En diciembre de 2001 Argentina entraba de lleno en la crisis económica más grande de su historia y el corralito estaba en plena vigencia.
En La Habana se celebraba el encuentro del Foro de San Pablo que reúne a todos los partidos de izquierda y centro izquierda del mundo, presidido por Fidel Castro.
Junto a colegas argentinos de Página 12 y la entonces revista TXT, cubríamos el encuentro y le solicitamos una entrevista a Fidel, quien nos prometió concederla al término de la cumbre. Cuba estaba en conflicto con el gobierno de Fernando de la Rúa porque Fidel le había dicho "chupamedias de los yankees" y Argentina retiró a su embajador, dejando en manos del cónsul las relaciones diplomáticas. Este pidió al colega de Página 12 que intercediera ante Fidel para que "rectificara o ratificara sus dichos", lo que provocó la reacción del colega ante tamaña responsabilidad: "No me metan en esos asuntos que debe resolver la diplomacia", le dijo.
El final de la cumbre fue la madrugada, tras cuatro horas de un discurso de Fidel, quien desde el escenario nos llamó para realizar la entrevista.
En un departamento del Palacio de las Convenciones desayunamos con el comandante que se explayó durante unas 9 o 10 horas sobre su historia personal anécdotas de la revolución y la situación de Argentina. "Sólo un loco puede estar al mando del gobierno argentino en estos momentos", sostuvo.
Durante la entrevista habló del mundo multipolar que se avecinaba, el fin de la lucha armada reemplazada, en su opinión, por las luchas masivas de los pueblos, la posibilidad de la unidad latinomericana y las concesiones que debió hacer la revolución cubana para mantenerse en pie después de la disolución de la Unión Soviética, como el turismo masivo. El bloqueo a Cuba por parte de los Estados Unidos se iba erosionando a través de turistas norteamericanos que llegaban vía México y marcas de gaseosas estadounidenses que arribaban a la isla desde el mismo origen. También lujosos yates amarraban en la Marina Hemingway descargando grandes contigentes de visitantes.
Fidel rememoró episodios de la guerrilla en Sierra Maestra y relató que muchas veces corrió peligro su vida al verse rodeado de soldados de Fulgencio Batista, quienes en lugar de apresarlo junto a otros combatientes se rendían de manera sorpresiva por el grado de desmoralización que presentaban. De manera ineludible le preguntamos por el Che, y tras resaltar su heroísmo y el símbolo de toda una época, remarcó el grado de voluntarismo que exhibía en los combates cargando el sólo gran parte del armamento para dar el ejemplo, lo que muchas veces ocasionaba retrasos en la marcha de las columnas guerrilleras.
Sobre el fin de la charla, pidió a su secretario que convocara a las tipeadoras para transcribir en orden la entrevista, algo imposible, le dijo, su ayudante porque era domingo.
"Fidel, nos esperan en la embajada italiana", le recordó el secretario entrando el mediodía. "Que nos esperen", le respondió el comandante. Por último, y ante nuestra urgencia por escribir para nuestros medios el encuentro, nos dijo divertido: "Señores, este reportaje ha sido un caos, pero yo puedo seguir porque no tengo sueño".

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