A fines de 2014, Elizabeth Ruth Rodríguez de Ortega se sentía una madre plena y feliz. Su hijo, Iván Ortega, de 23 años, había egresado como gendarme y fue destinado a un puesto de control en Desaguadero, una localidad mendocina que limita con la provincia de San Luis. El joven se instaló allí para cumplir su labor y todo parecía normal, pero pasó un mes y medio y el 17 de febrero Elizabeth recibió la peor noticia.
"Me llamaron desde Gendarmería para avisarme que mi hijo había fallecido. Apareció muerto, ahorcado, en su lugar de trabajo. Mis hijas y yo quedamos destrozadas. Vivimos una pesadilla", manifestó Elizabeth, oriunda de Salvador Mazza y domiciliada actualmente en el barrio La Paz de la capital salteña. El juez federal 1 de Mendoza, Walter Ricardo Bento, caratuló el hecho como "supuesta muerte dudosa". Elizabeth está convencida de que a su hijo lo mataron.
"Cuatro días antes de que me llamaran avisándome que estaba muerto, él había recibido amenazas en su teléfono celular que decían que lo iban a golpear y le escribió un mensaje a su mejor amigo para contarle sobre las mismas. Después cambió su número de teléfono", sostuvo la mujer.
"Tras saber de su muerte, ese amigo me dijo 'Ivancito recibió amenazas' y me contó pero no le creí. Por eso decidió cambiar su número", añadió.
"Yo tengo la copia del mensaje donde dice que lo van a golpear. Le reclamé al amigo por qué no me avisó nada antes y el me dijo que ni se imaginó que esto iba a pasar", aseguró.
"Ya se cumplió un año de la muerte de mi hijo y la Justicia sigue sin investigar sobre las amenazas", expresó.

Irregularidades

El hallazgo de guantes en la escena del hecho y pericias truncas generaron más dudas. "Al lado del cuerpo de mi hijo aparecieron guantes de látex. ¿Quién los usó? ¿Para qué? Nunca me lo explicaron. Además, tenían que hacer el estudio con el luminol y no lo hicieron. El peritaje al celular de mi hijo tampoco se concretó porque dijeron que no era posible, que toda la información se había borrado y que estaba obsoleto", hizo hincapié Elizabeth.
"Mi hijo había entrado a trabajar el lunes 16 de febrero de 2015, a las 8, y tenía que salir el 17, a la misma hora. Ese lunes él me llamó al mediodía y todo estaba bien. Tres horas después ya estaba muerto. Apareció ahorcado". Elizabeth viajó hacia la provincia de Mendoza en marzo del año pasado en búsqueda de algún dato. "Fui casa por casa preguntando. Pienso que el asesino pudo ser alguien del entorno de ella o por los operativos que mi hijo hacía", agregó.
Cansada de viajar, tocar puertas, pedir ayuda y no encontrar respuestas, decidió unirse a la Comisión de Familiares Contra la Impunidad y participó de su primera marcha. "Ellos tienen el mismo problema. Voy a marchar todos los viernes por él en la plaza, hasta que la justicia responda", culminó.

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