Lihue Kao (49) migró de su país, China, a los 12 años. Su papá fue agregado económico del consulado general de Santa Cruz de la Sierra. Hace más de tres décadas, Bolivia mantenía relaciones diplomáticas con Taiwán, aunque se iría desvinculando de esta por los conflictos políticos entre China y Taiwán. Los Kao pasaron seis años en Santa Cruz y cuando el padre de familia murió, Lihue se estableció en Salta junto con sus cuatro hermanos y su madre. "Después de que falleciera mi papá, mi mamá quedó muy triste. Había muchas propuestas de volver a Taiwán, pero me parecía que ella no estaba muy convencida de hacerlo y conocimos a un profesor de la UNSa, Jorge Martínez, que es físico nuclear, que nos habló maravillas de Salta y nos despertó mucho interés", relató.

Lihue es profesora en el Instituto Alemán Europeo de Idiomas (Rivadavia 828) y en Pro Cultura Salta (Mitre 23). En el primero da chino en los niveles que establece el Marco Común Europeo para la enseñanza de lenguas extranjeras.
Los primeros cambios culturales grandes Lihue los había experimentado desde su desembarco en Sudamérica. Bajo su óptica de adolescente, la Santa Cruz de la Sierra de la década del 80 lucía como una ciudad desorganizada y homogénea. "En ese momento me sentía muy extraña. De vivir en una ciudad como Taipéi, que ya era muy cosmopolita, pasé a reinsertarme en un lugar con mucha naturaleza. Aunque la verdad es que la disfruté un montón, en un principio fue impactante", recordó. En su hogar los Kao se comunicaban en tres idiomas: taiwanés, chino y japonés, lengua heredada de la línea materna. "Mi padre era un hombre muy visionario. Él decía que nosotros debíamos aprender a la perfección el idioma del lugar, en este caso el español, de tal manera que pudiéramos insertarnos en la sociedad de manera correcta. Yo antes de entrar al colegio secundario estudié tres meses español", relató. Al trazar esta perspectiva de interculturalidad para sus hijos, el padre de Lihue mantenía diferencias de criterio con los otros taiwaneses o chinos que estaban en el extranjero y que buscaban conservar a rajatabla su lengua materna. Los Kao, puertas adentro, siguieron hablando tres lenguas y luego cuatro.

En 2006 llamaba la atención la difusión del idioma chino en Taiwán porque no era tan habitual en Sudamérica, sobre todo asombraba el hecho de que Lihue no enseñara en Buenos Aires, sino en el norte de Argentina.
La exuberante naturaleza de Santa Cruz -paraíso para los ojos taiwaneses acostumbrados a los erguidos rascacielos- y la apertura de sus habitantes con los inmigrantes templaron el ánimo de Lihue y sus hermanos, que atesoran recuerdos gratos de su paso por la secundaria. Cuando vinieron a Salta se enamoraron de la arquitectura colonial. "Yo pasaba horas caminando y viéndolo todo: los decorados, los detalles... Eso fue como un enamoramiento. Descubrí en cada lugar, en cada zona, la arquitectura. Hoy por hoy sigo teniendo esa costumbre de ver la arquitectura, la belleza, y saco fotos", dijo Lihue, con mirada notablemente maravillada.
La familia
Lihue estudió Profesorado en Artes Visuales en la Escuela Provincial de Bellas Artes Tomás Cabrera. Luego completó la Licenciatura en Artes en la Universidad Nacional de Cuyo. Se casó con el escultor de obras de grandes dimensiones Carlos Enrique Valdez (50), Cenrique. Con él, descendiente de madre salteña, tuvo cuatro hijos: Ebaneo (26), ingeniero en Informática; Alodia (20), estudiante de Publicidad; Luz (15), alumna de secundario, y Janina (12), estudiante primaria. En 2006 Lihue aplicó para una maestría en idioma chino en la Universidad Cultural de Taipéi.

Según Lihue, antes de las Olimpíadas de Pekín 2008, cuando la cultura de China se abrió al mundo, era habitual que le preguntaran si los habitantes de Taiwán aún vestían igual que en la época antigua.

Acá era traductora de la Corte de Justicia y se mantenía actualizada sobre la lengua, literatura y cultura académicas de China a través de la educación continua a distancia. La necesidad de adquirir estudios formales ante un mercado laboral que se le mostraba redituable la llevó a concursar para una beca ofrecida por el Ministerio de Educación de Taiwán a los residentes chinos en el extranjero. Ella se adaptó rápidamente a la cuna en que se despertó a la vida, pero a pesar de que Taipéi se mostraba en su esplendor arquitectónico y se vio tentada por momentos a repatriar a su familia y vivir en una sociedad extremadamente ordenada y evolucionada, había algo en el entorno, el medio ambiente y la calidad de los alimentos que la hacía renunciar a la idea. "Me adapté de nuevo, pero en el fondo me sentía una extranjera en mi propia tierra", señaló. Cuando volvió a Buenos Aires, al ver unas vacas pastando en una gran extensión verde exclamó para sí: "­Ay, mi Argentina querida!".
La sensación de pertenencia se ensanchó al volver a su Salta, despojada de grandes edificios modernos, pero con una bóveda celeste abierta y pura para sus soles espléndidos.
Mejor lejos del pago
Una de las hermanas de Lihue murió hace un tiempo. Los otros tres viven en Buenos Aires. También se casaron con argentinos y tuvieron hijos aquí. Por cuestiones familiares, otra hermana debió volver a Taiwán para establecerse unos años, pero luego retornó a la Argentina. Durante una reunión ella le preguntó que le había parecido Taiwán y fue entonces cuando Lihue se sinceró. "Le dije que sí, que todo era muy lindo, muy cambiado, muy moderno, que me había gustado mucho, pero que me sentía extranjera en mi propia tierra. Y ella me dijo: "¿Vos también sentiste lo mismo?''. Ella no lo había querido decir para no parecer violenta y desilusionarnos. En realidad todo lo que uno piensa del país de origen es muy romántico, como un mero recuerdo. Tenemos tíos y tías en Taiwán que nos dijeron si no pensábamos volver, pero la conclusión entonces y ahora fue la misma: no", reflexionó. Lihue aseguró haber caído enamorada sin remedio de la calidad humana de los habitantes de Salta y Argentina. "Me parece que la gente es cálidas, abierta, es buena gente. Y a mí me impacta porque son muy solidarios, porque a pesar de ser una ciudad, las personas conservan el ser hogareños y gente de bien, con principios. Eso es lo que me encanta. Por eso cuando fui creciendo tuve la oportunidad de ir a otros lados, y viajo mucho por mi trabajo, pero mi lugar de residencia, donde yo decidí con mi esposo criar a nuestros hijos, es Salta", concluyó.

Un hijo en China

Siguiendo la senda trazada por su madre, Ebaneo, graduado en la Universidad Católica, buscó una beca en China y partió en julio pasado. Allí trabaja en una empresa de alta tecnología. "Nuestro hijo nació en Argentina y se considera un argentino cien por ciento. Vos le preguntás qué le pareció y dice que bien, que se está adaptando. Pero sé que extraña la calidez de la gente de acá", señaló Lihue.
"Nosotros estamos acostumbrados a ver este paisaje y a sentir eso que genera Salta.
Soy muy agradecida a esta sociedad. Debo reconocer que es uno de los pocos lugares donde te adoptan y te acogen con sinceridad", finalizó.

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enrique alcala
enrique alcala · Hace 1 mes

Estas escorias como siempre invadiendosno .

Juan Ruiz
Juan Ruiz · Hace 1 mes

Ta linda la china.-


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