El hospital de cabecera no fue auditado recientemente ni observado en algún punto de manera pública por Proficcssa, el órgano de control. Pero las denuncias de su saturación y funcionamiento a tope, infringiendo las normas de salubridad más básicas, son constantes y sonantes, y vienen tanto desde las autoridades y profesionales del lugar como desde los mismos pacientes.
"No es fácil terminar con todo lo que nos solicitan en Proficcssa", dijo a este medio el gerente general del hospital San Bernardo, Hugo Sarmiento Villa, cuando fue consultado sobre si la institución contaba con las habilitaciones pertinentes.
"Se está frente a un hospital añejo, donde a consecuencia de sus años surgen muchas necesidades", dijo, y destacó cambios como el de la cañería de gas, la restauración de la calefacción y un depósito de residuos patológicos que desde este año cumple las normas de Proficcssa.
Sin embargo, las falencias todavía son innumerables. Un médico admitió que trabajan allí aún sabiendo que su salud y la de los pacientes corren peligro por las deficiencias de los equipos y del sistema en general.
"Sin ir más lejos, esta mañana hubo problemas en rayos, donde hay lugares con radiaciones por encima de lo que debieran ser", dijo el día de la entrevista con El Tribuno.
Recordó también que hay un quirófano aún no habilitado por Proficcssa, lo que les da "mucha incertidumbre" a la hora del trabajo .
"No hay un buen sistema de control epidemiológico, las habilitaciones son parciales y las falencias se ven. No puede haber un sistema de emergencia donde pacientes están en camillas o pasillos, sin enfermeros... La cantidad de cirugías programadas también aumenta la posibilidad de infecciones interhospitalarias porque son más días internación...", agregó.
También hay denuncias
Quienes deben ser atendidos en el hospital San Bernardo, si bien agradecen constantemente el trabajo de sus profesionales también manifiestan su preocupación por el estado del lugar.
Por medio de redes sociales y del WhatsApp de El Tribuno los lectores no ocultan su pesar por esta situación.
"Y bueno, la guardia sigue siendo la misma en cuanto a capacidad y personal desde hace varios años y la población crece a mil. Como dice un dicho, son muchos los diablos y poca el agua bendita", escribió Víctor Adrián Aguirre.
"Hacen lo que pueden enfermeras, personal de limpieza y médicos. Si se destinara dinero a salud y educación esto no estaría pasando", fue otra de las opiniones repetidas sobre la atención en el lugar.
"Las veces que llevaron cosas, los mismos pacientes se las robaban. Lamentablemente el hospital carece de todo, hasta de medicamentos, instrumentos, etc. Deberían ver cómo solucionar eso y tratar de cuidar lo que nos pertenece a todos", compartió el usuario Carol Cvitanic.

Sin seguridad, higiene ni gastos justificados
Desde hace años que los hospitales arrastran deficiencias que llegan hasta nuestros días. Las auditorías a hospitales de la provincia siguen revelando que estos no solamente no cumplen con algunos estándares mínimos de documentación, sino también de higiene, seguridad e, incluso, de contabilidad.
El Tribuno ya había descrito en un reciente informe las faltas que pesaban sobre los hospitales San Vicente de Paul y Francisco Herrera, a las que se suman ahora las de los hospitales Melchora Figueroa de Cornejo, de Rosario de la Frontera y Dr. Joaquín Castellanos, de General Güemes, recientemente publicadas por la Auditoría General de la Provincia.
En ambos casos el período auditado fue el año 2012 y ya se advertían de serias falencias, algunas de las cuales continúan.
Por ejemplo, en General Güemes no contaban con información sobre legajos y antecedentes de tres profesionales y no había planos de estructura sismorresistente ni habilitación del laboratorio. Además, no se dispone de vías diferenciadas para el acceso de materiales sucios y el egreso de materiales limpios; hay faltas de seguridad y ventilación en los consultorios; desprendimiento de cielorraso y falta de elementos en la Unidad de Terapia Intensiva, como preamplificador de presión arterial, cardiodesfribilador y sincronizador desfribilador, entre otros instrumentos. Se habla incluso de equipamiento "obsoleto e inadecuado".
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Imagen del hospital "Melchora Figueroa de Cornejo" de Rosario de la Frontera

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Imagen del hospital "Melchora Figueroa de Cornejo" de Rosario de la Frontera


Intervenciones y un millón de pesos injustificados
En el caso de Rosario de la Frontera, la auditoría revela también fallas similares pero hace hincapié en un verdadero descontrol en el aspecto contable y organizacional del hospital, al punto de que, entre aquel año y el presente, el nosocomio debió ser intervenido en dos ocasiones.
Entre otras falencias, en el año 2012 la auditoría concluyó que se emitieron cheques sin su correspondiente identificación con orden de pago por una suma cercana al millón de pesos. También hubo profesionales que realizaron guardias de especialidades médicas para las que no tenían títulos habilitantes. Una odontóloga hizo guardias en la Unidad de Terapia Intensiva y un traumatólogo en la de tocoginecología. Precisamente, sobre las guardias se constató también un exceso de horas pagadas.
Por otra parte, en cuanto a los servicios brindados, la auditoría determinó que en el lugar de trabajo no se cumplen las normas de control de infecciones hospitalarias, sobre todo en lo referido al uso y eliminación de residuos patológicos, ya que no contaban con un depósito diferenciado. La climatización es una gran falla también en el área de consultorios, de esterilización -que no sea realiza con óxido de etileno-, de farmacia y de quirófano.
Y para cerrar, la auditoría denunció que el hospital no tenía un sistema de seguridad para incendios ni de ningún tipo para el caso de una emergencia.

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