La mujer de Rosario de la Frontera cumple un rol destacado en la sociedad local. Inserta en diversas instituciones intermedias, son un pilar que impulsan el cambio de paradigmas y van más allá: buscan cambiar la realidad de cientos de personas que, por diversos motivos, se hallan excluidas socialmente.
Es el caso del grupo de madres que sostienen la Fundación Pueblo Solidario Casa Sol Día, una institución que busca integrar social y laboralmente a personas especiales. Su sede funciona en Avellaneda 282, del barrio Manuel Belgrano, de lunes a viernes de 16 a 19.
Allí 20 jóvenes y adultos con discapacidad cognitiva desarrollan sus talentos y habilidades mediante el aprendizaje de oficios como panadería, carpintería, cotillón y bijouterie, a la par de teatro, folclore, plástica y educación física.
La Provincia les dio la actual sede en comodato por 25 años. Se mantienen gracias al aporte de socios, vecinos, comercios y empresas y con un subsidio que reciben del Gobierno. Los jóvenes y adultos que concurren no abonan ningún tipo de arancel.
"A través de la educación los jóvenes adquieren su desarrollo personal y social, lo que posibilita su participación como miembro activo de la sociedad", dijo la presidenta de la Fundación, Graciela del Carmen Adad de Bravo. Docente jubilada, reparte su tiempo entre la familia y la fundación.
La mujer se hizo cargo de la presidencia en 2009 y desde 2013 la acompañan Lidia Pizarro en la vicepresidencia, Claudia López como secretaria; María Ester Daldos de López como tesorera y Blanca Ávila de Barragán como protesorera.
"Me gusta hacer, andar, estar con la gente y en constante actividad. Quiero ser útil para la sociedad y máxime en este caso en que trabajamos con personas con necesidades especiales y que tanto nos necesitan", afirma.
Un grato trabajo
Claudia López es mamá soltera y trabaja de una manera muy comprometida con la fundación. "Es muy grato estar con estos chicos que nos necesitan y tienen tanta vida y ganas de hacer cosas. La gran mayoría de los alumnos son humildes. Acá les damos el material para trabajar y la merienda".
La mujer agrega contundente: "Más que alumnos y docentes, somos una verdadera familia, una gran familia".
Integración
Lidia Pizarro es otra de las mujeres que dedica gran parte de su tiempo a la fundación. También es docente jubilada y resaltó que una de las acciones más destacables son las que realizan en conjunto con otras instituciones educativas del medio, que les permiten cumplir con los objetivos propuestos. "Hicimos visitas de integración a la escuela rural de Horcones, la Juana Manuela Gorriti y la Manuela Pedraza. De esta manera cumplimos todas las expectativas que teníamos, como por ejemplo, construir espacios de inclusión, integración e intercambio con los alumnos y docentes de las escuelas", explicó.
En el mismo sentido, Lidia afirmó: "La actividad nos posibilitó la oportunidad de poner en práctica una educación inclusiva que favorece a los estudiantes, que aprenden a convivir unos con otros más allá de las diferencias".

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