Macri, lector de Augusto

Rodolfo Ceballos

Macri, lector de Augusto

El reposo del presidente Mauricio Macri por su costilla le permitió leer, y se zambulló en la novela histórica del norteamericano John Williams, "El hijo de César" (Ediciones Pámies,1973).
Es un texto documentado con el arte del relato de Williams. Aparece el asesinato de Julio César, la herencia envenenada que le dejó a su sobrino-nieto Cayo Julio César Augusto, después conocido solo por Augusto. Nacido bajo el nombre de Cayo Octavio Turino, fue adoptado por su tío abuelo Julio César en su testamento.
La novela refleja las luchas por el poder posteriores entre los expartidarios de Julio César, la consideración de héroes o asesinos de los responsables, las internas de los triunviros, la guerra contra Egipto y, finalmente, la conversión de César Octavio en el primer hombre de Roma, el emperador, fundador de una dinastía.
Augusto cambió la historia de Occidente y quiso terminar con las luchas intestinas para que Roma cambie de república oligárquica-senatorial a un vasto imperio político y cultural.
Roma, capital del mundo antiguo, fue caldero de pulsiones. La subjetividad giró en torno de la construcción de un poder global. En nombre de la República cualquier conducta era legítima y, algunas, fueron repetitivas; la pulsión envolvió al romano en la repetición. El deseo condujo a políticos y conspiradores a gozar excesivamente de lo imperial.
Augusto, símbolo del padre romano con función de imponer la ley y regular los deseos de propios y opositores, en la novela murió deseando que Nerón cambie el mal rumbo que tomó el imperio bajo Tiberio, Calígula y Claudio.
Macri, lector político, leyó "El hijo de César" antes de ir a Davos - ciudad mundial de otra globalización- y, seguramente, hizo analogías de esa historia con la política y el deseo del poder contemporáneos.

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