No fue casualidad que Mauricio Macri apoyara a Hillary Clinton. Sostenía que su eventual programa de gobierno era mejor para los intereses de la Argentina, y explicaba que Donald Trump era un peligro para la agenda global por sus ideas xenófobas y su inestable personalidad. Macri hizo una apuesta política y perdió, cuando la prudencia diplomática enseña que los presidentes no comentan sobre las elecciones de otros países. Y menos de Estados de Unidos, que aún tiene a la Argentina bajo su área de influencia. Asumido el error institucional, Macri decidió tomar la iniciativa y abrir un canal de diálogo con el futuro sucesor de Barack Obama. Cuando llegue la señal desde Washington, el presidente argentino hablará con Trump para enmendar un desliz que se podría haber evitado.
Hasta ahora, Trump ha levantado el teléfono al presidente Obama y a la excandidata Clinton. Todo su tiempo es ocupado para designar el gabinete y diseñar sus primeras medidas políticas, que tienen como principal objetivo dinamitar el legado de Obama y cumplir con las promesas electorales. Con Obama coordinó una reunión protocolar en el salón Oval y con Hillary solo dispuso unos minutos para escuchar su rendición política frente al presidente electo.
Trump tiene poco tiempo, y aún no se sabe cuándo atenderá la llamada de la Casa Rosada. Macri pretende enmendar su error y decidió avanzar pese al personaje. Trump acelera sus pulsaciones ante una eventual señal de debilidad de su interlocutor, y es capaz de la peor afrenta sólo para satisfacer los códigos de su propia personalidad egocéntrica. Y esa es la principal preocupación del Presidente: marcar el teléfono para cerrar un capítulo y descubrir que ese gesto cause un daño complejo a las relaciones entre Argentina y Estados Unidos.
Macri hizo una apuesta geopolítica con la administración de Obama y será una situación difícil de revertir si Trump entierra la relación privilegiada que estaba prosperando entre Buenos Aires y Washington. La palanca del plan económico son las inversiones, y las inversiones deberían llegar fundamentalmente desde Estados Unidos. Si el futuro sucesor de Obama decide enfriar la relación con Argentina, el país estará en un laberinto con escasas salidas.
Por eso, Macri tiene que hacer su llamada. Pero también tiene que diseñar un plan de contingencia que coloque a la Unión Europea, el Mercosur y China como variables básicas para reemplazar una posible decisión de Trump, que imagina a Estados Unidos como una potencia insular alejada de la apertura económica y de la diplomacia multilateral.
En gobierno creen que Trump va a levantar el teléfono. En Washington, sonríen con malacia cuando se comenta la iniciativa de Macri, pero no descartan una comunicación breve y protocolar.

Un mito desvanecido

El mito de que solo los hombres blancos sin educación votarían por Donald Trump se desvaneció tras la espectacular victoria del magnate en las presidenciales de Estados Unidos, a pesar de su hasta ahora nula experiencia política.
Su resonante victoria, incluso a pesar de que la demócrata Hillary Clinton ganó en número de votos, revela que el electorado de Trump es más diverso de lo que se había pensado, e incluye también personas educadas, mujeres y minorías.
Lo votaron la mitad de los estadounidenses de clase media, que ganan 100.000 dólares o más al año, votaron por el magnate de 70 años, según sondeos a boca de urna de USA Today y un 43% de votantes con títulos universitarios apoyaron al republicano (58%). También el triunfo de Trump tiene raíces en el profundo descontento con el status quo que se siente en zonas rurales y pequeñas ciudades, lejos de la prosperidad de las grandes urbes, que votaron en su gran mayoría por Clinton.
La participación de votantes blancos fue mayor a lo esperado y la participación de latinos rompió récord. Las mujeres tradicionalmente votan por los demócratas y Clinton se impuso con 54% a 42%, al igual que Obama en el pasado. Y 8 de cada 10 blancos evangélicos votaron por Trump, mientras Clinton captó solo a un 16%.

Los gurús digitales, preocupados

Los empresarios estadounidenses de la industria digital expresaron ampliamente su descontento tras la victoria de Donald Trump, preocupados en particular por las consecuencias en materia de inmigración e innovación y haciendo, inclusive, llamados a la secesión de California. Con frecuencia presentado como pleno de optimismo utópico, el mundo digital, que tiene fama de ser muy cercano al presidente Barack Obama, pareció hundirse en una pesadilla en Lisboa, donde la victoria del magnate lanzó una sombra sobre la Cumbre de la Web, conferencia anual que reúne inversionistas, empresarios y encargados de start ups. Algunos se apegan a la esperanza de que, cuando esté en la Casa Blanca, Trump renuncie al populismo demagógico que lo llevó a la victo ria.

México, ahora más flexible

México está dispuesto a "modernizar" el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Estados Unidos y Canadá tras la elección de Donald Trump, pero rechaza cualquier renegociación del acuerdo firmado hace 22 años, advirtió la canciller mexicana Claudia Ruiz Massieu. México está "plenamente comprometido" con el TLCAN porque ha contribuido a incrementar en más de 300% el comercio entre sus tres socios. "Es una oportunidad para pensar si debemos modernizalo, pero no renegociarlo", respondió la canciller. "Queremos hablar de esto con el nuevo gobierno y Canadá, pero seguimos comprometidos con el TLCAN, con la visión de América de Norte y el libre comercio que significa prosperidad para nuestros pueblos", añadió.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora