Con caras largas como consecuencia de un típico lunes y el cansancio de una causa que va llegando a su fin, el juicio por Marcela Mamaní continuó ayer en la Sala III del Poder Judicial. Comenzó casi dos horas más tarde de lo previsto, cuestión que acrecentó la fatiga de los presentes. La audiencia se lleva a cabo en contra de José Javier Aramayo, expareja de la joven de 25 años quien desapareció el 16 de febrero del 2012. Por primera vez en la historia jurídica de Salta, se pone en marcha una causa por homicidio sin que el cuerpo de la víctima haya aparecido. Cintia Emilce Medina, licenciada en Trabajo Social -actualmente en la Oficina de Violencia Familiar-, se presentó como testigo y comprometió la situación del acusado.
"En 2010 entrevisté a la señora Mamaní, en el informe expuse el pronóstico que era de un alto riesgo de vida, muy emergente", expresó la licenciada al ser consultada por el fiscal Pablo Paz. La mujer indicó que a diferencia de las entrevistas en general que tienen una duración aproximada de 40 minutos, esa duró casi tres horas. "Ella me dijo que había realizado varias denuncias por violencia familiar, que sufrió hechos de violencia física e incluso después de tener relaciones sexuales también había violencia", contó al tribunal.
Lo expuesto en ese momento por la víctima terminó siendo la crónica de una muerte anunciada. Según la licenciada, "sentía real temor de muerte, sentía que se moría". Entre los distintos hechos que le contó Mamaní, fue una agresión física que sufrió en plena vía pública. "Fue un intento de ahorcamiento en la vía pública, donde intervinieron otras personas", expresó. Según la licenciada, Aramayo la tenía amenazada. "Le decía que él ya había estado preso por lo sucedido con su anterior pareja, a quien habría matado con un golpe en la cabeza y a ella le iba a pasar lo mismo", dijo.
El presunto criminal de Marcela Mamaní utilizaba su devoción con San La Muerte para manipular la voluntad de su expareja. "Le decía que como era devoto de San La Muerte terminaría quedando en libertad y ella creía en eso". En el informe, ella expone que no quería estar con él pero que la retenía por intermedio del santo. En más de una oportunidad, Aramayo habría puesto cabello o alguna prenda de vestir de Marcela a los pies del santo. Tras ser consultada sobre cómo era el relato de la entrevistada, la licenciada sostuvo que era coherente. Otro de los indicadores de riesgo que manifestó fue que el acusado consumía mucho alcohol y en estado de ebriedad la violencia se potenciaba. "Era muy celoso no quería que ella trabajara cama adentro", contó.
Dependencia
"Ella tenía dependencia emocional y psicológica", apuntó Cintia Medina. La primera en relación a lo afectivo y la segunda por el temor de morir.
"¿Hubiese sido capaz de dejar a su hijo?", preguntaron. "No sería capaz de irse y dejar a su hijo, todo el tiempo decía que nunca lo dejaría", contestó la licenciada. Lo expuesto por la profesional develó una situación que quizás sea lo único que comparten las partes: la pobre investigación que se realizó sobre un grave hecho que se cobró la vida de una joven de 25 años, madre de un niño de 4. "Ella quería irse a Buenos Aires, lejos, pero tenía mucho miedo", dijo.

Careo entre Aramayo y Ocaranza
Con discursos diametralmente opuestos, hoy cruzarán testimonios. Después del relato de la licenciada Medina, el presidente del Tribunal, Pablo Farah, junto a los vocales Carolina Sanguedolce y Ángel Amadeo Longarte le dieron lugar al Indio Aramayo. "Quiero desmentir y negar lo dicho por el señor Ocaranza el viernes. No lo conozco, nunca estuve en ese grupo de cinco o seis personas, no consumo (drogas) y me pueden hacer exámenes médicos. Tampoco vendí drogas. No agredí a nadie en la vía pública y tengo temor a andar en moto. No sé de dónde sacó tantas barbaridades, por qué no habló antes, pasaron cuatro años". Tras negar su relación con Ocaranza, solicitó el careo. Los integrantes del Tribunal dieron un cuarto intermedio y luego confirmaron el careo para hoy.

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