La llegada de Cambiemos al gobierno pone al peronismo frente a una disyuntiva vital. Hoy no es oposición de alguna de las formas del radicalismo, su adversario, y, en términos futbolísticos, su "primo". Tampoco hay un gobierno militar, como sucedió tres veces entre 1955 y 1983, cuando el partido prefirió negociar y dejó la resistencia a grupos pequeños y, en muchos casos, ajenos. Tampoco se encuentra con una alianza híbrida, sin proyecto y sin poder, como la de Fernando de la Rúa y Carlos Álvarez.
Cambiemos (o el PRO) no conforma una fuerza conservadora tradicional, porque su mirada, sus objetivos y su estrategia son propios del siglo XXI.
Sería muy difícil encontrar en la tradición peronista, que ya aquilata setenta años, algún elemento contradictorio con los objetivos de "pobreza cero, lucha contra el narcotráfico y trabajo genuino" que ayer expuso Mauricio Macri. La convocatoria a la unidad, a su vez, coincide con la retórica tradicional, aunque no con su historia de fuerte contradicción y fractura.
El desafío
Para el peronismo, el desafío lo plantea un gobierno como el de Macri, en el que no tiene injerencia y que se propone lograr eficiencia del Estado, productividad de la economía, una escuela pública igualitaria y de calidad, relación armónica con todas las naciones y una convivencia propia de las sociedades desarrolladas.
Si el macrismo tiene éxito, para el PJ será un dilema: en todo eso fracasaron los gobiernos peronistas que se sucedieron desde 1989 hasta ayer. Para verificarlo basta con consultar los documentos oficiales. Los informes del Banco Central describen una deuda pública, externa y con organismos nacionales por encima de los 300 millones de dólares. La Ansés y el Ministerio de Desarrollo Social consignan que reciben planes sociales más de 18 millones de argentinos (sobre una población que seguramente se acerca a los 43 millones).
Los comunicados mensuales de la AFIP, presentados hasta hace unos días por Ricardo Echegaray, muestran que los logros sociales que sirvieron como consignas de campaña del FPV son financiados en gran parte por los asalariados: un tercio de los 130 mil millones recaudados en noviembre proviene del IVA; una cuarta parte, del Impuesto a las Ganancias y muy, pero muy poco, (5%) del comercio exterior.
Para completar el diagnóstico de los resultados de un cuarto de siglo de peronismo, es recomendable leer el documento del censo 2010, denominado Néstor Kirchner para que nadie dude de su autoría.
Las alianzas

El peronismo sobrevivió hasta ahora con coaliciones. En los años ''90 se alió con el mesianismo privatista de Álvaro Alsogaray y entabló "relaciones carnales", algo adolescentes, con los Estados Unidos. En la última década, luego del experimento capitalista, el peronismo optó por asociarse con un mesianismo de izquierda que devolvió al país a la era de la guerra fría, encandilado por el carisma de Hugo Chávez y su torpe reencarnación, Nicolás Maduro.
A los argentinos les gusta vivir como en Estados Unidos pero desconfían de la superpotencia. Al mismo tiempo, nadie quiere terminar como Venezuela, nadando en petróleo y sin los productos mínimos para consumo.
Ningún feudo tiene dueño

El peronismo debe decidir si seguirá por el camino tortuoso que le propone el kirchnerismo o si buscará otras alternativas.
Las elecciones de 2015 le demostraron que ningún feudo tiene dueño definitivo. El FPV fue incapaz de proponer un candidato que mantuviera vivo el relato de la década ganada. Es probable, y lo saben los peronistas, que cualquier otro que no hubiera sido Scioli habría resultado tercero. Por eso, y solo por eso, lo dejaron. Pero para entonces el modelo había perdido encanto y Scioli ofreció a regañadientes, lo mismo que Macri proponía con una sonrisa.
Si a Macri le va bien, el peronismo deberá esperar. Hoy, la única identidad que lo amalgama es la vocación de poder.
Mientras tanto, el nuevo presidente goza del crédito del grueso de la población, incluidos los votantes de Scioli.
El sociólogo Marcos Novaro, del Centro de Investigaciones Políticas, dio a conocer una encuesta sobre las expectativas de la sociedad y el estado de ánimo colectivo. El 64 % de los encuestados dice que se siente "con esperanza" y un 28 %, "preocupado". Solo un 7 % dice tener miedo. Este dato, seguramente, hará reflexionar a los legisladores que no fueron a la Asamblea Legislativa porque siguieron las indicaciones de Héctor Recalde y Carlos Kunkel. Según el sondeo, la mayoría piensa que Macri va a mantener la asistencia a los sectores desguarnecidos, quiere que termine la persecución a las voces opositoras y cree que la expresidenta va a tratar de obstruir al nuevo gobierno.
Si eso es lo que piensa la gente, el peronismo va a cambiar el rumbo, porque a pesar de su crisis de identidad ideológica, el PJ no pierde la apetencia de poder.
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