Familiares de Yolanda Segundina Barrientos, la mujer de 54 años que murió arrollada por un automovilista fuera de control el domingo pasado en el barrio Solidaridad, llegaron a la redacción de El Tribuno llorando desconsoladamente y relataron el drama que viven tras la trágica muerte.
"Eran las tres de la tarde. Nosotros estábamos terminando de guardar las cosas de nuestra verdulería, en la avenida Pontussi, frente a la comisaría 17. Lo hacíamos rápido porque un amigo iba a pasarme a buscar para ir al río. En un momento me fui adentro, al depósito a buscar frutas. Mi mamá se quedó cargando un cajón de sandías", contó Alberto Penacho (22), hijo de la víctima.
"Nuestra camioneta, una Ford F-100 gris, estaba estacionada y mi mamá estaba en la parte trasera, colocando el último cajón. Desde adentro sentí un ruido tremendo. Salí y vi a mi mamá con todo su cuerpo destrozado de la cintura para abajo", lamentó el joven. "El auto Renault 12 gris, vino por detrás y pasó de largo, se llevó puesta a mi madre", añadió.
La camioneta se desplazó 100 metros por el choque. "Estaba en punto muerto y anduvo una cuadra. En la esquina, en la parada de colectivo había una chica, pero por suerte no le pasó nada", dijo Alberto.
"Mi madre quedó delante del auto con las piernas destruidas. Ella me gritaba ­Alberto! ­Alberto! El conductor se bajó y tenía la cara ensangrentada. Los vecinos le reclamaron por lo ocurrido, pero él se hizo el malo, discutía, empezó con los insultos. También se reía. Actuaba muy raro. Dijo que se le había cruzado un perro, pero no había ninguno", recalcó.
A solo cinco cuadras, hay otro puesto de frutas y verduras, también de la familia Penacho. Allí trabajaba Verónica (33), hija de Yolanda, cuando ocurrió el accidente.
"Mi hermano vino a avisarme. Ya estaba guardando todo. Me dijo que mamá había tenido un accidente y yo desesperada comencé a correr. Un chico salió de una carnicería y me acercó en su moto. Llegué y mi mamá no tenía tejidos en las piernas, se le veían los huesos. Yo no sabía si gritar, llorar o qué hacer", contó Verónica.
Tras el choque, policías salieron corriendo de la comisaría y a los cinco minutos arribó al lugar una ambulancia del Samec que trasladó a Yolanda al hospital San Bernardo. El conductor también fue trasladado porque se golpeó la cabeza.
"El no quería hacerse el dosaje y se resistió cuando lo quisieron poner en la camilla", sostuvo Alberto.
"Subimos a la ambulancia y lo que más me dolió es que en el camino el doctor dijo: "amputación de los dos miembros''; mi mami estaba consciente, escuchando todo", se lamentó Verónica y estalló en llanto.
"Cuando llegamos al hospital no me permitieron pasar. Mi mamá me entregó su monederito. Entró al quirófano de urgencia. El doctor me dijo que no iba a resistir. Ella falleció a las 19.30", contó Verónica.
"Nunca frenó"
"El auto vino a toda velocidad. Nunca frenó, no hay huellas. Además un vecino que iba en moto dijo que minutos antes del accidente, unas dos cuadras antes, él iba en su moto y este hombre casi le rozó la pierna", hizo hincapié Alberto.
El Renault 12 quedó destrozado en la parte delantera y la camioneta Ford F-100 con daños en el sector trasero.

Era una escena dantesca
"Tratando de buscar una explicación a lo que pasó fui hasta la comisaría a ver el auto, el Renault, y vi lo peor. En la parte donde fue el impacto quedaron trozos de carne y grasita. Mi mamá era gordita y tuve que ver sus restos", dijo Edwin Penacho (30), hijo de Yolanda, en medio de una crisis de llanto.
"Sabemos que el conductor se llama Armando Flores Saravia, del barrio Sanidad. Le hicieron curaciones y ni siquiera lo demoraron, por eso nosotros pedimos justicia. Se hicieron pericias y nos entregaron algunos resultados pero faltan los de Criminalística", aseguró Edwin.
El caso está en manos de la Fiscalía penal 8.
"No entendemos por qué este asesino al volante está suelto. Para peor el martes, cuando fuimos a la comisaría, él estaba ahí y se tapó la cara. Solo se le veían los ojos. Se ocultaba y no se acercó para explicarnos nada. Nosotros no somos malas personas. Lo íbamos a escuchar, pero su actitud nos deja mucho que pensar", agregó Edwin.

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