La misión ExoMars 2016, la primera de un programa conjunto entre la Agencia Espacial Europea (ESA) y la rusa Roscosmos para explorar Marte, despegó hoy con éxito desde el cosmódromo ruso de Baikonur (Kazajistán). Uno de los líderes de la misión es el argentino Jorge Vago, director científico.
"Estamos camino a Marte. Excelente", afirmó el director general de la ESA, Jan Woerner, tras el despegue del cohete Protón M. El lanzamiento se produjo sin incidentes a las 6.31 de Argentina.
Se espera que el cohete Protón-M llegue a Marte en octubre, cuando la cápsula espacial se dividirá en dos partes. El satélite Trace Gas Orbiter (TGO) se dedicará a estudiar los gases de la atmósfera marciana, mientras que el módulo Schiaparelli se posará en la superficie de ese planeta para validar la tecnología de aterrizaje para la segunda y más compleja parte del programa, ExoMars 2018.
"Vamos a hallar vida en Marte", señaló a Clarín sobre los propósitos de la misión el argentino Vago. Este ingeniero rosarino trabaja en el centro de operaciones de la ESA en Holanda, y es uno de los directores técnicos de ExoMars 2018.
Los científicos europeos y rusos, que planean esta misión desde el año 2000, tendrán que esperar siete meses para confirmar que el programa se desarrolla según sus cálculos, aunque los primeros síntomas de alivio llegarán nueve horas después del lanzamiento, cuando el módulo superior de la nave se despoje de los últimos propulsores y envíe a la Tierra la primera señal que confirme que se encuentra en ruta hacia su destino.

Un largo camino

Después, la nave continuará su viaje hasta el planeta rojo y, una vez en sus inmediaciones, expulsará la sonda Schiaparelli, un laboratorio de 600 kilos que atravesará la atmósfera marciana, se desprenderá de sus escudos de protección y se dejará caer en la superficie con la ayuda de un paracaídas y de un sistema de propulsión líquida.
Una vez en su destino, la región marciana Meridiani Planum, analizará características básicas de su anfitrión, como la presión o la temperatura, aunque su verdadero éxito consistiría en aterrizar de manera controlada en el planeta vecino. Marcaría así un hito en la historia de la exploración europea de Marte ya que el único precedente, el Beagle del Reino Unido y la ESA de 2003, fracasó al tomar tierra porque dos de sus cuatro paneles solares no lograron desplegarse y bloquearon su antena de comunicaciones. Sí, en cambio, lograron aterrizar en Marte Rusia -su primera misión fue la Marsnik 3 en 1971- y la NASA, que actualmente tiene en operación a Curiosity y Maven.
Si logra posarse con éxito en suelo marciano y enviar información a los centros de control terrestre, Schiaparelli validará parte de la compleja tecnología de aterrizaje, que servirá para que la misión ExoMars 2018 mande a Marte un vehículo "rover" capaz de desplazarse varios kilómetros y de excavar hasta dos metros bajo tierra para recoger y analizar muestras.
Schiaparelli tendrá una vida útil de entre dos y ocho días marcianos (un día marciano o sol tiene 24 horas y 37 minutos) y su apagón marcará el inicio de la misión de su compañero de viaje, el TGO. Ese orbitador sobrevolará Marte a 400 kilómetros de altitud durante cuatro años, con el objetivo de estudiar la presencia de metano y otros gases en la atmósfera marciana, esclarecer si su origen es geoquímico, volcánico o biológico y cuáles son sus fuentes de emisión.
El TGO se dedicará también a elaborar mapas del hidrógeno presente en el subsuelo de Marte "que pueden ayudar a elegir los lugares de aterrizaje de futuras misiones, pues pueden indicar reservas ocultas de hielo de agua", explicaron los responsables de la ESA.

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