Estamos viviendo a pleno este tiempo de novenas, peregrinaciones y nuestra fiesta mayor honrando a los santos patronos, el Señor y la Virgen del Milagro, con un clima bastante raro, entre veranitos intensos y copiosas nevadas en pleno septiembre.
En medio de esta tensión religiosa y social, casi todos los días los medios de comunicación nos sorprenden con noticias de monjas, "sachamonjas", bolsos de dólares que vuelan por los conventos como angelitos, mezclados con látigos, cilicios, mordazas y otros elementos de castigo dentro de los monasterios. Para bien o para mal, las monjitas están más mediáticas que la Doctora Hot o la Xipolitakis.
En Salta, tenemos nuestras Carmelitas en el convento San Bernardo, un cuestionado convento Carmelita en San Lorenzo y las Madres Concepcionistas en Orán, como monjas de clausura. En ninguno de ellos llueven bolsos de dinero ni hay denuncias de penitencias extravagantes. Solo un grupo de mujeres que se sintieron llamadas por Dios para consagrar su vida al silencio, la oración, la penitencia y el trabajo. Siempre encontré allí gente muy feliz y que vive en un renunciamiento continuo a la fama, a los homenajes y a las comodidades del mundo moderno.
El papa Francisco publicó un documento llamado "Vultum Dei quaerere" (En busca del rostro de Dios), el 29 de junio de este año, dedicado a la reforma de los monasterios, dirigido a refrescar la vida en ellos, insistiendo en la selección delicada de las aspirantes a la vida monacal.
El Santo Padre dice con frecuencia que, quien no está capacitado para formar una familia no tiene capacidad para renunciar y abrazar la vida consagrada. Resalta allí la necesidad de la formación adecuada para la madurez en la vida cristiana y la vida consagrada, el uso de las nuevas tecnología para no permanecer aisladas, y la necesidad de confederarse para ayudarse mutuamente. En el mismo documento habla de la ascesis o lucha espiritual que va acompañada de la penitencia que debe hacerse de modo libre, voluntario y con la ayuda necesaria para discernir, guiados por un director espiritual. Dice, además, que se preste mucha atención a la elección de los sacerdotes confesores o directores espirituales. Esto último me recuerda al querido padre Domingo, un gran sacerdote español que solía decir que detrás de unas monjas que andan mal, hay un cura que piensa peor. No es para acusarlo de machista, pero un conductor ebrio de soberbia, protagonismo, mal carácter, materialista y otras mañas puede llevar a un grupo de religiosas directamente al conflicto.
Las monjas de clausura, la vida consagrada en general, solo pueden entenderse a partir de la fe y de la espiritualidad de cada orden religiosa. Sus sacrificios y penitencias tienen un sentido religioso profundo, como dice el apóstol Pablo en la carta a los Colosenses 1,24: "Ahora me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia".
x
x

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora