Hillary Clinton y Donald Trump se miden esta noche en el primero de los tres debates en su carrera a la Casa Blanca, al que llegan empatados en las encuestas y que usarán para seducir a los indecisos, que se calculan en un 9% del electorado. Miralo a través de TN aquí.
Se espera que sea el más visto de la historia de los debates presidenciales, con más de 100 millones de espectadores, un espectáculo al que la candidata demócrata llegará con su sólida experiencia en funciones de Estado y conocimiento de la desafíos internacionales y locales a favor, pero deberá mostrar conexión emocional con el público y no perder la paciencia ante los embates de Trump.
"Se tu misma y explica lo qué te motiva", aconsejó el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a Hillary, la menos querida de los candidatos demócratas, a la que enfrentó en 2008 en la interna del partido.
La facilidad de Trump para moverse en los escenarios televisivos puede ser una ventaja. El millonario populista y excéntrico sabe cautivar multitudes con sus frases polémicas, y tiene a su favor que nadie espera que se comporte como un candidato tradicional, pero la falta de conocimiento o la superficialidad con la que encara algunos asuntos claves de la política estadounidense puede quedar más expuesta frente a las precisiones técnicas de la ex primera dama.
La polémica figura de Trump y lo histórico de que haya una mujer en la contienda electoral, es otro factor atractivo para el debate que durará 90 minutos sin interrupciones publicitarias, en medio de una campaña polarizada con fuertes ataques.

Las estrategias

Clinton, que deberá mostrarse saludable para dejar atrás los rumores en torno a su estado después de la neumonía que la alejó de la campaña, pasó varios días concentrada en el cara a cara, mientras Trump, que en las últimas semanas moderó sus frases polémicas y aceptó utilizar el telempromter para sus discursos siguiendo los consejos del equipo de campaña, dejó las prácticas para último momento y siguió con su campaña.
Los expertos consideran clave el primero de los tres debates previstos, ya que marcará la narrativa de las últimas semanas de campaña de cara a las elecciones del 8 de noviembre. Una frase recurrente en los análisis es que no se ganan elecciones en los debates televisivos, pero si se pueden perder. Basta recordar el memorable duelo entre el relativamente desconocido senador John F. Kennedy y el vicepresidente Richard Nixon en 1960 que terminó inclinando la balanza hacia el jugador demócrata, con muy buena imagen televisiva frente al republicano que salía de una hospitalización y sudó gran parte del debate por el calor en el estudio.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora