus destinos por largas horas. Luego se produjeron los deslaves en la zona de Purmamarca, y a posteriori las inundaciones de Tilcara donde el río Grande de Humahuaca creció repentinamente arrastrando defensas e inundando el turístico pueblo, afamado por su "Enero Tilcareño". Hubo más de 500 evacuados y debieron suspenderse los festejos del carnaval. Muchas casas de adobe quedaron con riesgo de colapsar. Tal vez lo más grave fue el desastre del río Metán que durante una sorpresiva creciente sesgó la vida de una abuela y tres de sus nietos. También debe lamentarse el fallecimiento de un hombre que fue sorprendido por una crecida del río Pulares. Un tema recurrente y que pudo tener peores consecuencias fue que una vez más la ruta 34, entre Metán y Rosario de la Frontera, volvió a sufrir los embates hídricos en el puente del río de Las Cañas. Miles de automóviles que circulaban hacia el sur o norte y que se desplazaban luego de los feriados del carnaval, quedaron varados. El tránsito se habilitó luego de horas, por media calzada, y hay que destacar el eficiente trabajo de ingenieros viales y la ayuda de los distintos municipios con sus equipos y maquinarias. El tema es recurrente y ya había pasado anteriormente, la última vez en 2011, y solo se hicieron arreglos de emparchado. Ocurre que el régimen fluvial de muchos de esos ríos es casi insignificante a lo largo del año en coincidencia con nuestra larga temporada seca, pero luego en el verano tienen una carga dinámica que castiga con toda su energía.
Las características comunes de estos eventos son la estacionalidad, cuasi-
periodicidad, la irregularidad, la inestabilidad y la asincronicidad. La correntada desplomó tramos de la ruta 34 que estuvo a punto de quedar cortada completamente por un zanjón si caía el puente. Hemos afirmado en otras oportunidades que tenemos una infraestructura obsoleta que colapsa por envejecimiento, falta de mantenimiento o ambas cosas a la vez.
Vemos así como el sur provincial reclama a gritos no solo el ensanchamiento de la cinta asfáltica limitada al tránsito a solo dos manos, cuando debería ser mínimamente de cuatro manos, sino también la construcción de nuevos puentes carreteros, para reemplazar a los que están completamente obsoletos.
El anuncio realizado desde Jujuy, de un tramo de ruta entre General Gemes y San Pedro es destacable pero no deja de ser un paliativo a los graves problemas estructurales y de infraestructura que sufre el noroeste argentino por largas décadas de desinversión. Por ello cuando se habla del tan mentado "Plan Belgrano" debe tenerse presente que es un plan integral de infraestructura y no asociarlo únicamente al nombre emblemático del Ferrocarril que abarca la región del NOA. Las inversiones deben estar orientadas a dar solución genuina a problemas concretos de la gente.
Y estos problemas son muchos, mayúsculos y además fueron largamente señalados.
Como ejemplos: el hecho de vivir sobre yacimientos de gas y depender de garrafas; el contar con cursos y reservorios de agua dulce y no tener aguas potables y corrientes; los problemas viales, ferroviarios y de comunicaciones; embalses, navegación, conectividad aérea, entre muchísimos más.


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Sección Editorial

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Re KennethU
Re KennethU · Hace 9 meses

Muy bien Dr. Alonso. En cuanto a los puentes el problema mayor es que en la Argentina es políticamente aprovechable inaugurar o anunciar una obra. En cambio mantenerla no es notorio ni da lugar a grandes actos de inauguración.

Walter LUNA
Walter LUNA · Hace 9 meses

Ricardo: es una nota de excelencia. Por sobre todas las cosas, aclarativa para quienes vemos este devenir de tantas -e inusuales- situaciones cambiantes.

Guillermo Solá
Guillermo Solá · Hace 9 meses

Excelente la explicación, clarísima como agua de vertiente, no como agua de crecida...

Fernando Pasteris
Fernando Pasteris · Hace 9 meses

Muy buen articulo, como siempre nos tiene acostumbrado el Dr. Ricardo Alonso.


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