La casa era su reino. Cocinaban como los dioses y eran capaces de reunir a toda la familia alrededor de la mesa dominical con asistencia perfecta. Eran prácticas, ahorrativas, congregaban y protegían, pero también callaban y dejaban pasar de largo sus proyectos personales. ¿Las mamás de hoy ya no tienen nada que ver con las de antes? ¿Evolucionaron hacia un modelo diferente pero igualmente eficaz? ¿Que se ganó y que se perdió al romper el molde?
La maternidad ha tenido su propia historia, fue transformándose, no ha sido estática, tampoco universal y atemporal. Las madres del pasado tienen poco que ver con las del presente. La razón principal: cambió el rol social de la mujer y la mesa dominical se achicó.
Alejandra Libenson, psicóloga y psicopedagoga, especialista en crianza y vínculos, analiza en qué momento se produjo el viraje: "Antes, la maternidad pertenecía al orden de lo íntimo, de lo privado, y todo lo que tuviese que ver con el crecimiento personal y el desempeño en la sociedad tenía que ver con lo masculino. Pero paulatinamente las mujeres pasaron a tener roles sociales más reconocidos y los espacios que fueron ganando las fueron posicionando en un sitio donde deben cumplir varias funciones simultáneamente". La casa y los hijos siguen siendo su responsabilidad aunque no ya su exclusividad.
Cristina Sosa es docente y mamá. Reparte su tiempo entre las horas de clase en tres colegios, su esposo y sus hijos. Su mamá, Delia, fue su modelo en muchos sentidos, pero su realidad es tan distinta que no hay chance para la fiel reproducción: "Las madres de antes tenían dedicación exclusiva con sus hijos y no se dejaban llevar por lo superficial. No se hacían dramas si estaban gorditas ni las desvelaba estar vestidas a la moda. Las preocupaciones eran otras: preservar la economía familiar, que todo estuviera en orden en la casa, que no faltara la comida abundante. Las madres estaban pendientes de su familia, pero por eso mismo dejaban de lado sus sueños y aspiraciones".
Los paradigmas heredados de la cultura griega y judeocristiana habían sellado a fuego en la sociedad la certeza de que el valor de la mujer pasaba casi exclusivamente por la procreación y la crianza de los hijos. El devenir histórico, sin embargo, fue poniendo en tela de juicio esa encorsetada percepción.
Para Claudia Lamas, arquitecta, artista plástica y madre de dos nenas, el papel de "mamá trabajadora a cargo" le resultó siempre conocido gracias a su mamá Emma: "A mí me tocó una mamá que quiso superarse, salir adelante y tener una vida diferente. Antes los sueños pasaban por el crecimiento económico o social, no tanto por el desarrollo personal. Mi mamá trabajó para darme la mejor educación. Me inculcó que tenía que tener una profe sión para valerme por mí mis mapara ser independiente. Todo eso implicó un gran sacrificio de su parte: horas y horas de trabajo, dejando en segundo plano su proyecto personal. O quizá su proyecto personal fui yo: me engendró a través de un método artificial, y creo que fui unos de los primeros casos en la provincia", contó.
Beatriz Goldberg, escritora y psicóloga especialista en crisis individuales, de pareja y familiares, subraya otras características de las mamás de antes que dejaron cierta estela de nostalgia: "Las madres de antes le imprimían a la crianza de los hijos un sello de mayor firmeza, marcaban límites claros. Eso era positivo mientras no se llegara al autoritarismo. También eran sinónimo de incondicionalidad hacia los hijos. Esto en el caso de las mamás que no pasaban facturas, porque algunas sí lo hacían y decían por ejemplo 'mirá todo lo que le aguanté a tu padre por vos'".
En este sentido, es evidente que la evolución del constructo social "maternidad" impactó con fuerza liberadora en la identidad de la mujer y en su posición en la sociedad. Cristina Sosa opina al respecto: "Hoy hay cada vez menos madres sumisas que soportan todo por conservar a la familia. Piensan en ellas, son personas con interese propios. Ojo que esto no quiere decir que no amen a sus hijos, solo que se ven obligadas a repartir su atención debido a la diversidad de roles que desempeñan".
Alejandra Libenson toma la posta y apuntala la idea: "Todo crecimiento implica una pérdida. La ganancia de las mamás de hoy tuvo que ver con ubicarse en un lugar mucho más integral y con alcanzar la satisfacción personal en más de un orden de la vida. Pero lo que más les pesa de sus logros a las mamás actuales es la falta de tiempo. La vorágine la llevó a salirse de ese lugar íntimo que era la casa".
"El rol del varón, en cambio, no cambió tanto con el paso de los años. Si bien el hombre acompaña más a la mujer en la crianza de los hijos, la responsabilidad en este aspecto todavía no es igualitaria", añade la psicóloga. A la mujer de hoy le ponen (y se pone) muchas exigencias: quiere ser independiente, sexy, delgada, madre ejemplar, informada. Quiere enfrentar a sus hijos con las respuestas que daría Freud y aplicar los consejos disciplinarios que propone Piaget.
Claudia Lamas experimenta el desafío en carne propia: "Paradójicamente, esta independencia femenina por la que bregaban nuestras madres hoy se ha convertido para nosotras en una ardua tarea. Tenemos muchos roles. Nuestro desafío es cumplirlos a todos sin miedo al error y garantizándoles a nuestros hijos lo esencial: amor y comprensión".
Por su parte, Beatriz Goldberg se anima a concluir que en el camino evolutivo de la maternidad, "la mujer no hizo tan buen negocio": "Le agregó muchas tareas a su vida. En algunos casos la mujer hasta se hace cargo de la manutención de la casa. Antes se dedicaba a administrar lo que llevaba el esposo a la casa. O si trabajaba, el suyo era un ingreso complementario. Ahora, en muchísimos casos la mujer es sostén de hogar".
Las estadísticas avalan su percepción. Según el Observatorio de la Maternidad, a diferencia de lo que ocurría unas décadas atrás, hoy seis de cada diez madres argentinas participan en el mercado de trabajo. Es decir: están ocupadas o buscan activamente trabajo. Y según un último relevamiento realizado en 2010, las madres aportaban en promedio la mitad (49,1%) del ingreso total de los hogares.
Con todo, la maternidad como proceso natural de la especie humana no ha sufrido desplazamientos: las mujeres seguirán siendo las madres de la humanidad. Un destino social irremplazable y absorbente, tanto hace treinta años, cuando la mujer tenía por único reino su casa, como ahora, con mamás que luchan por ser ideales mientras dan clases, revisan las tareas de los chicos, se hacen un baño de crema y chequean sus mails.

Sobre cocinas, falta de límites e hipocresías
Claudia Muriel
: "Las abuelas tenían la virtud de unir la familia con cariño y paciencia. Yo creo que también a través de la corielcina. ¡Mis abuelas sabían hacerlo todo! Hoy se perdieron los valores. Antes la mamá era la persona con la que una persona aprendía a ser ama de casa, la que te bajaba un cambio de un cachetazo, la que se sentaba a hacer los deberes con vos. Hoy hay mujeres que no pueden con sus hijos porque trabajan a la par del esposo o porque son madres solteras".
Juan Ramiro Alcaino: "Con poquito mi abuelita cocinaba rico: anchi, frangollo, sopita de entrada sí o sí, bollos, flan de maizena... Cuántos recuerdos!!".
Verónica Vásquez: "Las madres de ahora nos animamos a separarnos sin importar lo que digan los demás. No vivimos al lado de alguien que nos engaña y golpea. Conozco muchas señoras de antes que hoy siguen viviendo así. Las madres de ahora salimos a laburar y no necesitamos de ningún hombre para darle de comer a nuestros hijos".
Aldo E. González: "Las mamás de ahora van marcha atrás, con el face y wsp para completar, ja".
Martha Nayar: "Las mamás de hoy están a expensas de los caprichos de los adolescentes y jóvenes. Cada día exigen más y responden menos como hijos".
Marcos Martínez: "Lo malo es que las madres de ahora le dan mucha libertad a sus hijos".
Néstor Fabián: "Hay una gran diferencia! Las madres de antes sabían dominar la situación en todo sentido, desde trasmitir a sus hijos los valores fundamentales a darnos de comer con unos pocos pesos. Es verdad que dependían de lo que el marido traía a la casa, pero estaban ahí para acompañarte y corregirte!".

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