Más de 500 devotos participaron de la fiesta en honor a la Virgen de Fátima, en finca Mirce, ubicada a la vera de la ruta nacional 68 entre Cerrillos y La Merced. Allí, se erigió hace dos décadas una pequeña capilla en el preciso lugar donde los lugareños aseguran, la Virgen se le apareció a un trabajador rural. A partir de entonces todos los años se celebra una misa y se realiza una procesión por la zona rural. Luego, los fieles llegados desde todos los puntos del Valle de Lerma e incluso de otras provincias participan de un almuerzo comunitario. No son pocos los testimonios de gente que asegura que allí suceden milagros.
Las actividades religiosas estuvieron a cargo del padre Correa. Ferderico López, uno de los organizadores, contó que es una festividad que se caracteriza por su alegría. "Toda la gente se esmera por ofrecerle lo mejor de sí a la Virgen".
López agradeció, además, la colaboración del intendente de La Merced, Juan Angel Pérez; de Cerrillos, Yolanda Vega, "que hicieron posible que todo esté en condiciones para recibir a tanta gente y agasajarlos".
El tramo del camino rural, de poco más de un kilómetro, que se extiende desde la ruta nacional 68 hasta el templo, fue ornamentado con guirnaldas y arreglos florales de papel crepé, mientras que en el acceso a la capilla montaron un enorme corazón de flores a modo de pórtico, una decoración que ya se convertido en una verdadera tradición.
Un origen curioso
El origen de la veneración a Fátima en La Falda es llamativo. El primer hecho que llamó la atención de los lugareños y que los impulsó a dirigir su mirada hacia esta advocación ocurrió a fines de los 80.
Por aquellos tiempos una imagen de la Virgen, llegada desde Buenos Aires a Salta, recorrió el interior de la provincia. En su visita a Cerrillos y mientras era transportada en procesión por las fincas de La Falda, accidentalmente cayó en medio de una acequia de baja profundidad y colmada de piedras. Llamó la atención de todos que no sufriera ningún daño. Allí mismo decidieron levantar una gruta.
Pasaron los años y un obrero rural llamado Carlos López aseguró haber visto a la Virgen, quien le habría indicado levantar un templo en el lugar.
Es así que año tras años fue creciendo el número de gente que acude cada 13 de mayo para honrarla, en la capilla que finalmente se erigió en su honor.
"La Virgen me pidió que levantara una capilla"
La creciente devoción de los cerrillanos a la Virgen de Fátima se remonta a 1995, cuando Carlos López (73), un trabajador rural del paraje La Falda, aseguró haber recibido un mensaje de la Virgen en una visión.
"Me encontraba en mi casa, en finca Mirse, cuando vi que toda la habitación se iluminó. La imagen de la Madre de Dios se corporizó frente a mis ojos y sentí que me llamaba por mi nombre", contó López.
También recordó: "Fue un momento mágico, indescriptible, de mucha paz. Luego, tuve otras experiencias de ese tipo y en una de esas oportunidades, ella me encomendó que levantara una capilla en su nombre en el lugar. Así lo hice, con ayuda de la gente de la zona y con la anuencia de la dueña de la finca".
Actualmente, el santuario es visitado por cientos de fieles, quienes todos los 13 de mayo renuevan su devoción a la Virgen de Fátima y participan de una oración "sanadora", encabezada por el propio Carlos López, que tiene lugar momentos antes de la celebración de la misa central.
El obrero se concentra, pone sus manos sobre los hombros del fiel que tenga en frente.
Ambos rezan y, se asegura, los enfermos regresan a sus hogares sanos; los tristes, alegres; los que albergan odio, con el alma colmada de amor.

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