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Más de 45 mil fieles unidos por la Virgen del Cerro
Solos o acompañados, salteños o de otros provincias, parejas, matrimonios, en familia, con vecinos o compañeros de la parroquia del barrio. Todos ellos encontraron una razón para unirse y acercarse desde distinto puntos del país, de la provincia y de la ciudad para agradecer a la Virgen del Cerro, para recibir sus bendiciones ayer a la tarde.
La fiesta en honor la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús cumplió una edición más y la convocatoria fue abrazadora para este último encuentro del años entre los devotos de la Virgen del Cerro y María Livia, la mujer que dice recibir mensajes de la Virgen María.
Según estimó la Policía de Salta, ayer participaron de la procesión de velas en el cerro más de 45 mil personas. Según los datos proporcionados por el Servicio de Emergencia 9-1-1- hasta pasadas las 17 habían asistido a unas 150 personas, el 80% con crisis de hipertensión.
"La mayoría de los que vienen tiene enfermedades crónicas y están medicados, pero si se suma una cuota de emotividad, todo empeora. Aparte, la altura suma", contó a El Tribuno la médica del Samec, Gladys Echazú.
La procesión y posterior entronización de la Virgen del Cerro acompañada con cánticos de alabanza fue el cierre de una jornada de júbilo para los creyentes. Miles de velitas encendidas avanzaron en columna hasta llegar al altar de la Inmaculada, donde se la depositó hasta el próximo año.
La multitud pone a prueba a los servidores de la Virgen, como se denomina a los voluntarios que asisten a los fieles en el cerro. Según Sergio Terán, responsable de área de prensa, son 200 los de Salta y, con los de otras provincias, ascienden a 600. Durante toda la tarde debieron ayudar a cada una de las personas que se acercaron a orar.
La mayoría de los fieles estuvieron sentados en el predio. Adelante de ellos, había un santuario cuyo centro visual era la imagen de una virgen suplicante rodeada de rosas, lirios y crisantemos blancos. También había velones encendidos a sus pies. Los devotos no dejaron de mirarla mientras transcurría la misa principal.
La celebración estuvo presidida por el padre Marcelo Pomar, de la iglesia San Alfonso, designado por el arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello. Lo acompañaron una decena de sacerdotes que se sumaron voluntariamente a la celebración. Algunos son de la ciudad y otros del interior. Hay de otras provincias también.
Uno de los momentos más importantes fue cuando el padre Pomar le presentó a la muchedumbre el Santísimo y, junto al resto de los religiosos, recorrieron el predio. A su paso, mientras los servidores esparcían incienso en el aire, los fieles sacaron sus cámaras y celulares. Algunos extendieron sus manos, otros se arrodillaron. Millones de razones se entrelazaban a través del hilo de la fe. Los creyentes deseaban capturar esa gracia y lleváserla a sus hogares. Un grupo de vecinas, tías y primas del barrio San Benito, se acercó para cumplir una promesa por la gracias recibidas.
Así también lo vivieron los servidores y los peregrinos que llegaron desde todo el país.

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Sección Editorial

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