Mirta Ester Montiveros, tiene 65 años. El 30 de septiembre fue su último día de trabajo en la Escuela de El Bobadal. Después de 37 años de ser la directora de la escuelita le llegó la hora de jubilarse.
La escuela albergue pasó a la historia por la trágica muerte de la maestra rural Evelia Murillo. Si no fuera por ese luctuoso hecho, nadie sabría de la existencia de esa institución rural, como ocurre con otras tantas distribuidas por la amplia y variada geografía salteña. Mirta es una docente catamarqueña que llegó a trabajar a Salta en una escuela rancho del paraje El Traslado, Departamento San Martín, en 1974. De allí pasó a una de Aguaray y de Tartagal.
Después de 42 años de trabajo le llegó la hora del jubileo, que en su caso no lo es tanto. En enero de este año le amputaron una pierna como consecuencia de la diabetes que padece desde hace 30 años. También tiene afectada la vista, sin embargo, aún así continuó trabajando movilizándose en su silla de ruedas. "Yo tenía licencia por largo tratamiento pero tuve que volver a la escuela sino me iban a descontar la mitad del sueldo según me dijeron. Yo he trabajado toda mi vida en zona inhóspita y no quería que me jubilen con medio sueldo. No hablé con abogados ni nada, simplemente el 22 de marzo me presenté a trabajar hasta el 30 de septiembre que fue cuando salió mi expediente de jubilación que había iniciado hace más de un año. Por eso estuve trabajando en silla de ruedas desde marzo hasta septiembre", le contó Mirta a El Tribuno.
"Yo soy directora desde que llegué a El Bobadal. Era único personal. Así que era directora interina con grados, es decir daba clases. Después de cinco años de residir y trabajar en esa escuela me titularizaron. Así era antes. Cuando llegué a la escuela tenía alrededor de 70 alumnos, pero después fue variando porque muchos emigran de la zona o van dejando la escuela por múltiples razones, tienen que trabajar, ayudar a la familia. Ahora por ejemplo solo hay 30 niños. La mayoría son criollos y hay unas cuantas familias wichi", agregó.

El Bobadal, un lugar inhóspito
La escuela del paraje El Bobadal está ubicado a 70 kilómetros de Tartagal. Llegar es una odisea. El camino es muy arcilloso y también hay zonas muy arenosas. "Yo llegué a la escuela sin medio de movilidad. Allí
todo está muy lejos y es muy duro para vivir por eso es considerado zona inhóspita. No teníamos agua, ni luz. Había que alumbrarse con un mechero o con velas. Cuando tuve mi vehículo me iba a traer agua de los pozos que hacían en el río. Yo me iba con los chicos para que me ayudaran porque no había nadie más. Acarreábamos unos tachos y llenábamos una cisternita. Después gestioné en la municipalidad que me lleven un chulengo (tacho de 200 litros) con agua para depositar en la cisterna", cuenta Mirta.
En un principio la escuela era un módulo. Constaba de un aula, la casa habitación y los baños. De ahí fue creciendo. "Hice las gestiones para que se hiciera un comedor, después se agregó una galería, se cerró con un muro. Costó bastante pero se logró. Después, en 2003 pasó a ser escuela albergue y llegó el agua. Mientras tanto, antes de esto, había chiquitos que dormían en la misma habitación en la que dormía yo, porque venían desde muy lejos y no podían volverse. Esto fue antes de que fuera albergue. Los padres firmaban una autorización para que los chicos quedaran a mi cargo de lunes a viernes y el fin de semana se los llevaban a sus casas. Yo era personal único así que tenía que hacer todo. A veces me ayudaban los niños más grandecitos y muchas veces se turnaban las madres. Con la cooperadora organizábamos por ejemplo, que una semana iba a venir a cocinar una madre, después otra, y así... ve? Toda la semana una mamá tenía su turno y a veces alguna madre se arrimaba para ayudar con la limpieza. Los chicos también colaboraban: traían la leña, me ayudaban con el agua. Ahora hay dos ordenanzas en la escuela y ellas se ocupan de la cocina y del aseo", agregó.
La tele, un incentivo
La mayoría de los alumnos nunca visitaron la ciudad de Salta, no la conocen y algunos tal vez no lleguen a conocerla. El celular es algo casi inasequible para ellos. La televisión es un lujo que está fuera de su alcance. Hace un tiempo tienen un televisor en la escuela: "Para ellos es una novedad y eso los incentiva a no faltar a clases porque saben que tienen horarios para estudiar, hacer la tarea y ver películas. Desde que tenemos el televisor y les traemos películas para que se diviertan se redujo el ausentismo", contó Mirta.
Con el tiempo, el gobierno colocó paneles solares e hicieron el pozo de agua en la escuela. "La estructura edilicia está un poco deteriorada pero tenemos las comodidades que se necesitan. Hay un calefón a leña, cocina a gas, un fogón. Ahora los chicos tienen agua caliente para asearse", agregó Mirta.
Cuando terminan la escuela primaria pueden continuar el secundario. Mirta sostiene que muchos se inscriben porque quieren continuar los estudios pero debido a las tareas que tienen que realizar para ayudar a los padres terminan abandonando en segundo o tercer año. El secundario funciona en el mismo edificio que la escuela primaria. Los docentes son itinerantes.


La tragedia tocó las puertas de la escuela
Mirta cuenta con dolor: “Todavía no puedo creer lo que pasó. Realmente fue una terrible tragedia. Cuando estábamos con Evelia nos turnábamos los fines de semana. Yo le pedí que se viniera conmigo porque cuando no iba a Salta se quedaba en Tartagal, en mi casa. Nos habíamos hecho amigas. Compartíamos el día a día. Unos días antes hubo una invasión de víboras, como si estuvieran anunciando la desgracia. Por eso yo dejaba que los niños jugaran en una habitación que usábamos de depósito, para protegerlos de las víboras. Ese es el cuarto que después dijeron que era la habitación de Evelia y no era así. Su dormitorio estaba bajo llave.
En octubre de 2003, un criollo asesinó de un balazo a la maestra Evelia Murillo.
Esa semana yo me vine a Tartagal, tenía que ir al médico y buscar la cuota del comedor, le dije que viniera conmigo, pero prefirió quedarse para ir a Salta la semana siguiente porque era el Día de la Madre. Y allí ocurrió la tragedia. Este hombre (el asesino) tenía una relación con una señora wichí y como estaba tomando desde temprano, aprovechando que la esposa se había ido a Tartagal, fue a buscarla en medio de insultos, Evelia para protegerla le dijo que se quede con ella dentro de la escuela porque era mamá de cuatro alumnitos. Evelia le dijo que no le faltara el respeto a la señora y que se fuera a dormir, sino lo iba a denunciar... esas fueron las palabras fatales. Se fue al rancho trajo el revólver y le disparó”


Aislados
"Estamos lejos de todos lados. El puesto de salud más cercano está en Tartagal, a 70
kilómetros"
"No tenemos ambulancia ni Policía cerca del paraje. Los caminos son intransitables cuando llueve"
"Tenemos un teléfono satelital para emergencias, pero también es difícil comunicarse"
"Actualmente hay una sola maestra en El Bobadal, el resto son docentes itinerantes"





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ROSA aybar
ROSA aybar · Hace 27 días

Que no se jubilan a los 60 las mujeres? Cuantos casos de esto hay , por eso la gente joven no puede entrar a trabajar


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