Para Mauricio Macri fue quizá más fácil porque no tuvo que cargar con los errores del gobierno saliente y se sintió cómodo disparando desde la vereda del frente.
Pero no pudo defenderse de algunos golpes bien conectados del candidato oficialista, golpes que quizá con una inteligente defensa le hubiesen dado la pelea en los primeros rounds.
Daniel Scioli, aunque intentó diferenciarse del gobierno, no lo pudo lograr y era de esperarse. Se puede ser parte de un gobierno y tener ideas diferentes pero no se puede y no se debe acompañar con silencio a la corrupción, a la manipulación de la Justicia y a la falta de respeto total de las instituciones.
Porque este silencio te hace cómplice y ese es el sobrepeso con el que peleó Scioli.
A mediodía, esta vulnerabilidad había quedado de manifiesto en el almuerzo de Mirtha Legrand, donde Karina Rabolini intentó sin suerte frenar las durísimas críticas de la española Pilar Rahola al oficialismo representado por su marido.
Macri ha tenido en varias oportunidades la mano del knock out pero no la conectó.
El debate del domingo marca un antes y un después en el ejercicio de los deberes democráticos de quienes nos gobiernan.
El ejercicio de toda actividad nueva deja aprendizaje para el futuro, y es en este sentido que espero que en los próximos debates, todas las preguntas deban ser contestadas, los tiempos respetados y los contenidos menos pautados.
Además tengo la convicción que el debate presidencial debe ser un ejercicio amparado por Ley.

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Sección Editorial

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Álvaro Figueroa
Álvaro Figueroa · Hace 12 meses

"Lo bueno, si breve, dos veces bueno". Excelente el comentario ( y muy ingenioso el paralelo boxístico ).


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