Nelson Mandela

15-06-2013 -

Señor Director:

Este ilustre abogado sudafricano inicia su lucha contra el apartheid en el año 1944 cuando ingresa al Congreso Nacional Africano, organismo creado en defensa de derechos humanos y fundamentalmente para salvar la histórica postergación y asfixiante opresión de hombres y mujeres de la raza  negra.
Durante años imitó a Gandhi en el ejercicio de una pacífica política de protesta demandando igualdad, actitud que luego modificaría. 

Fue detenido y encarcelado en numerosas oportunidades, la última le llevó a 27 años de privación de la libertad que no modificaron su pensamiento, pero sí la forma de ver el futuro, afianzando una sociedad justa y de sana convivencia con los mismos actores causantes de tanto dolor. No existe otra manera.
Cuando es liberado, participa de la contienda electoral en el año 1994 en elecciones presidenciales, gana, y se convierte en el primer presidente negro de Sudáfrica.

Desde allí concreta una política de reconciliación nacional, convocando inmediatamente a la unidad despojado de todo rencor o revanchismo con sus viejos adversarios.

En el año 1993 había recibido junto a un hombre blanco y al que  luego elige como su vicepresidente, De Klerk, el Premio Novel de la Paz.

Es quizás el último líder que el mundo puede mostrar y de él, si se quiere, ¡hay tanto para aprender!
Hago esta referencia en voz alta pensando en nuestra realidad y  cual sería el mejor camino a transitar luego de tanto dolor por  vidas inicuamente tronchadas entre hermanos ¿El del perdón?, ¿Continuar avivando viejas heridas?, de ser así, ¿Hasta cuando?, ¿Esto nos ayuda en la construcción de una sociedad mas justa o destruye otra generación alimentada por el pasado?

Sufrimientos y muertes en la historia reciente nos convocaron y nos obligan a no cometer iguales errores, y sobre todo castigar a sus actores, pero, ¿No será hora de mirar hacia delante para trabajar el presente con fuerza, pensando en nuestros hijos? Debemos continuar. No es justo condenarnos a vivir en el recuerdo consumiendo tiempos, salud, y peor aun, la esperanza de un nuevo amanecer.

“El hombre es como el agua, cuando se detiene, se pudre”, que no nos pase esto, la existencia es demasiado corta como para hipotecarla en iras, odios, rencores, venganzas, que roban espacio y atención dañando al que lo padece.

Argentinos, tenemos por delante un nuevo día, invitémonos a la mesa de la concordia, dejemos ya el pasado en manos de quienes deben juzgar, pero dediquémoslo a lo que viene, a una vida de confraternidad, amistad, confianza, afectos, que luego será demasiado tarde para repensar con el tiempo agotado.

“Hagamos nuestra morada en el presente y esporádicamente viajemos al pasado, nunca al revés” (Del libro “El poder del ahora”) ¿No sería bueno poner esto en práctica?

Por último recordemos que: “La fe y el amor son la puerta de todos los milagros” y de una visión distinta del mundo, aún para aquellos que sufrieron el dolor de perdida tan irreparable.

José A. Menéndez, médico.

 

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