La Fundación Salteña de Ciegos está próxima a cumplir 12 años desde su creación. En diálogo con El Tribuno, su fundadora y actual presidente, María Elena Pastrana, licenciada en Comunicaciones Sociales, habló sobre el origen, funcionamiento, miembros, actividades y necesidades.
¿Como surgió la Fundación?
Yo perdí casi toda la visión por un desprendimiento de retina que sufrí cuando tuve el parto natural de mi hija, porque yo tenía miopía, y no había un centro de rehabilitación. Entonces, junto con varias personas, comenzamos a hacer muestras de tiflología, desde 1999 hasta el 2003, para la toma de conciencia de nuestra problemática, para que alguien nos ayudara, pero no pasaba nada. Luego apostamos a crear nosotros mismos la institución. El 16 de abril de 2004 nos otorgaron la personería jurídica y ahora vamos a cumplir 12 años. Este es el único centro de rehabilitación y capacitación para personas con discapacidad visual adquirida de la provincia de Salta.
¿Como está conformada?
Actualmente se están rehabilitando dos personas en la institución. Julio Acuña, de 32 años, quien tiene ceguera total por glaucoma, y Marcela Sosa, de 30 años que padece retinitis diabética. Además, hay cuatro personas preinscriptas que comenzarán este mes.
Quiero aclarar que esto no es un colegio. No se matricula. Las personas vienen completamente en situación de duelo por asumir la nueva realidad de la ceguera. Aquí incorporarán técnicas y herramientas necesarias para adquirir autonomía e independencia.
¿Que actividades se realizan?
Ellos asisten los miércoles y jueves a nuestra sede en la calle San Luis 491. Tienen orientación y movilización, Sistema Braille, Contención terapéutica, Emprendimiento, y quisiéramos brindarles más materias, pero por cuestiones económicas no puedo emplear más profesionales.
¿Que sucede en el plano económico?
El Gobierno nos aporta escasísimos recursos. Ahora no contamos con el dinero para costear todos los gastos. Se nos destinan 8.294 pesos y con ese monto se pretende que se dé cobertura a las remuneraciones de los profesionales: un profesor de ciegos y una psicóloga y a todos los costos de funcionamiento. No quieren considerarme el alquiler. Hasta el año pasado lo hacían, pero ahora no. Nos quedamos sin ordenanza ni administrativo. En este momento yo vengo, limpio, hago la merienda, las tareas administrativas, todo. Tiempo atrás yo cubría los gastos con mi sueldo pero me jubilé y ese dinero ahora no me alcanza.
¿Como piensan afrontar este 
problema?

Estamos en la búsqueda de padrinos. Los necesitamos para poder seguir adelante. Apelamos a la solidaridad de la comunidad en general invitándolos a ser padrinos de la Fusac.
La rehabilitación es un derecho impostergable que no puede negarse a nadie que lo necesite. Además, del tremendo shock que produce la inesperada realidad de la discapacidad visual nos tenemos que enfrentar con la indiferencia de ciertos sectores.
¿Es posible que aún no se comprenda que la discapacidad está a la vuelta de cualquier esquina, de cualquier persona? Yo no quiero que nadie pase por lo que yo tuve que pasar: caerme en las calles, voltear a mis hijas. Esperamos contar con la colaboración de muchos y poder garantizar a más personas el derecho de rehabilitarse. Poder cubrir el alquiler y contratar más profesionales.

¿Qué te pareció esta noticia?

Aparecen

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora