Cerca de las 18.30, la vereda de Paseo Güemes y Juramento se vistió de azul. Había pequeños, adolescentes, madres, padres y amigos que asistieron a la convocatoria de la Fundación Ojos de Cielo para marchar en el Día Mundial de la Concientización sobre el Autismo.
"Buscamos que la sociedad conozca cómo siente y piensa una persona con autismo. Así, los pequeños podrán vivir de otra manera", destacaron María Eugenia y Adrián, padres de una niño con autismo.
A su lado estaban Claudia y Diego, amigos de la pareja. "Queremos acompañar a nuestros amigos y hacerles saber a los que nos escuchen de qué se trata el autismo", afirmó Claudia. Adriana tiene 14 años y se movilizó por los derechos de su hermano de 22. "Cuando yo llegué él ya estaba y comparto todo con él, sobre todo los amigos que tengo en la escuela, que ya lo conocen y saben cómo es", contó Adriana.
Luciana Pérez Teseira es una de las coordinadoras de Ojos de Cielo, que junto a un grupo de madres convocó a esta movida que se repite por tercera vez en Salta.
"Desde 2012 venimos haciendo este evento. Es una forma de plegarnos a la convocatoria que hace la ONU en este día y que se identifica con el color azul. En Salta creemos que se debe concientizar porque la cantidad de casos va en aumento. Hoy se habla de 1 caso cada 68 personas en el mundo. Sabemos que en Salta la cantidad de niños con diagnóstico va en aumento porque las consultas a la fundación fueron en aumento", afirmó Luciana.
El diagnóstico
La referente de Ojos de Cielo destacó que el número de diagnósticos creció porque -ante la difusión que existe sobre el trastorno- los profesionales están más alerta. "El autismo se puede diagnosticar a los 18 meses de vida del niño con un cuestionario de 25 preguntas. Entonces hay que estar alerta a las señales que dan nuestros hijos", agregó Luciana.
En medio de la marcha, El Tribuno se encontró con Luisa, abuela de un pequeño de 9 años diagnosticado hace dos. "Creo que nuestros pequeños necesitan que los apoyemos. Por eso estoy acá", sentenció.

El derecho a la educación

Sobre la reja del Colegio Nacional, una mamá organizaba los ramos de globos para la marcha. Sandra tiene un pequeño de 11 años con autismo, diagnosticado a los 8 años. Hoy su hijo asiste a un programa especial en la escuela Pereyra Rozas.
Antes del diagnóstico, su hijo asistía a una escuela pública que se negó a reinscribirlo porque no contaba con el apoyo de una docente integradora. Es que Sandra y su hijo no tienen obra social. Durante dos años, Sandra tuvo que tocar muchas puertas para que su hijo reciba educación. "Estoy aquí para que la gente tome conciencia y conozca de las necesidades de nuestros hijos", afirmó la mujer.

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