La conmemoración del bicentenario de la declaración de la Independencia, a diferencia de lo que ocurrió hace seis años con el aniversario de la Revolución de Mayo, tuvo menos ceremonias públicas y fueron más sencillos los espectáculos oficiales, pero generó, de parte de los intelectuales, un fuerte homenaje al esfuerzo institucional que desarrollaron los protagonistas de la gestación de la "nueva y gloriosa nación".
Natalio Botana es uno de los más profundos defensores de la visión republicana que inspiró a dos generaciones fundacionales: la que impulsó la independencia y la que inspiró y ejecutó la organización nacional.
En estos días publicó "Repúblicas y Monarquías. La encrucijada de la Independencia", una minuciosa crónica de la historia que transcurrió entre 1816 y 1820, es decir, el esfuerzo de una ciudadanía que se expresaba en el Congreso de Tucumán, que luego se trasladó a Buenos Aires. Pero esa crónica, como corresponde a la escritura histórica, incluye el análisis de lo que venía ocurriendo en España, Francia y Gran Bretaña desde cuarenta años antes. Es decir, la Revolución Francesa y el debate de ideas entre monarquía, república, democracia y aristocracia, que son conceptos más complejos de lo que se puede pensar a primera vista. Y las ideas de independencia y federalismo que se expandían en Occidente a partir de la experiencia de las colonias de América del Norte. También pasa revista a la restauración monárquica que se produjo en Europa tras el retorno de Fernando VII en España y la derrota de Napoleón en Waterloo.
Los líderes de la independencia buscaban crear un Estado y un gobierno plenamente legitimado. En ese contexto se explican la sanción y también el posterior fracaso de la constitución unitaria de 1819. Es decir, los conceptos de "federalismo", "centralismo" y "unitarismo" aparecen en esta obra con una proyección muy clara hacia la Constitución de 1853, la construcción del Estado nacional y, también hacia la paradoja de un país que protagoniza un extraordinario desarrollo económico, educativo, social e institucional. Un proceso constructivo que se frustra a partir del golpe de Estado de 1930.
Natalio Botana es autor de una amplia bibliografía que incluye dos obras clásicas: "La tradición republicana" y "La libertad política y su historia".
En esta entrevista con El Tribuno, el historiador, que es miembro de la Academia Nacional de la Historia, recordó con particular gratificación su título de doctor honoris causa de la Universidad Nacional de Salta.
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Natalio R. Botana. Foto: Gentileza
En su último libro dedica un especial reconocimiento a la figura de Martín Miguel de Güemes, a quien reivindica como un estadista que consideraba prioritaria la integridad territorial del país y la construcción urgente de un Estado y un gobierno legitimados por una Constitución nacional.
La lectura de "Repúblicas y Monarquías" permite reflexionar sobre el contexto en que se desarrolló la independencia y las preocupaciones de los líderes de ese momento, pero también invita a observar qué fácil es hablar de historia y qué difícil conocerla...
Hay culturas, en particular la Argentina, que tienen una tendencia favorable a la simplificación de la historia. Esto se debe a que la historia ha sido utilizada como arma de combate político; de ese modo, se la simplifica, se toman unos aspectos y se soslayan otros; se dice que se "lucha contra el imperialismo" y entonces se buscan personajes que lucharon contra el imperialismo; se crean oposiciones y se generan así relatos de justificación de las acciones del presente. La complejidad del pasado se reduce. Evidentemente, para la educación de la ciudadanía esto es muy negativo, especialmente cuando se lo traslada a la escuela. Se impone así una visión combativa y agonista del pasado.
Es la visión revisionista que floreció a mediados del siglo pasado y fue reflotada en la última década, entre otros, por el Instituto Dorrego...
Efectivamente, pero es más propicio que hablemos de las inquietudes, las visiones, la incertidumbre, los debates y las discusiones que había en un determinado momento de nuestra historia, que culminó con la declaración de la independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica en 1816. También, que el mismo Congreso planteó el objetivo de sancionar una Constitución que, como sabemos, no se alcanzó. Conviene poner de relieve la riqueza de los debates y la estupenda confluencia de ideas que surgieron en el mundo a fines del siglo XVIII y principios del XIX, y que terminaron recalando en nuestras provincias y, particularmente, en el Congreso de Tucumán, que luego se trasladó a Buenos Aires.
A lo largo del texto queda a la vista que todos buscaban la legitimación de un nuevo gobierno. En general, en la enseñanza de la historia se insiste más con las batallas...
Esa es una de las claves del texto, porque expresa una inquietud que yo había planteado también en otros libros, "La tradición republicana" y "La libertad política y su historia". Siempre he tratado de mostrar e interpretar la fricción y el contraste entre la palabra y la acción. Las ideas expresan la búsqueda de legitimidad, aunque los escenarios bélicos cuestionan constantemente esta búsqueda que, a pesar de todo, mantiene su riqueza sumamente atractiva. Lo que busca en ese período la Argentina, una Argentina que está en pañales, que aún no existe como país, es una forma de legitimación, no solo del Estado que surge, sino del gobierno que ha de ponerlo en acción.
El abordaje de la cuestión monárquica cambia la perspectiva, ya que se trata de encontrar una garantía de unidad y estabilidad... No se piensa en volver a tener un rey ni de una ilusión antirrepublicana...
Los años que transcurren entre 1816 y 1820 son el período de la restauración monárquica tras la caída de Napoleón en Waterloo. Esta restauración es un hecho rotundo y decisivo. La crisis española había provocado que, en 1808, la monarquía pareciera algo del pasado. Sobre esa certeza se forma la primera junta de gobierno en 1810. En apenas cinco o seis años, la restauración monárquica en Europa regresa en triunfo y modifica el escenario. La búsqueda de legitimación del Estado y del gobierno lleva a muchos hombres de principios republicanos a pensar en una monarquía, que de ninguna manera está pensada en términos de monarquía absolutista. Allí se explica el cambio de perspectiva en una figura notoria de la época, que es Manuel Belgrano. No están pensando en la monarquía absoluta, que en ese momento, en España, con el retorno y la sed de venganza de Fernando VII, resonaba con ecos sumamente reaccionarios. Se piensa en una monarquía constitucional que debía preservar dos cuestiones fundamentales: la independencia declarada en 1816 y el respeto irrestricto por libertades y derechos fundamentales, que ninguna constitución podría abolir. Muchos de los congresales contemplaban esta posibilidad y otros, desde el principio, se pronunciaban por el sistema republicano. Fue un debate riquísimo en el que, finalmente, al cabo de treinta años, prevaleció esta idea.
Otras definiciones sobre Güemes
“Estaba convencido de que lo prioritario era la unidad territorial de estas provincias, que se unían y se desunían”
"Representa mucho más que el perfil de caudillo federal que se le asigna. Es un defensor de la Constitución de 1819”
“Es una figura muy importante que trasciende la imagen del héroe gaucho, de soldado de la frontera”
“Es decisivo desde el punto de vista institucional por esa idea de unidad territorial y construcción del Estado”

Usted hace referencia al debate entre tres conceptos, república, monarquía y aristocracia, que para nosotros sonaría anacrónico, pero que en ese momento era una búsqueda de organización, tratando de evitar la división y la anarquía.
El problema que afrontan en ese momento lo expresa muy bien Martín Miguel de Güemes, que estaba convencido de que lo prioritario era la unidad territorial de estas provincias, que se unían y se desunían. Por eso Güemes representa mucho más que el perfil de caudillo federal que se le asigna. Es un firme defensor de la Constitución unitaria de 1819. Está convencido de que sobre la unidad de ese territorio, de cuya defensa él se ocupa en el norte, hay que construir el nuevo estado y, sobre esto, un régimen político. Esa es la prioridad. Busca una unidad “para la paz y para la guerra”. Por eso convoca en abril de 1819, desde el campo de Castañares, el escenario de la batalla de Salta, a los representantes que deberán participar de la Constitución unitaria que apoya denodadamente.
Este año se ha logrado, más que un feriado, un reconocimiento a Güemes.
Es una figura importantísima que trasciende la imagen del héroe gaucho, de soldado de la frontera, algo romántico, creada por Leopoldo Lugones. No se lo suele ver en su exacta dimensión. Güemes es decisivo desde el punto de vista institucional, a nivel nacional, por esa idea de unidad territorial y construcción del Estado. Entiende claramente a la Constitución de 1819 como un punto de apoyo, por precario que fuere, para construir esa unidad que todavía estaba en ciernes.
Ya en ese momento se observa una tensión entre los gobiernos provinciales y las aspiraciones centralistas de Buenos Aires.
Hay una tensión muy fuerte entre Buenos Aires y el resto de las provincias con el Litoral y Córdoba, que está en el medio y no se sabe bien hacia dónde apunta. Cabrera, su representante en el Congreso, había estado en 1815 en el congreso de Artigas y la confederación de la Banda Oriental, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y el territorio de las Misiones. Pero en el proyecto 1816 a 1819, Buenos Aires no está solo. Además del respaldo de Güemes y del norte, no hay que ignorar, sino destacar enfáticamente el papel de Cuyo, desde donde San Martín preparaba su proyecto continental, el cruce de los Andes y el avance hacia Perú. Es notorio el desempeño de sus congresales, Fray Justo Santa María de Oro, y en especial Tomás Godoy Cruz, amigo y confidente de San Martín, que siempre se pronunció a favor del sistema republicano. Hay un triángulo muy fuerte, de Buenos Aires, Cuyo y el norte, en apoyo a la Independencia de 1816 y a la Constitución de 1819.
¿San Martín pudo haber sido el presidente de la primera república, pero opta por la campaña militar?
San Martín tiene una visión mucho más americanista, por eso no baja con el Ejército de los Andes para respaldar el proyecto de 1819 cuando estalla la rebelión del Litoral. Él tenía muy claro que el primer valor a defender era el emancipatorio, es decir, que había que consolidar la independencia y que si no se atacaba el corazón del imperio, en Perú, todo el proyecto independentista fracasaría. Creo que ahí no se equivocó. Esta decisión generó uno de los debates historiográficos más apasionantes en el siglo XIX, entre Bartolomé Mitre, que defendió la decisión de San Martín, y Vicente Fidel López, que la reprocha. Yo prefiero hacer historia sobre los hechos y no sobre lo que pudo haber sucedido. San Martín enfiló hacia el Perú en ese año tan paradigmático de 1820, el directorio cayó, y también cayó la Constitución de 1819. También se produce en España el levantamiento de Riego que era el oficial al mando de una gran expedición punitiva que iba a dirigirse al Río de la Plata para restablecer la monarquía absolutista. Un éxito, el de San Martín, y dos fracasos.
En el proceso de independencia hay un influjo de lo que venía ocurriendo en las colonias de América del Norte.
La palabra independencia adquiere significación universal en aquel momento. Universal, claro, en los ámbitos de Europa, América del Norte y América del Sur. Las colonias de América del Norte ofrecen una síntesis de república, independencia y federalismo. El congreso que delibera desde 1816 a 1820, debate entre república y monarquía y se inclina por la república; se pronuncia por la independencia y no entiende el federalismo.
¿Por qué?
Algunos miembros del Congreso entrevén el federalismo, pero pesa entonces una herencia de la tradición borbónica que se habían instalado en el Río de la Plata y que ve en el federalismo una conspiración contra el orden. Lo que se buscaba por entonces era unidad y orden. Y no estaba claro si los federalistas buscaban una confederación de estados o un estado federal como el que se instaló en Estados Unidos en 1787. Lo que termina sucediendo es un estallido de la unidad, una fragmentación y un concierto muy belicoso durante la década del treinta, entre provincias cuasi independientes que se dan sus propias constituciones pero que no cierran las posibilidades de llegar, en algún momento, a un congreso constituyente que restablezca la unidad.
Las frases
“Yo prefiero hacer historia sobre los hechos y no sobre lo que pudo haber sucedido”
“La Argentina tiene un momento de ascenso espectacular entre 1853 y 1860 hasta 1930”
“Hay culturas, en particular la Argentina, que tienen una tendencia favorable a la simplificación de la historia”
“Alberdi vio con clarividencia problemas y posibilidades del federalismo, las cuestiones fiscales del país”

Mirado desde Salta y desde el siglo XXI, ¿en qué cambia el sentido de la palabra “federalismo”? ¿Qué pasó con este país en estos 200 años?
La Argentina tiene un momento de ascenso espectacular entre 1853 y 1860 hasta 1930, cuando el golpe de Estado pone fin a la continuidad institucional que se había consolidado desde que Buenos Aires acató la Constitución de 1853, gracias a figuras extraordinarias como Justo José de Urquiza, Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda. El siglo XX registra la ruptura de una cadena virtuosa que acumuló legitimidad de las instituciones, con la consecuencia de un espiral de violencia que culmina en la época más sangrienta, siniestra y oscura, en los años setenta. La democracia, desde 1983, trae la esperanza de recomponer las instituciones. Ahora bien, ciertas continuidades en la historia argentina son ciertas. La dominación de Buenos Aires es muy fuerte, porque desde el comienzo, en aquella Argentina despoblada de 1816, aparece como una entidad urbana muy importante, con facilidades para la apertura al comercio exterior, ya que en ese momento el país era como un embudo que terminaba en el puerto, y Buenos Aires controlaba los impuestos provenientes de la aduana.
Usted pone de relieve la figura de Juan Bautista Alberdi. Cuesta imaginar hoy un nivel de compromiso político e intelectual similar.
Fue un gigante del pensamiento. El forma parte de la segunda generación fundadora de la Argentina y es un intelectual de enorme envergadura. Alberdi vio con clarividencia los problemas y las posibilidades del federalismo, las cuestiones fiscales del país y, junto con Sarmiento, la posibilidad de transformación de la Argentina a través de la incorporación de infraestructura y de educación pública. Eso es lo que ocurrió en esta Argentina, aunque ahora lamentablemente está en declinación, pero nada es inevitable en la historia y las posibilidades de cambio son tan fuertes como las de continuidad.

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German  Ruarte
German Ruarte · Hace 1 mes

ES VERDADERAMENTE RESCATABLE, LA VISION DEL AUTOR CON RESPETO A NUESTRO HEROE GAUCHO, MAS AUN CON BIBLIOGRAFIA COMO LA " TRADICION REPUBLICANA, Y LA LIBERTAD POLITICA Y SU HISTORIA ", PERO, PARA FESTEJAR NUESTRO BICENTENARIO DEL " CEPO ", Y LOGRAR NUESTRA INDEPENDENCIA, SE INVITO NADA MAS Y NADA MENOS, A UN REY DE ESPAÑA , Y MAS AUN DECIR QUE NUESTROS HEROES ,COMO GUEMES, SAN MARTIN , BELGRANO Y MUCHOS MAS QUE DEJARON SU SANGRE POR NUESTRA PATRIA , SENTIAN "ANGUSTIA ", ES DESCALIFICAR TOTALMENTE TODO EL HEROISMOS DE LOS MISMOS. PARA PENSAR "SEMEJANTE FALTA DE SENTIDO COMUN ".

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