El multimillonario Mark Cuban llamó a Donald Trump "completamente demente". Si Trump está loco, entonces está loco como un zorro... o tal vez un lobo. Trump es más lobo que zorro. Para él, como el lobo alfa, cualquier muestra de debilidad, como una disculpa o una admisión pública de error, puede significar su caída y la pérdida de todo lo que le importa. Cuando un padre, cuyo hijo murió en Iraq, criticó las declaraciones del candidato contra los musulmanes, el longevo asesor de Trump, Roger Stone, dijo que Khan era un intento de un "agente de la Hermandad Musulmana" de ayudar a la candidata demócrata Hillary Clinton, aunque más tarde abandonó esa afirmación. En su respuesta inmediata al discurso de Khan, Trump ofreció su habitual agresividad de lobo alfa. Sugirió que Ghazala Khan no había hablado en la convención porque fue silenciada a causa de su fe musulmana. Ella explicó que estaba agobiada por el dolor como para decir algo. Atrapados en los "dimes y diretes", Trump no tomó los consejos que le ofrecieron sus compañeros republicanos que lo instaron a cambiar de tema y dejar de hablar de los Khan. En su discurso ante la convención demócrata, Khan no descendió al nivel de Trump llamándolo loco, ni tampoco lo desafió como hombre de negocios. Ello habría sido engancharse con su oponente en su propio terreno. En lugar de eso, Khan cuestionó si Trump había leído alguna vez el documento fundacional de la democracia estadounidense, la Constitución. Khan fue un paso más allá al decir que Trump tenía un "alma negra", que carecía de una "brújula moral" y que no tenía la "empatía" necesaria para dirigir, y que esperaba que la familia de Trump "le enseñara alguna empatía". Antes de Khan nadie le había dicho a Trump que había valores morales y empatía, que pueden ser desplegados en contra de su voluntad de poder.

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