El peronismo debe acelerar la actualización de su estilo político, que condensa una estética y una ética políticas, para no quedar en el pasado.
La mayoría de los argentinos quieren una sociedad que les brinde oportunidades de trabajo, de consumo, de progresar económicamente, de comprar una vivienda, de solicitar un crédito "pagable" para arreglarla o para comprar un auto nuevo; además, se demanda vivir en un ambiente de convivencia, sin violencia, en primer lugar, con menos delincuencia y sin narcotráfico; el argentino medio quiere educarse y educar a sus descendientes, tener acceso a la salud, y se ha dado cuenta de que para eso, es necesario que no haya corrupción. Son, casi todas, demandas "burguesas" pero son las demandas generales más amplias y más aceptadas por nuestra sociedad.
¿Será posible que el peronismo se modernice y pueda asumir el compromiso de brindar a los argentinos estas demandas? No solo es una necesidad de los propios dirigentes, del partido y de los diferentes espacios del peronismo, sino de los argentinos en su conjunto.
¿Qué significa modernizarse? En primer lugar, que la dirigencia esté preparada para llevar a la Argentina a ser competitiva en el mundo. No podemos tener ni una pauta de relación "abierta" ni una pauta de relación "cerrada". La estrategia debería ser más pragmática. Como hacen todos los países que avanzan: abren sus economías en ciertos sectores, los cierran en otros. Generan alianzas pero también modifican sus posturas ante eventos particulares.
Segundo, que tenga una agenda de temas que sea la "agenda de la gente", no la "agenda de la política". La democracia como cultura política nos ha llevado a esto, pero además, porque los argentinos tienen el derecho a plantear sus "qué" para luego elegir sus "cómo" y sus "quién". Seguramente que para realizar la agenda de la gente hay que conseguir objetivos intermedios que son la agenda de la política. La política energética es un ejemplo: la gente no la tiene en sus prioridades; pero si queremos disfrutar de otros beneficios, deberemos tener a la política energética como un vector de cambio, fomentando la seguridad jurídica, la inversión y el consecuente autoabastecimiento.
Tercero, el peronismo debe acelerar la actualización de su estilo político; "estilo" es tanto una estética como una ética políticas; el peronismo tiene el peligro de quedarse en un estilo "pasado de moda", que no solo es algo de "superficial" sino que termina definiendo las relaciones políticas e institucionales más importantes para la sociedad. La "cara pública" de la dirigencia debe actualizarse si quiere ser comprendido por el resto del mundo y por la mayoría de los argentinos.
Cuarto, es necesario que haya una actualización en la preparación, formación y entrenamiento de los equipos, empezando por sus dirigentes. Un dirigente actual debería saber cómo se lidera y cómo se gestiona hoy en el mundo desarrollado el ámbito público. El peronismo debe tener dirigentes preparados para los desafíos de adaptabilidad que se vienen en una sociedad y en un mundo, muy complejos.
Por último, el peronismo dependerá de la modernización que pueda hacer el sindicalismo justicialista. No puede ser una modernización "cosmética". Un ejemplo es Facundo Moyano en lo personal. Otro es Gerardo Martínez como organizador y modernizador de la Uocra.
Si el peronismo tiene pragmatismo internacional, agenda popular en serio, una ética y una estética actualizada, prepara a sus equipos de trabajo y deja a las nuevas generaciones tomar el control de los gremios, entonces, será competitivo políticamente y muy productivo para todos los argentinos.

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