Cuando llegue a la Casa Blanca en enero, Donald Trump no nombrará a un fiscal especial que Investigue a la candidata demócrata Hillary Clinton por el escándalo de los correos electrónicos o la Fundación Clinton ni intentará que sea juzgada y hasta encarcelada por esos casos, tal como prometió durante su campaña. Así lo ha confirmado una de sus asesoras más cercanas, la que fuera su jefa de campaña, Kellyanne Conway, a la cadena MSNBC, a la que dijo este martes que el presidente electo tiene otras cosas más importantes a las que dedicarse cuando ocupe el Despacho Oval.
"Creo que cuando el presidente electo, que también es el jefe de tu partido, dice delante de ti antes incluso de haber asumido la presidencia que no tiene intención de continuar con esos cargos, eso envía un mensaje muy fuerte, un tono de contención a los miembros" del Partido Republicano, dijo Conway. Un mensaje directo a los republicanos en el Congreso que también habían abogado por continuar las investigaciones que lastraron la campaña de la demócrata, a pesar de que el FBI la exoneró en dos ocasiones.
Especialmente el uso de un servidor privado durante su era como secretaria de Estado y el haber borrado más de 30.000 correos electrónicos fueron un arma que Trump usó de forma constante contra su rival durante el año y medio de campaña electoral. El entonces candidato presidencial republicano fue endureciendo el tono y gustaba en sus mítines de escuchar cómo el público gritaba "que la encierren, que la encierren" cuando hablaba de Clinton. El momento más tenso se produjo durante el segundo debate presidencial, en San Luis (Misuri) en octubre, cuando dijo que, de ganar el 8 de noviembre, instruiría a su fiscal general para que nombre a un fiscal especial que investigue los correos electrónicos enviados por Clinton como secretaria de Estado, entre 2009 y 2013. Cuando la candidata demócrata respondió que, por suerte, Trump no estaba a cargo de la ley, este replicó: "Porque estarías encerrada". Una amenaza que le valió sus buenas críticas por insinuar que como presidente podría intentar influir en otras ramas del gobierno, pero ovaciones entre sus seguidores. Del mismo modo, su cambio de opinión ahora también puede ser visto, como señalaron varios medios estadounidenses, como una nueva potencial injerencia del poder legislativo en el judicial, ya que es este el que debería decidir, sin influencias externas, si considera que hay un caso viable contra Clinton o no.
"Tiene muchas cosas en las que pensar mientras se prepara para ser presidente de Estados Unidos y hay cosas que sonaron durante la campaña que no están ahora" en su mente, aseguró este martes Conway, una de las personas más cercanas durante la campaña y en este periodo de transición al presidente electo, en cuyo nombre sigue hablando ante los medios.
Aunque las declaraciones de Conway son, hasta ahora, la prueba más contundente de que Trump no tiene interés o intención en seguir atacando a la que fuera su rival, no es la primera vez que da muestras de echarse para atrás en sus amenazas de campaña. Ya lo hizo durante su discurso como ganador en la madrugada electoral, cuando reveló que había recibido una llamada de Clinton para felicitarle por su victoria y elogió a la demócrata. "Hillary ha trabajado durante mucho tiempo y de forma muy dura y tenemos con ella una gran deuda de gratitud por su servicio a nuestro país", dijo en aquel entonces el ya presidente electo. En su primera entrevista como próximo inquilino de la Casa Blanca, al programa "60 Minutes" de la cadena CBS hace una semana, volvió a matizar sus amenazas al afirmar que no quería "hacerles daño" a los Clinton porque "son buenas personas".
Según Conway, "una mayoría de estadounidenses siguen pensando que (Clinton) no es honesta ni fiable", pero el presidente electo está dispuesto a echarle una mano. "Si Donald Trump puede ayudarle a curar las heridas, entonces quizás sea bueno".


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