María Sáenz Quesada nació en Buenos Aires y se licenció en Historia en la Universidad del Salvador. Es profesora, investigadora y escritora.
Desde 1985 es subdirectora de la revista "Todo es Historia". Colabora habitualmente en temas de su especialidad en el diario La Nación y en otros periódicos y revistas. Ha dictado conferencias y cursos en el país y en el exterior.
Es autora, entre otros títulos, de Los Estancieros, La República, El Estado rebelde, La Argentina, Historia del país y de su gente, La Libertadora, De Perón a Frondizi 1955- 1958 e Historia pública y secreta , entre otros.
En diálogo con El Tribuno, la historiadora repasó los doscientos años de historia, desde 1816 a la actualidad. Destacó la excelencia de la educación en los primeros años del siglo XX y aseguró, entre otras cosas, que los argentinos tenemos larga experiencia respecto de las dicotomías.

¿En estos 200 años de independencia qué frustraciones y qué aciertos observa?
En los 200 años de vida independiente se construyó una República, representativa y federal y se organizó un sistema de instituciones inspirado en los modelos más avanzados de su tiempo.
No obstante, persistió la tendencia a despreciar la ley y durante largos períodos del siglo XX se impusieron gobiernos autoritarios y dictaduras que desandaron el camino emprendido.
Uno de los aciertos fue la ley 1420 de educación pública, que permitió contar con una población altamente alfabetizada en los primeros años del siglo XX.
Lamentablemente, en las últimas décadas se advierte que la excelencia de la educación argentina es cosa del pasado. Hace falta retomar el impulso perdido y asumirlo como política de Estado, como lo fue en su época de esplendor.
Ha estudiado en profundidad el período que va desde la Constitución del 53 a la Ley Sáenz Peña. En este sentido, ¿cuáles son las materias pendientes de la democracia y la institucionalidad en nuestro país?
En el período que va de la Constitución de 1853 a la sanción de la ley electoral Sáenz Peña, como dije, se destaca la ley 1420, también la conscripción obligatoria que igualó a los ciudadanos varones en la defensa nacional; la apertura a la inmigración fue otro de los rasgos dominantes de las políticas de Estado (con excepción de la ley de residencia que permitió deportar a los extranjeros sospechosos de actividades subversivas).
Desde el punto de vista de la economía, el país se situaba como gran exportador de materias primas y eso le permitió crear una estructura ferroviaria y portuaria. En materia internacional, se mantenían buenas relaciones con las potencias europeas con prioridad en Gran Bretaña y más distantes con los Estados Unidos.
"La llegada de gobernantes electos por el voto popular abría la posibilidad de contar con una sociedad más igualitaria. No fue así. La prosperidad económica quedó afectada por la crisis de 1930".
Ese período de la Argentina moderna, bajo gobiernos conservadores y liberales, culmina con la ley electoral que termina con la arbitrariedad en los comicios. La llegada de gobernantes electos por el voto popular abría la posibilidad de contar con una sociedad más igualitaria. No fue así. La prosperidad económica quedó afectada por la crisis mundial de 1930, y el país, con menos recursos que antes, no logró avanzar en la segunda posguerra mundial en la medida de las obligaciones que genera el moderno Estado de bienestar.
De mal en peor, llegamos a 2016, luego de un período en el que a pesar de que se recuperó la capacidad exportadora hay un elevado porcentaje de pobres y de marginados, bajas calificaciones en educación, altísimos niveles de corrupción y de desprecio a la ley...
Todas de estas son materias pendientes, en las que es preciso no solo enderezar lo dañado sino en muchos casos empezar de nuevo.
Suele decirse que la nuestra es una historia de dicotomías: unitarios y federales, radicales y peronistas... ¿Cuáles son los antagonismos más actuales a nivel social? ¿Puede hablarse de fractura o de grieta?
En materia de antagonismos tenemos una larga experiencia. Me parece que hoy la fractura divide a quienes consideran que el Estado es un bien mostrenco, a disposición de quien sepa aprovecharlo para sí, sin obligación alguna, y quienes pensamos que es indispensable recrear una conciencia de lo público, del servicio estatal, de la responsabilidad de cada uno en la búsqueda del bien común.
Esta república sin leyes, con jueces más atentos a los vaivenes de la política que asegurar el cumplimiento de la ley, tiene las consecuencias dolorosas que vemos a diario en la crónica policial y que nos abruma con su violencia.

¿Cuál cree que es el rol del historiador en el siglo XXI y cuál la metodología más eficaz para abordar la disciplina en la era globalizada?

El rol del historiador es estudiar, investigar y enseñar tomando como base el pasado, pero sin dejar de lado las responsabilidades del presente.
Serenar los ánimos y procurar que el enorme material que aporta al conocimiento la globalización pueda ordenarse y comprenderse. Desde ya la tarea es inmensa.
En este bicentenario, ¿cuáles considera que han sido los grandes cinco personajes, tanto del siglo XIX como del XX?
De los que conocí, Raúl Alfonsín, porque fue demócrata a carta cabal. De la época fundacional, Manuel Belgrano y José de San Martín.
En la educación, Domingo Faustino Sarmiento y en la cultura, Jorge Luis Borges.
En "Las cuentas pendientes del Bicentenario" analiza las debilidades del imperio americano, ¿cómo ve al mismo bloque de países en la actualidad?

Los países americanos que formaron las nuevas naciones en el siglo XIX, al emanciparse de España, mantienen en el siglo XXI su individualidad y también ciertos rasgos comunes.
Hoy parece que el fenómeno dominante es el ocaso de los populismos nacidos en la prosperidad, y que será necesario encontrar nuevas fórmulas, con más honestidad y más sentido común para dar un principio de solución a las cuentas pendientes de este Bicentenario.

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