Las autoridades de Mali buscan en forma denodada ayer a tres sospechosos del ataque perpetrado el viernes por yihadistas contra el hotel Radisson Blu, en Bamako, en el que murieron 19 rehenes y dos asaltantes. Las investigaciones continúan en curso para localizar a los sospechosos en fuga, mientras la capital maliense está en alerta desde ayer después de que el Gobierno haya declarado el estado de emergencia durante diez días.
Varias tiendas y restaurantes que se encuentran en el perímetro del lujoso hotel permanecieron cerrados, mientras las fuerzas de Mali han establecido cordones de seguridad alrededor del establecimiento. En las otras zonas de la capital se aprecia poco movimiento y una fuerte presencia de patrullas de seguridad malienses, así como de las fuerzas de la Misión de la ONU en Mali (Minusma). Además, varios espectáculos deportivos y conciertos musicales que estaban previstos para este fin de semana en la capital maliense fueron anulados. Los ciudadanos de Mali expresaron su indignación por el ataque y pidieron a las autoridades que redoblen la vigilancia y las medidas de seguridad.
"Es una catástrofe para nosotros, el ataque hace huir a nuestros clientes. Sin estabilidad no podemos avanzar", lamentó en declaraciones a la prensa Mamadu Diop, gerente de un restaurante en Bamako.
El ataque se produjo cuando un grupo de supuestos yihadistas entró en el hotel, donde se alojaban varias delegaciones internacionales, y retuvo durante horas a 170 rehenes de catorce nacionalidades, antes de ser liberados por las fuerzas de Mali con el apoyo de efectivos de EEUU y de Francia. Tras el ataque se produjo una confusión sobre el número de las víctimas. En un primer momento, la ONU y fuentes diplomáticas y del hotel hablaron de 19 muertos, pero el presidente de Mali, Ibrahim Boubacar Keita, bajó la cifra de víctimas en 19 rehenes y dos asaltantes.
Diez extranjeros fallecidos
Entre las víctimas mortales que fueron confirmadas por sus respectivos países figuran seis rusos, una ciudadana estadounidense y tres ciudadanos chinos.
El presidente de Mali centró ayer su agenda en estudiar las medidas de seguridad y analizar el ataque, que fue reivindicado conjuntamente por los grupos yihadistas Al Murabitún y Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI).
Keita, quien visitó ayer el hotel donde se produjo el ataque y el hospital Gabriel Touré donde fueron ingresados los heridos, volvió a condenar el ataque, llamó a los malienses a "no bajar la guardia" y agradeció la labor de las fuerzas de su país e internacionales en la operación de rescate de los rehenes.
Los ataques han provocado además una ola de indignación entre la clase política del país.
El partido opositor Unión por la República y la Democracia (URD) llamó a la unión de todo el país tras el ataque y exhortó a la comunidad internacional a reforzar su apoyo al país para establecer la paz.
Los rebeldes tuareg de la Coordinadora de Movimientos del Azawad (CMA, que integra a los principales grupos tuareg, condenaron el ataque al igual que sus rivales de la Plataforma, movimiento armado tuareg aliado del Gobierno maliense. La situación política en Mali es inestable desde que en 2012 el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA) y otros grupos yihadistas se hicieron con el control del norte de país, que mantuvieron durante cerca de diez meses.

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