Tras su doble derrota en las elecciones gallegas y vascas, el líder socialista, Pedro Sánchez, se encontraba bajo máxima presión este lunes para que deje gobernar a los conservadores de Mariano Rajoy y termine el bloqueo político en España.
Los comicios del domingo en Galicia y País Vasco (norte) cumplieron los peores pronósticos para los socialistas, superados en ambos casos por el partido izquierdista Podemos y sus aliados.
Al mismo tiempo, los resultados reforzaron al conservador Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy, presidente del gobierno en funciones, que se impuso con mayoría absoluta en Galicia y salvó los muebles en el País Vasco, empatando en número de escaños con el socialista PSOE.
Días antes de esa doble cita electoral, Sánchez anunció que trataría de promover un ejecutivo alternativo al que intenta formar sin éxito el PP, carente de mayoría absoluta en el Parlamento.
Sánchez se mantiene firme en su "no" a Rajoy. Y es que no quiere que sus 85 diputados, la segunda fuerza de la cámara muy por detrás del PP (137), sirvan para entregar el gobierno a un partido al que acusa de haber acometido impopulares recortes en los años de la crisis económica, además de estar implicado en numerosos casos de corrupción.
Con los malos resultados cosechados en ambas regiones, a Sánchez le llueven sin embargo las presiones de dentro y fuera de su partido para que desista de un proyecto que requeriría pactar con Podemos y los nacionalistas catalanes, quienes insisten en celebrar un referendo de independencia inaceptable para el PSOE.
"Pedro Sánchez tiene que reflexionar" y permitir que el PP gobierne España, dijo ayer Pablo Casado, vicesecretario de comunicación de la formación conservadora.
"Lo que hay que ver es si es razonable o es posible alguna alternativa; yo en estos momentos la verdad es que lo veo bastante complicado", consideró el presidente socialista de la región de Valencia (este), Ximo Puig.
"El partido que tiene la llave hoy (...) para el desbloqueo de España es el Partido Socialista", abundó el líder de Ciudadanos, el centrista Albert Rivera, quién apoyó hace tres semanas la investidura fallida de Rajoy en el Parlamento.

Sánchez se defiende

Los comicios regionales han reactivado de lleno el juego político en un país que lleva más de nueve meses con gobierno interino.
La situación se debe a un bloqueo tenaz entre los partidos, que en caso de prolongarse hasta el 31 de octubre llevará a la celebración de unas nuevas elecciones legislativas en diciembre, seguramente el día 18. Serían las terceras en un año, tras las organizadas el 20 de diciembre pasado y el 26 de junio.
Sánchez, pese a todo, no parece arredrarse.
El próximo sábado, el comité federal del partido analizará dos propuestas suyas que se conocieron este lunes y que apuntan a proteger su liderazgo: celebrar unas elecciones primarias para designar al secretario general el 23 de octubre, y un congreso a comienzos de diciembre.
Una idea que no ha caído bien en los sectores del partido más críticos con Sánchez.
"Hundimiento electoral inmenso. Deben asumir sus responsabilidades y el PSOE cambiar el rumbo", dijo en un tono más crítico Eduardo Madina, diputado socialista, en su cuenta de Twitter.
A la presión se ha sumado Podemos, que reclama con insistencia a Pedro Sánchez liderar un "gobierno del cambio" en España.
Ayer, la formación de Pablo Iglesias retiró su apoyo al gobierno de la región de Castilla-La Mancha, en manos de un socialista crítico de Sánchez. Los suyos lo interpretan como una herramienta de "presión al PSOE de cara a posibles acuerdos de investidura" en España.

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