Existe la tendencia a vincular la idea de contrato con su necesaria implementación por escrito. Ello a pesar que cotidianamente concretamos diversos contratos sin ninguna formalidad (cuando registramos la tarjeta en el colectivo o cuando compramos una golosina, estamos celebrando contratos de transporte y de compra-venta, respectivamente). En materia laboral ocurre lo mismo: por el solo hecho de la prestación de un servicio o la ejecución de una obra, bajo relación de dependencia, se ha concertado un contrato de trabajo. En nuestra legislación la forma escrita solo es exigida para algunas modalidades específicas de contratación, pero la modalidad común, genérica, que se celebra por tiempo indeterminado no requiere ser celebrada por escrito.
La Ley de Contrato de Trabajo (LCT) estableció, en su redacción original, solo tres modalidades de contratación: 1) contrato por tiempo indeterminado; 2) contrato a plazo fijo; 3) contrato eventual.
Durante la década del 90, bajo imperio de ideas neoliberales que en materia laboral fueron bautizadas como "flexibilización", se llegaron a establecer 23 modalidades distintas de contratación. En ellas se suprimían o reducían las cargas sociales y también se suprimían o reducían las indemnizaciones como consecuencia de la finalización del contrato. Se suponía que los empresarios seducidos por esas facilidades realizarían contrataciones masivas, disminuyendo así la creciente tasa de desempleo. La experiencia fracasó (como ocurrió en los países europeos que ya las habían implementado). Aunque se desconoce el proyecto laboral que impulsa el PRO (si es que hay alguno), no sería raro que intentara alguna variante sobre el tema, teniendo en cuenta que esas alternativas (reducir cargas e indemnizaciones) tiene sabor a elixir de dioses en las papilas gustativas de los integrantes del elenco gobernante. No es el caso explicarlo en esta breve nota, pero esas modalidades terminan perjudicando al propio empresario.
Lo cierto es que esas 23 modalidades fueron derogadas y hoy nos rige el mismo esquema originario de la LCT.
El contrato por tiempo indeterminado

Las tres modalidades giran en torno del eje de la estabilidad laboral. El contrato por tiempo indeterminado tiene la peculiaridad de no tener plazo, y puede extenderse hasta que el trabajador se jubile o fallezca (pueden ocurrir también otras causales: renuncia, despido, mutuo acuerdo, etc.). Las otras modalidades de contratación tienen límites temporales, pero debe existir necesariamente- una causa objetiva que las justifique; no basta con la mera voluntad o acuerdo de establecer una limitación en el tiempo. Esta modalidad de contratación es la única que admite el período de prueba, que no requiere ninguna formalidad sino que está ínsito en su celebración. Ella permite al empleador despedir al trabajador dentro de los tres meses de iniciada la relación sin obligación de pagar indemnización y con un preaviso reducido a quince días.
Dijimos que este contrato no requiere ser instrumentado por escrito (necesariamente el contrato a plazo fijo y el eventual deben cumplir esa exigencia), pero consideramos altamente recomendable que se celebren con esa formalidad: al empleador lo habilita para establecer claramente las obligaciones y esbozar el régimen interno por el que se desarrollará la relación, mientras que al trabajador le permite conocer claramente cuales son dichas obligaciones (obviamente también los derechos). Además de las modalidades que venimos señalando, también existen variantes en cuanto a la jornada (contrato a tiempo parcial) y al conjunto de trabajadores (trabajo por equipo). Hay modalidades de contratación no laboral (becas, pasantías, aprendizaje, programas del Ministerio de Trabajo), que serán desarrolladas en las próximas notas.

Consultas: 20 de Febrero 722, teléfono (0387) 4220503 ó 3875011308. Correo: neilBuhler@hotmail.com

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Sección Editorial

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Ruben Barraza
Ruben Barraza · Hace 5 meses

¿ pero cual era "la noticia" ? ¡¡que ganas de boludear!!


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