El cambio de ministro de Economía y el desdoblamiento de esta cartera en dos ministerios pone de manifiesto que el presidente Mauricio Macri modificó su estrategia buscando un cambio en las prioridades.
Desde una perspectiva política se observa que, quizá por un excesivo protagonismo y por cultivar un perfil alto que molestó al resto del equipo, a pesar de los logros obtenidos en su corta gestión tales como salir del cepo cambiario, la negociación con los holdouts, participación en conseguir empréstitos en el exterior, su interés por aumentar el consumo, contribuir a combatir la inflación y el récord de recaudación hasta la fecha de la Ley de Blanqueo de Capitales que vence recién en marzo de este año, Macri prefirió terminar con la figura de un ministro de Economía poderoso y seguir dividiendo esta cartera.
Recordemos que los últimos súper ministros, Domingo Cavallo y Roberto Lavagna, de alguna manera ejercieron en muchos temas económicos mayor protagonismo que sus presidentes.
Estos cambios revelan que el presidente Macri quiere ser el interlocutor válido y único en lo que se refiere a temas económicos.
El exministro Alfonso Prat Gay en sus alocuciones mencionaba que primero había que lograr el crecimiento de la economía y que él mismo mejoraría la situación fiscal; su sucesor, Nicolás Dujovne, anticipa que la prioridad será ordenar las cuentas públicas y que el recién creado Ministerio de Finanzas, a cargo de Luis Caputo, tendrá la misión de conseguir empréstitos para financiar el déficit fiscal.
Concretamente, ayudarán desde sus funciones a bajar el gasto público con la intención de disminuir el déficit del Estado y dar una señal de que en 2017 no habrá lugar para la flexibilidad como se observó en 2016.
En un año electoral no se anticipan ajustes con altos costos políticos y sociales; más bien buscarán darle previsibilidad con objetivos claros que deberán cumplirse tanto con los ingresos como los egresos en los próximos doce meses.
Un cambio de paradigma sería parte de esta nueva gestión, ya que el anterior ministro pensaba que el crecimiento de la economía es provocado por el aumento en el consumo generado desde el Gobierno, mientras que Dujovne cree que lo mejor que le puede pasar a un país es que baje el riesgo país, de esta manera se reduciría el costo de financiamiento y atraerá inversiones.
Recordemos que el "Riesgo País" mide el plus de aumento de la tasa de interés internacional que se le cobra a un país al solicitar préstamos.
Para entender un probable rumbo de la economía argentina quizá nos ayude el análisis de la política en materia fiscal implementada por Colombia, que muchos de nuestros funcionarios y técnicos están mirando con buenos ojos para adaptarla localmente.
Aquel país prioriza lo que llamamos la "regla fiscal" que el Gobierno toma de parámetro y que desarrolla su gestión en base a esta normativa.
Por ejemplo en Argentina la regla fiscal contempla en el presupuesto 2017 un déficit anual de 4,2 % del Producto Bruto Interno (que para este año se estima en US$ 5.000 millones); si se respeta esta pauta, no se gastaría más, este importe se congelaría a valores reales y el próximo año, con una economía en crecimiento como se espera y gastando igual monto, el porcentaje del déficit sería cada vez menor.
A este esquema lo podríamos llamar de "previsibilidad fiscal" ya que el déficit se iría cerrando gradualmente con una fuerte disciplina fiscal, que significa no gastar más de lo presupuestado.
Tras el cambio de gabinete, trascendió que se dará a conocer un plan de trabajo coordinado entre los ministerios de Hacienda y Finanzas mediante el cual se conocerá como será la reducción gradual del agujero fiscal, pensando que de esta manera se llegara al crecimiento de nuestra economía

Las prioridades de Dujovne
El nuevo ministro de Hacienda está considerado como técnico experimentado, razonable y sin aspiraciones políticas, diferente a las inocultables pretensiones de Prat Gay, con su accidentada relación con algunos colegas del gabinete.
La mayor preocupación de la gestión de Dujovne será reducir los gastos públicos; en segundo lugar, modificar o adaptar normas para generar mayores incentivos para la creación de fuentes de trabajo en la actividad privada y aumentar nuestras exportaciones, haciendo especial énfasis en temas como la alta presión tributaria especialmente al trabajo en relación de dependencia, el valor del dólar para ayudar a nuestros productos a ser competitivos, los altísimos costos del transporte interno y realizar las mejoras tan esperadas obras de infraestructura.
Entendiendo que el gasto presupuestado se hará más eficiente y que no se proyectan ajustes traumáticos, menos aún en este año electoral que se inicia, lo que sí puede ocurrir es que al gasto lo dejen congelado en una economía de crecimiento como la que se espera.
Con un criterio netamente pragmático, el ministro afirmó que el Gobierno no tendrá ningún tipo de problemas para conseguir financiamiento internacional y anticipó que si se observa un panorama externo complicado por los altos costos o la falta de fondos en los mercados, la solución podría estar en el recurso al Fondo Monetario Internacional, que puede ofrecernos tasas y condiciones más acomodadas

La historia nos enseña

La experiencia de querer bajar el gasto público en un año electoral nos recuerda la corta y fulminante gestión de Ricardo López Murphy, que el 19 de marzo del 2001, al cuarto día de anunciar un resistido plan de ajuste renunció, después de haber permanecido tan solo 15 días en el cargo.
En ese momento propuso reducir el gasto en aproximadamente un punto del PBI; las medidas eran demasiado fuertes con un alto costo político y social, las presiones de muchos sectores fueron tan altas que obligaron a dejar el cargo.
Después del proceso que siguió y terminó en la crisis de 2001, el gobierno de Eduardo Duhalde, primero, y la tarea que continuó Néstor Kirchner, desde el Ministerio de Economía, tras una gran devaluación se plantearon varios objetivos, entre los más importantes se destacaron un tipo de cambio competitivo, lograr el equilibrio fiscal y superávit en la cuenta corriente y bajar la inflación; ya en mayo de 2003 la inflación era del 3% y un crecimiento del 8% del PBI acompañaba a nuestra economía
Luego en 2007, Cristina Fernández, sin comunicar, cambia el modelo, ya no respeta los equilibrios macroeconómicos y se apoya exclusivamente en el consumo, esto trajo como consecuencia fuertes desequilibrios en estas variables e inflación en aumento, incremento de la pobreza y no generación de puestos de trabajo, entre otras cosas.

Tomar conciencia

Debemos tomar conciencia de que el hábito de gastar más de lo que recaudamos provoca distorsiones que deben solucionarse con devaluaciones, cepo, corralito, corralón, en fin, temas que los argentinos ya conocemos.
En los últimos cinco años, nuestra economía no creció y por supuesto las inversiones no fueron las necesarias, razones más que válidas para esperar ajustes quizá difíciles de llevar a cabo.
El marco social también será tema de preocupación, recordemos los altos niveles de pobreza, economía informal y desempleo en nuestro país, actualmente reducir el gasto y bajar la inflación no será fácil ni automático. Apostemos a que este cambio sea positivo por el bien de todos

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