Cuando el invierno le va abriendo la puerta a la primavera, cuando los lapachos en flor pintan al norte de rosa, blanco y amarillo, es porque llegó el mes de María Virgen de la Peña.
Su devoción, que se inició a principios del siglo XX, se reafirma cada año. Comenzó entre los viajeros y comerciantes que llevaban y traían sus mercaderías desde el sur de Bolivia, y transitaban bordeando los cerros por difíciles caminos abiertos por la fuerza del ir y venir de las carretas y animales en pie.
Ellos dieron testimonio de las apariciones de la Virgen entre los peñascos cubiertos de musgo. El sector era conocido como Yariguarenda, lugar de los sapos en dialecto guaraní, y en los alrededores solo residían algunas pocas familias originarias, tal como era prácticamente en todo el vasto territorio que hoy conforma el departamento San Martín.
Las apariciones de María de la Peña afianzaron la fe de quienes comenzaron con verdadera devoción a ofrecerle oraciones, flores, elevándole ruegos o haciéndoles promesas. Que los cuidaran en esos largos y difíciles trayectos y que los protegieran de los peligros era lo que imploraban los criollos. Pero también las comunidades aborígenes comenzaron a dar fe no solo de las apariciones de María sino de su protección a quienes le pedían ayuda.

Camino de la fe

Esa devoción, que surgió espontáneamente, comenzó a crecer de tal manera que nada pudo detenerla: María se aparecía con su niño en brazos; algunos la veían con un manto marrón tan similar al color de las rocas de los cerros, y en otras ocasiones de color azul intenso. Los devotos querían verla de cerca, estar en contacto con Ella y por ese motivo algunos comenzaron a subir a las serranías del Tartagal, de más de 1.000 metros de altura. Y fue que para ese entonces el norte de Salta comenzaba a erigirse en uno de los puntos más importantes en la explotación maderera y muchos decidieron establecerse para dedicarse a esa actividad o también para trabajar la tierra produciendo hortalizas, frutas y verduras para el consumo propio o para venta de viajeros
La tarea de los franciscanos
Fue el misionero Pedro María Borhini quien escuchó aquellos testimonios en torno a las apariciones de María, por lo que decidió autorizar la instalación de una humilde y modesta capillita al pie del cerro para que los devotos y viajeros tuvieran un lugar de oración. Años más tarde, en su visita pastoral a la zona, el arzobispo de Salta monseñor Roberto Tavella ordenó la construcción de otra capilla más amplia, que se levantó utilizando materiales del lugar, principalmente piedras. En la década del 70 los franciscanos se hicieron cargo del cuidado de ese maravilloso remanso de oración que con los años se constituyó en el lugar de devoción mariano más importante del norte salteño
Por eso, el domingo próximo será una nueva jornada en la que los fieles católicos pedirán por sus familias y protección frente a la adversidad y las dificultades, bajo un sencillo ruego que será compartido en la procesión de peregrinos: "Virgencita de la Peña, ayúdame. Ayúdame Madre buena, por favor".

Celebración y devoción mariana

El paraje Santa María de Yariguarenda se encuentra en el departamento San Martín, 13 Kilómetros al norte de Tartagal y a 355 kilómetros de la capital, por la ruta 34.
La celebración se enmarca en el Año del Jubileo de la Misericordia. Durante este mes se realizaron diversas actividades culturales, además del rezo de la novena.
El paraje donde se emplaza el santuario es zona de yungas. Cascadas, vegetación exuberante, avistaje de aves y caminatas son buenas opciones que ofrece el lugar.

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