La increíble secuencia de detenciones de narcopolicías salteños en los últimos días muestra claramente que el poder de corrupción del narcotráfico ha tomado las filas de la fuerza de seguridad provincial.
Once policías con trabajo activo en el área de Drogas Peligrosas en Capital y otro en la ciudad de Orán conformaron el incómodo balance de efectivos que fueron detenidos en procedimientos de la Federal o de Gendarmería y del cual tuvieron que dar cuenta las autoridades del Gobierno.
De todos ellos, el más impactante fue el que tuvo lugar en barrio Alta Tensión al oeste del centro de la ciudad, donde los operativos terminaron con la detención de ocho efectivos que promovían una especie de zona liberada para que el negocio dealer de una familia se concrete sin contratiempos y sin "competencias" de otros distribuidores de paco. En otras palabras, los narcopolicías detenidos garantizaban alta rentabilidad e impunidad en el negocio. Nunca se supo desde hace cuánto tiempo la banda venía operando, pero los testimonios de vecinos del lugar dieron cuenta que la familia a la que brindaban protección era conocida por su actividad ilícita y a "cara descubierta", amparada obviamente por quienes tenían la obligación de combatirla.
Este caso puntual fue el disparador de una seguidilla de procedimientos donde aparecieron involucrados más efectivos, incluso de otras fuerzas como Gendarmería, pero que siempre dejaron como saldo el descrédito para la Policía local.
Las sospechas sobre la legitimidad de las actuaciones se convirtieron desde entonces en el estigma de una institución que de repente tuvo entre sus manos el poder que le otorgó la ley de microtráfico, pero carente de un mecanismo de autocontrol y depuración entre sus filas, ante el inmenso poder de corrupción y penetración de los narcos.
Más allá de la polémica por la aplicación de ley del microtráfico, que para muchos es una mera solución a un problema administrativo de la Justicia Federal y que provocó la saturación de los juzgados provinciales y el abarrotamiento de las cárceles con consumidores o traficantes a pequeña escala, es inocultable que en esta lucha se ganan batallas, pero que la guerra se va perdiendo en otros niveles.
Es de suponer que no son los dealers o los microtraficantes de la calle los que han cooptado a policías; resultaría infantil pensarlo de este modo. También lo sería si no se observa que, sugestivamente, son solo efectivos de menor rango los que fueron arrestados. El poder de corrupción atraviesa transversalmente a la fuerza, por lo que resulta al menos probable que las altas jerarquías estén próximas a este flagelo.
Todos los días se escucha la fuerte campaña del Gobierno para acabar contra "los que venden la droga a nuestros hijos" y no es una tarea despreciable; todo lo contrario. Pero está visto que las estadísticas, los procedimientos y los detenidos no son sinónimo de eficiencia y mucho menos de transparencia, sobre todo cuando la herramienta de aplicación de la ley de microtráfico muestra "fallas por defecto".
Alguien vende la droga a los que venden la droga a nuestros hijos y esa cadena se direcciona a su vez a niveles superiores que hoy no se visibilizan en los mediáticos procedimientos. El número de procedimientos y detenidos está lejos de brindar un análisis global de su verdadero impacto en una reducción efectiva del consumo o venta de droga en la calle.
No es que sea un trabajo para subestimar, pero queda esa amarga sensación de que la ley de microtráfico desvía la atención sobre la verdadera lucha contra los narcos y resulta comparable, como dijo recientemente un exfuncionario policial, a que "se quiera combatir la inflación, controlando los precios en los quioscos".
Párrafo aparte merece la velocidad de reacción de las autoridades a un problema que crece exponencialmente y que hasta hace poco encontraba excusas y negación en inconducentes declaraciones que buscaron la justificación política a un mal que ya es inocultable y que necesita acciones efectivas antes que expresiones de vanidad.
Si el narcotráfico perforó a la Policía, no hace falta ni imaginarse lo que está haciendo a estas alturas con otros sectores de la sociedad.

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Sección Editorial

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jorge echeverria
jorge echeverria · Hace 18 días

No solo el negocio lo hacen encubriendo a vendedores de droga. Lucran tambien con el alcohol,la prostitución, juego clandestino, mecheras, pungas y vaya uno a saber de otros delitos. Mucha basura escondida.-

Guillermo Lopez
Guillermo Lopez · Hace 18 días

QUÉ HACEMOS CON ESTOS MAL LLAMADOS POLICÍAS?, porque policías no son, se disfrazaron de Policías, que les queda Grande ese nombre, hacen quedar mal a una INSTITUCIÓN, a u na ESTRUCTURA que sse supone trabaja en contra del Mal, pero es lo contrario, espero hayan penas ejemplares para estos Pelotudos de policías que teníamos, pierdan todo lo que no se ganaron todos estos años, AL POZO Y LISTO!!!!!!

sergio lopez
sergio lopez · Hace 19 días

La droga esta instalada en toda la sociedad y siempre el de arriba esta de acuerdo a su cargo o peso político, mejor resguardado, siempre y cuando no exista un desliz de información que lo ponga en el tapete. NO existe en Salta ni en el pais, un departamento con personas capacitadas para contralor de quienes deben mantener el sistema, ni justicia independiente para trabajar sobre este y otros temas delicados.

· Hace 19 días

Bue . . . hasa que se dignaron a poner el tema sobre la mesa! el trabajo de hormiga que realiza la policia de Salta es en vano si no se persigue al verdadero narcotraficante. Igual el de los gendarmes en la ruta. Nos toman por estupidos!!!! solo distraen la mirada del publico y crean la sensación de que algo se esta haciendo!!, el narcotrafico se lo conbate desde la educación, si no hay consumo no hay venta.

claudio rosales
claudio rosales · Hace 19 días

por unos cuantos no se debe apuntar con el dedo a todos. Dice el articulo que once son policias implicados. Cuantos efectivos tiene en actividad la fuerza? y xq no se investiga o no sale a la luz lo que pasa en todos los ambitos; tanto para abajo como para arriba. La droga, en todas sus presentaciones y/o modalidades de venta y/o consumo, acapara todos los ambitos laborales. tanto privado como publico; desde la categoria mas baja a la mas alta (desde el simple peon o empleado al dueños de las entidades privadas o las mas altas gerarquias pubicas). este flagelo esta inserto en todas y cada una de los distintos y tan variados sectores de la sociedad no tiene distinción de color de piel, de edad, sexo, ni de estatus. Y lo peor de todo es la indiferencia y la falta de compromiso del ciudadano (el famoso "no me quiero comprometer... para eso esta la policia... que lo haga o diga el otro... que me importa que haga lo que quiera total a mi no me afecta... etc.)


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