Dicen que los procrastinadores tienen un lema: "Después del gusto que venga el susto". La palabra de tan difícil pronunciación, procrastinación, proviene del latín "pro" (hacia adelante, en favor de) y "crastinare" (mañana). Es decir, un hábito por el cual se posponen tareas que resultan ingratas y aburridas para hacerlas al día siguiente o para efectuarlas a último momento (a veces incluso después de concluido el plazo de entrega).

La procrastinación no es intencional ni controlable, sino que a la larga genera dolor, ansiedad y tristeza.

"Siempre antes de un parcial digo: 'Ya sé eso ¿para que lo voy a estudiar?', pero después me encuentro estudiando arriba de los colectivos e incluso antes de entrar al examen, pero como el resultado es más que positivo lo sigo haciendo y no sé si pueda dejar de hacerlo", le contó a El Tribuno Juan Salvador Giménez (21), estudiante de cuarto año de Ingeniería Civil.

Frecuentemente esta manera de proceder es típica de personas que, como Juan Salvador, confían mucho en sus dones. Si, además, en verdad poseen capacidades entrenadas para rendir al máximo y bajo presión es posible que el resultado sea la tarea entregada en el plazo establecido y con resultados óptimos. Esto le envía un mensaje erróneo al procrastinador, que observa indolente cómo ha obtenido una recompensa a su forma de trabajar a contrarreloj. Así reiterará su conducta, aunque esta conlleve ansiedad y problemas generalizados.

Las causas que pueden llevar a alguien a padecer de procrastinación son diversas y complejas. Hay personas que procrastinean como daño colateral de un estado depresivo, porque esta conduce a periodos de letargo. Otras, en cambio, son perfeccionistas y este defecto de su carácter las priva de realizar proyectos porque temen no poder llevarlos a cabo con tanta excelencia como desearían. También existe una baja tolerancia a la frustración que las impulsa a dejar las cosas de lado por miedo a sentirse desbordados. Otro perfil sería el de aquellos muy activos que disfrutan gestando ideas, pero que no pueden finalizarlas porque enseguida se distraen generando la siguiente y postergan así tareas por docenas que no tienen tiempo de completar.

"He puesto el despertador a las 4, 5 y 6 de la mañana para conseguir estar lista a tiempo. Y así es mi día, corro todo el tiempo, con un nivel de angustia y ansiedad extremos. Finalmente logro hacer las cosas a última hora y de alguna manera me autoengaño. Es un círculo vicioso del cual no he podido salir. Me siento culpable con mis hijas, que se han perdido un montón de actividades entretenidas y se han quedado en la casa, producto de mi atraso", se desahogó Julieta Choque (38), estudiante de Psicopedagogía, docente de Inglés y madre de tres hijas.

Las diferentes causas que favorecen el procrastinar tienen soluciones específicas, pero todas tenderán a un punto común: buscar motivaciones mayores y reducir inconvenientes para hacer frente a las tareas pospuestas. Según la psicóloga on line Ingrid Machado este trastorno se puede tratar desde la psicoterapia comportamental. "Todo comportamiento es aprendido durante la vida según nuestra interacción con el mundo. Aprendemos a comportarnos de determinadas maneras, volviendo de la postergación un hábito. A quienes sufren con los maleficios de la procrastinación, les tocará hacer un trabajo para entender qué los lleva a tal comportamiento, cuáles son las causas, identificar facilidades y dificultades en la realización de tareas, comprender los sentimientos involucrados en el proceso y trabajar para la adquisición de nuevos comportamientos más adecuados", señaló. Otra técnica constantemente utilizada es la fragmentación de las tareas en pequeños procesos, metas y objetivos, que normalmente son más fáciles de realizar y alcanzar que cuando se visualiza la tarea en su totalidad. Así se vencerá poco a poco el corolario de la Ley de Murphy: "Si no fuera por el último minuto, nada se haría".


El decálogo para superarla

1) Autoexamen de conciencia. Reflexioná acerca de cómo la procrastinación está afectando tu productividad y el desempeño de tus actividades diarias.

2) Gestioná de manera efectiva tu tiempo. Dividir una tarea compleja en varias más sencillas puede ser una manera de sobrellevar la carga de trabajo. Crea una línea del tiempo y asigna tiempos específicos y fechas límite a cada pequeña tarea.

3) Cambiá de perspectiva. Tratá de pensar en qué es lo que te apasiona hacer, cómo podés alcanzar tus objetivos y concentrate en ello.

4) Comprometete. No pierdas el tiempo pensando en que las tareas son demasiado complicadas o aburridas y, simplemente, ponete a hacerlas.

5) Trabajá en un ambiente productivo. Procurá que tu oficina tenga una buena iluminación y que los elementos en ella, una planta sobre el escritorio por ejemplo, te ayuden a crear un ambiente inspirador.

6) Las cosas se complican cuando trabajamos con conexión a internet, pues las distracciones se encuentran a un clic. Por lo menos evitá las redes sociales.

7) Superá los obstáculos. Aún cuando nos comprometemos, podrán aparecer obstáculos que nos impedirán cumplir nuestras metas. Así como puedes realizar una lista de tareas, creá una lista de posibles obstáculos que te encontrarás en el camino y una lista de posibles soluciones.

8) Aprendé constantemente. Si querés mejorar tu desempeño, aprendé todo lo que puedas. Tomá cursos, lee, especializate, estudiá un posgrado, experimentá y no tengas miedo de fallar.

Recompensá tu progreso. Creá un sistema de recompensas que te ayude a celebrar los logros alcanzados y pequeños castigos para cuando fallás en algo.

10. No seas tan duro. La clave está en balancear el tiempo para realizar todas las actividades del día y salir a tomar un café con amigos.

¿Qué te pareció esta noticia?

Aparecen

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora