Macri, ante el gran desafío narco

Gabriel Profiti

Por Gabriel Profiti, especial de NA.

Macri, ante el gran desafío narco

La recaptura del "Chapo" Guzmán, su impacto en México y su repercusión en todo el mundo y el desenlace de la fuga de tres narcos argentinos irradia sobre uno de los grandes desafíos del nuevo Gobierno de Mauricio Macri, que mañana cumple un mes.
El "combate al narcotráfico" figura como uno de los tres ejes de campaña y ahora de gestión de Macri, junto con la "pobreza cero" y el mentado objetivo de "unir a los argentinos".
La huida argentina mostró a un país permeado, donde los hermanos Lanatta y Víctor Schillaci se movieron con apoyatura del Servicio Penitenciario y policial, conexiones políticas y cobertura del narcotráfico.
Así lo establecen las distintas causas abiertas desde que el 27 de diciembre salieron casi sin despeinarse del penal de máxima seguridad de General Alvear.
En México, y previamente en Colombia, el narcotráfico llegó a controlar regiones y montarse como un Estado paralelo. En la Argentina la alarma la encendió en 2008 el triple crimen de General Rodríguez.
El escape de los condenados por ese hecho y la red de complicidades muestra un retroceso ocho años después. Al menos, el caso echa luz sobre la gravedad de la amenaza.
Estas tramas, cuando encienden las alarmas de las sociedades, causan impactos políticos. El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, quien a fines de 2012 devolvió al PRI al poder luego de doce años, cayó a su nivel más bajo de popularidad tras la fuga de Guzmán. Por eso se apuró ahora a anunciar la recaptura.
Autoridad presidencial
La gambeta de los narcos argentinos ya había dejado al desnudo la vulnerabilidad del naciente gobierno bonaerense de María Eugenia Vidal. Con el correr de los días la crisis se nacionalizó y los pasos en falso para dar con los prófugos mostraron un sesgo de debilidad de un gobierno que buscó todo lo contrario, en algunos casos pecando por exceso: mostrar autoridad.
Una de las principales características de este mes de Cambiemos en el poder fue la determinación para tomar medidas medulares tanto en el ámbito político como en el económico, antagónicas con los gobiernos anteriores.
Esa voluntad se plasmó también en la baja tolerancia a las protestas.
Pasó con los obreros de Cresta Roja que cortaron el acceso al aeropuerto hace unas semanas y este viernes con empleados municipales de La Plata, echados de la administración del macrista Julio Garro por ser presuntamente "ñoquis".
La cuestión de los cesanteados cruza a prácticamente todas las nuevas administraciones, nacional, provinciales o municipales: el kirchnerismo regó de nombramientos su retirada y puso a los sucesores ante la disyuntiva de ser complacientes o despiadados.
Todos los ministros nacionales encontraron planteles engordados de empleados, con casos de funcionarios que cobran por encima de 40.000 pesos y nunca se presentaron a trabajar.
Por ejemplo, en el Órgano de Control de Concesiones Viales (OCCOVI), ahora bajo la tutela del Ministerio de Transporte, se toparon con una planilla de 400 trabajadores, de los cuales 300 fueron designados entre mayo y noviembre pasado.
La mano de hierro del Presidente se extendió al ejercicio del gobierno a través de decretos, algunos reprobables como el nombramiento en comisión de dos integrantes de la Corte Suprema de Justicia -luego puesto en suspenso- y la neutralización de la ley de medios, aprobada por el Congreso y convalidada por la Corte, aunque aplicada de manera sesgada por el kirchnerismo.
La vía del decreto complicó su intento inicial de abrir el diálogo con la oposición y envalentonó al ultrakirchnerismo en su contra. En esa pulseada, el Gobierno tiene de su lado que el Frente para la Victoria entró en una lucha por el liderazgo, entre K puros y peronistas "territoriales" o rebeldes, como Juan Manuel Urtubey y Sergio Massa, ahora posibles aliados.

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