A pesar de que la "inclusión" de los pueblos aborígenes es uno de los conceptos más frecuentemente invocados en los medios de comunicación y entre las organizaciones con supuestas inquietudes ambientales y sociales, las comunidades wichis de Las Vertientes y Kilómetro 2, en cercanías de Santa Victoria y del río Pilcomayo, carecen de luz, agua potable, un centro sanitario que funcione y de una escuela.
Tres caciques de Misión Las Vertientes, Pepe Sandoval, Timoteo Ñato y Ubaldino Ceballos, y el de Kilómetro 2, Martín Vidal, pasaron la semana en la ciudad de Salta y se fueron con las manos vacías. No lograron que los recibiera ni siquiera un secretario con poder de decisión para escucharlos y darles una respuesta. A pesar de que la provincia creó un Ministerio de Asuntos Indígenas y Desarrollo Comunitario, su flamante titular, Luis Gómez Almarás, no les concedió audiencia y ni siquiera lo hizo el secretario Enrique Rojo. Tampoco tuvieron respuesta alguna del Ministerio de Educación, a pesar de que la escuela de Las Vertientes, licitada y concesionada hace dos años y medio, sigue destruida debido a una inundación ocurrida durante el primer mandato de Juan Manuel Urtubey.
Los dirigentes wichis tienen una jerarquía que podría equipararse a la de un intendente, pero a diferencia de los funcionarios, no tienen caja ni viáticos. Vinieron a Salta como pudieron y se volvieron a su pago gracias a la buena voluntad de terceros. Ni siquiera el senador Mashur Lapad se ocupó de conseguirles, al menos, los pasajes en ómnibus.
El panorama que describen es desolador.
Sandoval manifestó "preocupación e indignación" porque en Las Vertientes no hay energía eléctrica. Allí viven 90 familias, muy numerosas, y el compromiso oficial del Gobierno de llevar luz no solo no se ha cumplido. Es inminente la construcción de un tendido de alta tensión entre Misión La Paz y Pozo Hondo, en el departamento Boquerón, de Paraguay, para exportar electricidad en virtud de un promocionado acuerdo. Sin embargo, hace ya siete meses, el Ente Regulador, con la firma del gerente Antonio García, se desentendió y nadie del Gobierno se hace cargo de la promesa.
Los wichis parecen condenados a ver pasar los cables por el costado.
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La deteriorada escuela de Las Vertientes, que restaurarían en 2014. Javier Corbalán
La deteriorada escuela de Las Vertientes, que restaurarían en 2014. Javier Corbalán
El cacique Timoteo Ñato se refirió a la situación de la escuela 4.199, de Las Vertientes. Construida en 1978, contaba con dos aulas para unos 200 niños. Tiene designados un maestro primario y uno de nivel inicial. El que debía asumir en diciembre, cuando vio el estado del edificio, desistió.
Lo notable es que el 16 de julio de 2013, el Ministerio de Hacienda y Finanzas por entonces encabezado por Carlos Parodi, anunció la apertura de sobres para la refacción general y ampliación de la escuela. El acto fue encabezado por el secretario de Obras Públicas, Sergio Zorpudes y la empresa Garín fue la oferente. La escuela debía estar en funcionamiento en marzo de 2014.
Por suerte no llegó el aedes
En Kilómetro 2 no hay una gota de agua. Aprovechando el goteo de una manguera que lleva el líquido a Santa Victoria Este, la comunidad junta de noche pequeñas cantidades que nunca son suficientes para 700 personas. El cacique Martín Vidal asegura que la intendencia de Santa Victoria, a cargo de Moisés Balderrama, les cobra 500 pesos para llevarles una cisterna. Una fortuna para ellos; una propina para el presupuesto municipal.
Lo que hace falta son pozos en condiciones.
En ambas comunidades, la asistencia sanitaria es nula. Los puestos sanitarios son taperas, y, según describió Ubaldino Ceballos, “no hay enfermeros en forma permanente, no hay médico, no hay ambulancia ni medicamentos”. En este punto, es importante recalcar que el Gobierno asegura que su mérito es “haber visibilizado un problema que se mantenía oculto”. Los caciques creen que la solución es otra y que la atención sanitaria hoy es mucho peor que en el pasado.
“Menos mal que el mosquito del dengue, zika y chikungunya no se apareció todavía”, dicen.

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