Es opinable que Milagro Sala esté detenida; lo que no es opinable es que las políticas sociales estén en manos de personas como ella. ¿Por qué? Porque las políticas sociales deben ser implementadas y controladas por el Estado, todo lo demás es irregular, corrupto y a los primeros que perjudica es a los que pretende beneficiar.
El Perro Santillán, por ejemplo, no se anda con chiquitas: Milagro Sala es la responsable de haber iniciado la narcopolítica en Jujuy. ¿Qué tal? Otro dirigente social reclama respuesta por el asesinato del militante de la Corriente Clasista y Combativa Lucas Arias.
Hace unos años, Luis Condorí murió baleado en un intento de ocupación de tierras en Humahuaca por militantes de la Tupac Amaru. Por algo parecido el señor José Pedraza está preso desde hace rato. Pero claro, Pedraza es un burócrata sindical de derecha y la señora Sala es una militante.
Tres meses atrás fue asesinado por la espalda el militante radical Ariel Velázquez. Todos los testigos aseguran que los responsables fueron los matones de Sala. Le corresponde decidir a la Justicia, pero está claro que en Jujuy, por lo menos hasta la fecha, no es saludable oponerse a las decisiones de la mujer que Leandro Despouy calificó con rigurosa precisión como "la faraona de los fondos públicos".
Milagro Sala viene de abajo. Conoció desde niña las humillaciones de la pobreza y la discriminación. Según se sabe, todas las asignaturas que se exigen para transitar por los bajos fondos las aprobó con muy buenas notas. Pudo haber sido una vulgar delincuente o algo peor, pero en algún momento -dicen sus biógrafos-, las prostitutas con las que compartía la cárcel le enseñaron los atributos de la rebeldía. Se abrió paso en la vida como pudo. Era colla, era negra, era pobre y, además, ya tenía un prontuario policial. Para bien o para mal se acercó al peronismo, y después inició su militancia social en ATE. Sala ingresaba a las luchas sociales cargando los estigmas del mundo de donde venía. Seguramente entendió mejor que muchos el drama lacerante de la pobreza, un entendimiento que no provenía de los libros o de los relatos sino de la propia vida.
No se transita por el infierno de la marginalidad y la miseria sin pagar costos. Las heridas quedan en el cuerpo y en el alma, y no cicatrizan. Políticamente hay algo más grave que el resentimiento o el odio acumulado desde la infancia. Me refiero a la tendencia a identificarse con las apetencias y los vicios de las clases que se dice detestar. A la violencia forjada como una fatalidad o un destino, en este caso se le suma una suerte de deslizamiento, a veces imperceptible, a veces inmanejable, hacia el universo -no de las clases altas en general- sino de los vicios de algunas de sus fracciones.
Mansiones, autos caros, hoteles de lujo, la pasión de mandar y ser obedecida. No es difícil dejarse ganar por esas pulsiones, sobre todo cuando se viene de abajo y el universo posible se llama populismo. Milagro Sala no fue la excepción. "Callate puto, te vamos a mandar en cana marica", le grita a un enemigo la mujer que dice pertenecer a la fuerza política que promovió el matrimonio igualitario. El universo populista nunca prometió ser coherente con los valores que dice defender.
A Milagro Sala se la podría justificar con ese argumento tan criollo y tan populista de "roba, pero hace".
En efecto. Hay casas hechas, hay hospitales y escuelas, pero el precio pagado en términos sociales, políticos e institucionales ha sido muy alto. Es cierto que hubo un Estado ausente -de la que el peronismo deberá hacerse cargo-, pero esa ausencia no se resuelve con hábitos mafiosos.
Milagro Sala es popular, pero la mayoría de los jujeños están de acuerdo con la decisión de un Gerardo Morales que, a diferencia del timorato e impotente Fellner, fue capaz de ponerse firme y probar que la autoridad política en un Estado de derecho es el gobernador y no una dirigente piquetera. ¿Criminalizar la protesta? No, judicializarla, con sus alcances y límites, como corresponde a un Estado de derecho.
FRASE
A la solidaridad con Sala se suman sectores de izquierda, que le hacen el juego al populismo, alentando a quienes no tendrían escrúpulos en ser sus verdugos.
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FREDY  LOPEZ CAMACHO
FREDY LOPEZ CAMACHO · Hace 9 meses

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