El presidente Macri y el ministro Rogelio Frigerio se encuentran enfrascados en destrabar el tratamiento de la reforma electoral, un objetivo que necesariamente incluirá cambios en el texto sancionado en Diputados y que requiere alcanzar consenso con los senadores justicialistas.
El oficialismo está convencido de que es urgente, perentorio e indeclinable transparentar al extremo el régimen electoral, una asignatura pendiente que la democracia, impregnada por el clientelismo hecho cultura política, aún no logró aprobar.
El voto electrónico es un punto de inflexión. Los senadores que encabeza Miguel Pichetto exigen una aplicación gradual en el país, para adecuar el nuevo sistema a las condiciones particulares de cada región; ellos, junto con el peronismo federal, también manifiestan serias dudas acerca de la confiabilidad del chip y reclaman una fiscalización informática que abarque todos los pasos del escrutinio.
Ayer se registraron algunos avances. Macri y Frigerio convocaron al salteño Juan Carlos Romero, quien había manifestado algunas de esas objeciones y había propuesto que la licitación del sistema y la gestión electoral sean desarrolladas por un organismo independiente y no por el gobierno.
Ese organismo sería garante de la transparencia del comicio, que es lo que buscan ambas partes, aunque pocos comparten el entusiasmo de Macri por la aplicación de las nuevas tecnologías al voto.
Cambiemos está persuadido de que la boleta electrónica eliminará las trampas clásicas del clientelismo, tales como "voto en cadena", el robo de boletas o la manipulación en las mesas. Cree que el desprestigio del voto en papel ante la ciudadanía es lo suficientemente fuerte como para legitimar la expectativa del nuevo sistema.
Sus interlocutores consideran que el riesgo sigue intacto, salvo que se dinamicen y consoliden los mecanismos de control en cada uno de los pasos de la votación. Un punto es la fiscalización informática por parte de los partidos y la justicia electoral. El otro tema clave, que el sistema no pueda ser manipulado de ningún modo, y menos aún por el gobernante de turno, que es el que contrata el servicio.
En la reunión de ayer Macri manifestó que "si no se cambia la tecnología y seguimos con la boleta de papel, no tiene sentido la reforma electoral". Sin embargo, la idea de constituir un organismo electoral autónomo, tal como propuso Romero, le pareció viable, pasible de ser aplicada a nivel nacional y en las provincias.
Cree, sin embargo, que debe realizarse de manera gradual, recién en una segunda etapa.
En el gobierno creen que "si acepta dejar ese compromiso en el texto, Romero estaría dispuesto a acompañar al proyecto", es decir, si se incluye la creación del órgano y se establece una implementación gradual, con un plazo máximo.
Frigerio ya comenzó a analizar los pasos a seguir, en reuniones con todos los funcionarios involucrados en el tema: el jefe de asesores del Presidente, José Torello; el secretario de Asuntos Políticos, Adrián Pérez; el senador Federico Pinedo; la diputada Silvia Lospennato; el ministro de Modernización, Andrés Ibarra, entre otros.
Harán falta más concesiones, aunque la negociación será compleja. Si el proyecto vuelve a Diputados, entre otras cosas, el oficialismo deberá retocar el plazo de seis meses de antelación que establece el proyecto como para presentar el sistema ante la Cámara Nacional Electoral: saben que, por el período que demandarán las licitaciones, ya no llegan a tiempo para cumplirlo.

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VENGADOR
VENGADOR · Hace 1 mes

YA ME LLENASTE LAS PEL. MACRI. NO TEVA A VOTAR NI TU MUJER LAS PROX ELECCIONES


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