La impronta de cambio profundo que impuso Mauricio Macri a sus primeras semanas en el poder le permitió mejorar su respaldo popular. No obstante, esa luna de miel, que es habitual en todo presidente recién encumbrado, no está exenta de tensiones políticas y se ve amenazada por la economía en el corto plazo.
La crisis por la triple fuga del penal de General Alvear, en principio, no dañó la popularidad del Presidente y de la gobernadora María Eugenia Vidal, pese a que el propio Macri reconoció errores en el desempeño de sus funcionarios.
El jefe de Gabinete, Marcos Peña, repite a sus interlocutores en el elenco gubernamental que la gestión tiene por estos días un 65% de imagen positiva.
Ese respaldo surge de mediciones que encarga una Unidad Ejecutora de Seguimiento de Medios y Análisis de la Opinión Pública, a cargo de Mora Jozami, para testear el pulso popular.
Los sondeos indican que la mayoría de los argentinos apoya los cambios encarados por la nueva administración; valora que la salida del cepo se haya realizado sin crisis -al menos hasta ahora- y cree que va a estar mejor dentro de un año.
Con esa lógica, la escoba oficial busca barrer todo vestigio kirchnerista tanto en la gestión pública -con el desplazamiento de miles de empleados, muchos de ellos nombrados insólitamente en los últimos meses o ñoquis- como en otros sectores.
Esta semana, el recambio alcanzó a la cúpula de las Fuerzas Armadas. Además, luego de la recaptura de los condenados por el Triple Crimen de General Rodríguez, siete jefes de la Policía Bonaerense fueron desplazados y la purga amenaza con extenderse tanto en esa fuerza como en la Gendarmería Nacional.
También Macri busca trazar diferencias claras en torno al caso Nisman y a las múltiples derivaciones políticas e internacionales que lo rodean. Al cumplirse un año de la dudosa muerte del fiscal, el Presidente dispuso desclasificar la información vinculada al caso y liberar del mandato de guardar secreto a los agentes de inteligencia que pudieran ofrecer información al respecto. Son gestos que difícilmente aporten avances.
Hay que pasar el otoño
El gobierno amarillo se apoya sobre preceptos trazados por el consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba, para quien el humor popular cambia a partir de cuestiones cotidianas como la estabilidad económica o la seguridad ciudadana, y no por las polémicas en las que suele zambullirse la política argentina.
Traducido: a Macri poco le afectarían medidas muy cuestionadas como el nombramiento en comisión de jueces para la Corte Suprema de Justicia -decisión luego puesta en suspenso- o la reforma por decreto de la esencia de la ley de medios y sus coletazos. Ahora bien, siguiendo ese razonamiento del asesor estrella presidencial, lo peor está por venir. La seguridad no dará un vuelco en pocos meses y la economía entra en trance: "Hay que pasar los primeros seis meses, después la cosa se va a acomodar bien", aseguró un influyente hombre del Gobierno. Ese diagnóstico es compartido por el equipo económico. En medio de una virtual ceguera estadística por la readecuación del Indec, el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, trazó una meta de inflación de entre 20 y 25%, y pidió a los gremios que se ajusten a esa perspectiva a la hora de negociar sus salarios. En esa misma conferencia de prensa habló del rojo fiscal que dejó el kirchnerismo y pareció preparar el terreno para un ajuste que incluirá un "sinceramiento" de tarifas. Las reacciones a esas declaraciones no tardaron en llegar, aunque por el momento parecen no afectar el escenario económico.

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