El 6 de julio de 1976 ocurrió en nuestra provincia de Salta la masacre más espantosa de su historia. Las víctimas fueron personas, comprovincianos, que vivieron aquellos años de democracia, con el gobierno electo con la mayor cantidad de votos hasta esa época, del doctor Miguel Ragone.
Fueron once personas, profesionales, estudiantes, comerciantes, docentes. Se llamaban Benjamín Ávila, Celia Leonard, Evangelina Botta, José Povolo, Ricardo Savransky, Pablo Outes, Georgina Droz, María Amarú Luque, Rodolfo Usinger, Roberto Oglietti, María del Carmen Alonso y Jorge Turk.
Esa puede ser la crónica. Yo la contaré desde mi conocimiento personal, desde la vivencia de quien estuvo en esos días, compartiendo sueños, luchas y temores.
Los jóvenes que no vivieron en esa época conocen los hechos por lo que les podemos contar. Vale la pena que lo sepan porque es una de las partes tristes de la historia.
A una de esas personas la conocí mucho, fue mi amiga, brillante profesional, era arquitecta, la Chicha Alonso. Inteligente, solidaria, con un gran don de gente, sobrina de mi también querido amigo y compadre el doctor Ragone.
Estaban presos de un gobierno de facto, militar. La dictadura. Detenidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, sin imputación de delito, porque no habían cometido delito alguno. Simplemente pensaban distinto y no estaba vigente la Constitución Nacional; había un estatuto del Proceso de Reorganización Nacional, por el que juraron jueces que siguieron en ese gobierno de hecho.
Bueno es recordar también que anterior al golpe militar ya se habían intervenido los tres poderes de la provincia, durante el gobierno de Isabel Martínez , y había sido destituido el gobernador Ragone.
A estos jóvenes detenidos los sacaron de la cárcel por la noche; lo hizo un grupo de tareas integrado por militares, bajo el pretexto que serían trasladados. Era una trágica puesta en escena. Tal traslado no ocurrió, sino que los llevaron a la ruta camino a Tucumán y en el paraje denominado Palomitas los hicieron bajar, caminar hacia el monte y los acribillaron a balazos. Así terminaron las vidas de estos jóvenes demócratas, soñadores, trabajadores.
"Una generación en la que abundaba el compromiso y no había subsidios para pensar como pensaba"
Sus sueños eran de los de una patria justa, solidaria, con trabajo; ellos eran hijos de una generación en la que abundaba el compromiso y no recibieron subsidios ni chequeras para pensar como pensaban.
Seguramente no hubieran jurado por el estatuto del Proceso: seguramente ninguno hubiera vendido sus convicciones ni hubieran dicho jamás "yo no fui; fue aquel".
Seguramente no utilizaron -ni lo utilizarían- el argumento de que "yo no sabía lo que pasaba", hubieran mirado para otro lado, porque su calidad humana y su solidaridad se lo hubieran impedido.
Eran tiempos aciagos; las detenciones ilegales, los exilios, las muertes, las desapariciones eran cosas de todos los días. Se desintegraron familias y abundaron las traiciones. En esa larga noche de nuestra historia apareció todo lo bueno del ser humano, lo solidario, y también lo malo.
Muchos dicen que hay que olvidar; yo reitero, no hay que olvidar, lo que sí hay que hacer es superar aquellos tiempos, seguir pensando y trabajando por un mundo mejor.
Los tiempos han cambiado, la juventud debe afrontar otros desafíos: la educación, las tecnologías, las ciencias. Pero la ética, la filosofía de vida, los sueños y la dignidad no hay que degradarlas nunca.
Quiero contarles a los jóvenes de ahora que hubo en aquellos tiempos otros jóvenes con sueños, con formación ética, política y profesional, trabajadores, estudiantes que luchamos por esta Argentina que cumple 200 años de independencia.
Una nación que no se debe perder esos sueños, que debe trabajar fuertemente para lograrlos, para una mejora personal y en el conjunto de la sociedad. Hacer el mayor y el mejor de los esfuerzos para que la Argentina y los argentinos tengan cada vez una mejor calidad de vida.
Ese será seguramente el mejor homenaje que podríamos hacerle a aquellos jóvenes que perdieron la vida por soñar y luchar por conseguirlos. Ahora hay que vivir para cumplirlos.

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Sección Editorial

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RICO TIPO
RICO TIPO · Hace 5 meses

AHORA TODOS ES IDILICO PERO EN ESOS AÑOS MONTONEROS ERP FAR Y OTROS MATABAN SIN ASCO, NO ERAN NENES DE PECHO LLENOS DE VALORES, ERAN GUERRILLEROS QUE QUERIAN CAMBIAR LA COSA A TIROS Y BOMBAS INCLUSIVE EN EL GOBIERNO DEMOCRATICO DE ISABEL Y DE PERON.


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