Nada nuevo bajo el sol

Walter Neil Bühler

Nada nuevo bajo el sol

Recordábamos, en una nota anterior, (Cándidos candidatos) que en la antigua Roma las campañas electorales, eran tan feroces como ahora; abundaban las falsas promesas, las pintadas, la violencia y los sobornos. Durante toda la carrera electoral, el candidato no exponía claramente ideologías ni programas políticos. ­Como ahora! Los postulantes, durante la campaña, usaban una toga blanca, símbolo de la pureza de sus intenciones. En latín, blanco es "candidus", de allí deriva "candidato". Marco Tulio Cicerón, recibió de su hermano Quinto, unos consejos que se conocerían como "Manual del candidato" (Commentariolum petitionis) entre otras recomendaciones, decía: "Todo el esfuerzo debe dirigirse a mostrar que eres la esperanza del Estado y que se hable de todo lo infamante, ilegal, deshonesto o corrupto que pueda haber en la personalidad y en las costumbres de tus oponentes".
Le recordaba, también, que "bajo ningún concepto el candidato debe ausentarse de Roma y del foro". Consejo que bien le hubiera venido al pobre Daniel, que precisamente hizo lo contrario: "se fue a Roma". Valga el viejo refrán, que acabamos de inventar: "el que se va a Roma, se embroma". Pero parece que en el FPV solo tomaron debida nota de los consejos referidos a la campaña escatológica, olvidando las meditaciones de otro manco, el de Lepanto, Don Miguel de Cervantes Saavedra, que nos decía: "¿Qué locura o qué desatino me lleva a contar las ajenas faltas, teniendo tanto que decir de las mías?"
Scioli derrochó el capital político más importante que tenía: su carácter contemporizador, de tipo bueno, con "fe y optimismo", que hoy se ha trocado en un gesto hosco que vomita imprecaciones contra sus adversarios.
Muchos politólogos sostienen que la campaña sucia tendrá un efecto "boomerang" y dañará a quienes arrojan las insidiosas diatribas. No coincido con esa apreciación, he conversado con mucha gente que cree que perderá la asignación universal y otros planes sociales, se privatizará hasta la policía, los precios se irán por las nubes, se suprimirán las ayudas contra el cáncer o que los Kinder vendrán sin sorpresa. Esta última, ingeniosa réplica marketinera, supuestamente expresada por la hijita de Macri.
Ante el fracaso de las encuestas hay que moverse por sensaciones ­Qué país sin índices confiables ni encuestas aceptables! Mi sensación es que la campaña sucia produce mucho daño en las víctimas y heridas en las propias filas, producto del "fuego amigo".

Nadie sabe para quién trabaja
A medida que avanza la campaña, una serie de indicios hacen sospechar que Cristina tiene la firme decisión (evitando que se note mucho) de que Scioli pierda. La paradoja es que la gente cree que votando a Macri se termina con el kirchnerismo, no advirtiendo que un triunfo de Scioli es el que, realmente, terminaría con los "K". Ganando Macri, Cristina piensa en la "gran Bachelet": que gane un Sebastián Piñera en la Argentina y que ella pueda volver después. Eso estaría garantizado por el fracaso de la gestión de Cambiemos, que no podrá gobernar con la oposición de ambas Cámaras legislativas, de la mayoría de los gobernadores y del sindicalismo (como le ocurrió a Alfonsín). Ello sin contar las innumerables "minas de efecto retardado" que han dejado sembradas. Lo ideal para Cristina sería que Scioli renuncie: su ego rechaza que algún candidato se acerque al mítico 54%, obtenido por ella en 2011. Le horroriza que sea Macri, pero más espanto le produce que la alcance su sumiso y despreciable candidato.
Cristina no ha desperdiciado oportunidad para "ningunearlo" al gobernador bonaerense. Es dable observar que Cristina omite en todos sus discursos hasta la mención del nombre, en una especie de demonización como la que sufrió nuestro querido presidente Méndez. ¿A quién puede convencer "Yoli", si la propia presidenta lo desmiente cuando habla del 82%, del impuesto a las ganancias, de los fondos buitre o de las retenciones?
Cristina ha permitido el desmadre de los seguidores del FpV (sin contar los bufones de lenguas desbocadas, como de D"Elía, Hebe, Aníbal, Víctor Hugo, Kunkel, Conti, Capitanich, Fito Páez, Moreno, La Cámpora, Carta Abierta, 6, 7 y 8, etc.), cada uno dice lo que quiere, tiene incorporaciones importantes como la del ignoto ministro Gollan, del ex ministro Pampurro o la de Urtubey, que puede llegar a criticar a la propia "jefa espiritual" del Frente. Están entreverados como aplauso de pulpo. ­Y acusaban a la oposición de escasa cohesión y coherencia!
Las últimas y desesperadas medidas de condicionar al próximo gobierno no condicen con la idea de que quien ganará será "del mismo palo". Las consecuencias de esa eventual derrota de Scioli, serían en realidad un éxito personal para la actual presidenta, ya que le permitiría aparecer como figura principal de la oposición. Frente a un Scioli derrotado, el "peronismo" no tendría una nueva figura de poder sobre la cual nuclearse salvo la de CFK, que deja la presidencia sin haber perdido una elección presidencial.
Además de los indicios hay un dato aparentemente menor, al que no se le ha prestado ninguna atención y que, para mí, es irrefutable: el cambio de feriado. Eso significa regalarle a Macri no menos (quizá mucho más) de 500.000 votos, compuestos por votantes macristas integrados por los porteños que se habrían ido a la Costa Atlántica y la clase media alta de todo el país que habría salido hacia distintos destinos. En una elección que puede ser reñida, esa acción resultaría de cisiva al momento de contar los votos.

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