Morir mirando el cielo

Humberto Echechurre

Morir mirando el cielo

Damián había llegado de trabajar a las 1 de la mañana. El cansancio, la rutina tan común en su joven vida no era un problema.
Estaba ya habituado, a lo que no podía acostumbrarse era a encontrar a su hijo dormido.
Esta vez sería distinto. El pequeño (de 2 años) era un ovillo de ternura, casi acurrucado en la cama, junto a su madre.
Lo miró y le extendió los brazos. Fue suficiente y allí desapareció el cansancio para detenerse en ese particular mundo de tres.
Jugó un rato, mientras su esposa también disfrutaba, y luego se fue a dormir.
Prefirió -por un extraño presentimiento- elegir la otra cama, aquella que estaba casi pegada a la calle, tan cerca que a veces el ruido de los vehículos era una habitual sinfonía que lo acompañaba hasta cerrar los ojos.
Se dejó llevar por el sueño, aunque estaba a punto de ingresar a una pesadilla sin retorno.
A las cinco de la mañana, un patrullero a una velocidad muy fuerte, perdió el control y se incrustó en la vivienda del trabajador que murió aplastado.
Este es el tercer caso en los últimos dos meses, en el que policías con vehículos de la fuerza bonaerense atropellan y matan a personas en la vía pública, como ocurrió con un nene de 6 años y una mujer de 82, en la provincia de Buenos Aires.
La noche en Laferrere era igual a tantas, el amanecer también, aunque Damián ya nunca podrá verlo.
Ocurrió en la Argentina, en una noche que presagiaba lluvia.
Esa lluvia molesta y persistente que moja el rostro y humedece el alma.

¿Qué te pareció esta noticia?

Compartí

0

Te puede Interesar

Comentá esta Noticia