"Nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad para exhortarlos a celebrar "El Día de la Paz'' en todo el mundo, el primer día del año civil, 1 de enero de 1968. Sería nuestro deseo que después, cada año, esta celebración se repitiese como presagio y como promesa, al principio del calendario que mide y describe el camino de la vida en el tiempo, de que sea la Paz con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura.
Nos pensamos que esta propuesta interprete las aspiraciones de los Pueblos, de sus Gobernantes, de las entidades internacionales que intentan conservar la Paz en el mundo, de las Instituciones religiosas tan interesadas en promover la Paz, de los Movimientos culturales, políticos y sociales que hacen de la Paz su ideal, de la Juventud, Äen quien es más viva la perspicacia de los nuevos caminos de la civilización, necesariamente orientados hacia un pacífico desarrolloÄ, de los hombres sabios que ven cuán necesaria sea hoy la Paz y al mismo tiempo cuán amenazada". Así comienza la carta del Papa Pablo VI en 1968 cuando convocaba a la primera jornada mundial por la Paz, y los siguientes pontífices siguieron con esta tradición de orar y generar actividades que promuevan la paz y la conciencia de trabajar todo el año por la paz entre los pueblos y naciones. Tanto Juan XXIII como Pablo VI fueron grandes maestros de la Paz. Juan Pablo II fue un gran promotor de diálogo y paz, y Francisco lo tomó como el eje de su programa pastoral convocando a todas las religiones a orar y trabajar por la paz mundial. Este año ha convocado a la 50ª jornada mundial por la paz para el 1 de enero de 2017 con el lema "La no-
violencia: un estilo de política para la paz". Francisco nos recuerda que "la violencia y la paz están en el origen de dos maneras opuestas de construir la sociedad. La proliferación de brotes de violencia da origen a gravísimas y negativas consecuencias sociales. "Una tercera guerra mundial por partes''", es la expresión que ha utilizado en distintas ocasiones para referirse a los diversos conflictos que ocurren en el mundo.
La paz tiene consecuencias sociales positivas y permite realizar un verdadero progreso. Por lo tanto, debemos movernos en los espacios de lo que es posible, negociando vías de paz, incluso ahí donde las dichas vías parecen ambiguas e impracticables, dirá el Papa. De esta manera, "la no-violencia podrá adquirir un significado más amplio y nuevo: no solo como aspiración, deseo, rechazo moral de la violencia, de las barreras, de los impulsos destructivos, sino como enfoque político realísticos, abierto a la esperanza".
"Se trata de un método político fundado en la primacía de la ley. Si se salvaguardan los derechos de cada persona y la igual dignidad de cada uno sin discriminación ni distinción, la no-violencia puede constituir una vía realista. Es importante que siempre se reconozca la fuerza del derecho, en vez, del derecho de la fuerza". El Papa Francisco muestra un camino de esperanza conforme a las presentes circunstancias históricas: para obtener la resolución de las controversias a través de la negociación. El diálogo es el nombre de la Paz. La no violencia debe ser más que un anhelo o deseo, deben actuar para combatir el tráfico de armas. Con la paz se puede proyectar un futuro diferente, se vive un presente con esperanza y alegría, sin temores.

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