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Marianela fue víctima de un macabro femicidio al resistir un abuso sexual
Caraparí está de luto y Salta lamenta un femicidio más en su tierra. Marianela Gracionis, la joven de 21 años que desde el 18 de abril estaba desaparecida, fue víctima de un femicidio cometido por un hombre que intentó abusar de ella y que, al no lograrlo, le arrancó la vida.
Ayer, poco después del mediodía y tras 18 jornadas de intensa búsqueda, la Policía de Profesor Salvador Mazza encontró su cadáver enterrado en la parte de atrás de la casa que cuidaba Juan Arraya. Él era el principal sospechoso del secuestro, tanto que hace diez días, al ver el avance del investigación, se quitó la vida.
El hallazgo de los restos de Marianela entristeció a su pueblo. Pero también develó un homicidio macabro y estratégicamente cometido.
"Arraya plantó distintas pruebas para tratar de desviar la investigación y eso nos obligó a mantener abiertas varias hipótesis y trabajar sobre cada una en forma simultánea", explicó ayer el fiscal penal de Salvador Mazza, Armando Cazón.
El ataque
Marianela fue secuestrada el 18 de abril, cerca de la medianoche, cuando regresaba a su casa en el paraje Caraparí. Ella iba a pie, por el camino de tierra, en medio de la lluvia y el frío. Se había bajado del colectivo que la trajo desde Salvador Mazza, con su prima Romina Rueda. En el ómnibus también estaba Arraya.
Después de despedirse de su prima, Marianela siguió por la oscura calle. Algunos metros más adelante, Arraya la esperaba. La investigación mostró que él había estado tomando bebidas alcohólicas con un amigo desde el mediodía hasta antes de llegar a Caraparí.
"Cuando Marianela pasó deben haber hablado, probablemente discutieron y él la llevó a una pieza que está en la parte posterior de la casa que cuidaba", explicó Cazón.
El fiscal, los investigadores de la Policía y el médico forense reconstruyeron lo que siguió.
"Ella, evidentemente, se resistió a un abuso porque la encontramos con la ropa interior y el pantalón puestos. Él, fuera de sí, la golpeó hasta matarla", añadió.
Según el médico forense, Marianela tiene fracturada la parte posterior del cráneo, un maxilar y varias costillas, además de golpes en el abdomen y la cara.
El Cuerpo de Investigaciones Fiscales encontró manchas de sangre en la habitación y en varios objetos, como un combo y una pala con los que se supone que él la golpeó mortalmente. Luego, ató sus manos y pies con un cable. Sacó su cuerpo al extenso patio, hizo un pozo y la enterró boca abajo.
Vecinos cuentan que en los días siguiente lo veían barrer hojarasca y quemarla. Luego regaba. Eso consolidó el suelo y simuló la tierra removida.
Desviar la atención
Arraya intentó copiar la estrategia del tero, que pone sus huevos en un lugar y grita en otro. A los dos días de haberla secuestrado, envió desde el celular de Marianela un mensaje a Genaro Gracionis, primo de la joven, diciendo que estaba en la ciudad de Salta, con su novio y que regresaría el sábado 23 para lo cual pedía un pasaje. Se pensó que ella se había ido por su voluntad, pero no respondía las llamadas.
El 25 de abril aparecen una remera, la carcaza del celular, un cuaderno y ropa íntima de ella en el camino a Arenales, cerca de Caraparí. Primer indicio de que fue agredida por la zona.
El rastreo del celular mostró que el aparato estaba en Bolivia. Se pensó, entonces, en un secuestro.
El 27 de abril, Arraya se quitó la vida y dejó varias cartas que orientaron la investigación a un femicidio en el paraje.
Un patrón y varias pistas
"Fue clave el hallazgo de un patrón lingístico que une el mensaje de texto que recibió el primo, las cartas que Arraya dejó escritas y unos mensajes que él había intercambiado con su novia; las similitudes en la redacción y en errores ortográficos nos marcaron el camino a Marianela", dijo Cazón.
Este jueves, el fiscal habló con el padre de Arraya quien, quebrado, admitió que su hijo "había cambiado" desde la desaparición de la joven. Ese día volvieron a la casa y varios objetos les llamaron la atención. Ayer, cinco policías hallaron cables colgados en el alambrado del terreno. El ojo entrenado les hizo ver una gota de sangre seca en una hoja. Cavaron. En el quinto pozo que hacían la tierra estaba muy compacta, lo iban a cerrar cuando uno dijo que sentía olor y siguió solo. Unas paladas más y vio una zapatilla de la joven.

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